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Valentín Bote, director de Randstad Research

“Desconectar no es solamente un derecho, sino algo positivo para la empresa”

Un 30% de los trabajadores no desconecta del trabajo en vacaciones, cuando estamos en el primer verano en que entra en vigor la ley de desconexión digital

| Archivo E3

Randstad ha realizado un estudio según el cual el 30% de los trabajadores no consigue desconectar del trabajo durante sus vacaciones. Los motivos principales son la incapacidad para desvincularse mentalmente de los temas laborales (49,1%) y que les contacten por teléfono en sus días libres (30,3%). El canal de comunicación más habitual entre empresa y empleado en vacaciones es Whatsapp (59,6%), seguido de llamadas telefónicas (51,3%) y correo electrónico (36,1%).

Este estudio resulta especialmente significativo hoy, ya que 2019, según el artículo 88 de la Ley de Protección de Datos, es el primer verano en que los trabajadores cuentan con el llamado derecho a la desconexión digital laboral: los jefes no pueden contactar con sus empleados fuera del horario de trabajo. Para analizar estas cuestiones, pudimos consultar a Valentín Bote, director de Randstad Research y profesor de Fundamentos del Análisis Económico en la Universidad Autónoma de Madrid.

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Valentín Bote, director de Rnadstad Research. | E3

-En primer lugar, y como cuestión previa ¿qué entendemos por desconexión total?

-Desconectar cuando estamos de vacaciones es necesario por una cuestión de salud. En este sentido, la idea es que nos olvidemos de los quehaceres profesionales, de tareas, de reuniones, de llamadas, y podamos poner toda nuestra atención, y todo nuestro cerebro, en cuestiones ajenas al trabajo, porque ese cambio es el que nos permite, cerebralmente, recuperar la energía. Por eso es importante que se pueda producir esta desconexión, y para ello es necesario que se cumplan al menos dos condiciones: primero, que seamos capaces de desvincularnos mentalmente de los temas laborales; y por otro, que no seamos sujetos de conexiones por parte de nuestro trabajo durante nuestro periodo de vacaciones.

-¿Cuánto tiempo es aconsejable estar de vacaciones?

-Creo que para mucha gente ya no es tan común eso que era tan corriente hace décadas de coger las vacaciones de un tirón y estar todo un mes de vacaciones, donde realmente se desconectaba bien. Ahora, el riesgo es que fragmentamos los periodos de vacaciones mucho, para repartirlos a lo largo del año, y corremos el riesgo de que un periodo relativamente corto no sea suficiente para desconectar. En este sentido, depende mucho de cada persona, de su capacidad para desconectar y de su actividad profesional, el que necesite más o menos tiempo. Pero lo que los datos nos ponen de manifiesto es que la gran mayoría de las personas que consiguen desconectar lo hacen en un plazo ligeramente inferior a una semana.

-El 30% de trabajadores que no lo consiguen, según ha anunciado Randstad, ¿son demasiados?

-Dado que lo óptimo es que todo el mundo consiga desconectar, porque es algo físicamente bueno, desde un punto de vista puramente biológico, que no lo consiga un 30% es una mala noticia, sin duda.

-Este es el primer verano con derecho a la desconexión digital, como recoge La Ley de Protección de Datos en su artículo 88. ¿Cree que se está teniendo en cuenta, o arrastramos una cultura o una costumbre diferente, que dificulta que esta ley se cumpla realmente?

-Claro, lo que sucede es que, como comentas, hay una norma muy reciente y frente a esa norma hay una cultura. Al final, esto lo que provoca es que haya un choque. Poco a poco, las empresas, los trabajadores, los compañeros, debemos terminar de cambiar la costumbre. Es un proceso lento, no de un día para otro, ni es en todas las empresas igual de rápido, sino que ese cambio se realiza paulatinamente, con un efecto de “mancha de aceite”. Pero cada vez es más importante el número de personas que disfruta de esa desconexión, y el respeto que se tiene socialmente en la empresa al deseo y a la necesidad de desconectar.

-Entiendo que al ser este el primer verano que está en vigor la ley, no llegaremos a sus máximos objetivos…

-Lógicamente. Además, hay que tener en cuenta que hay muchas razones por las que uno puede no llegar a desconectar por un contacto de la empresa sin que el artículo de la Ley aplique. Por ejemplo, si trabajamos en una empresa grande, siempre nos puede llamar un compañero que quiera saber si estamos de vacaciones. Es algo que “chafa” el momento, pero no vulnera ninguna ley.

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Valentín Bote. | E3

-Me parece que debe ser difícil aclarar en base a qué situación puede alguien plantear una queja formal y seria. ¿Puede poner algún ejemplo?

-No se puede generalizar. No se puede establecer un patrón claro, habría que tener en cuenta cada caso pero, sin duda, alguien que es constatado y sabido por todos que se va de vacaciones y tiene previsto que alguien se haga cargo de su trabajo, pero que de manera continuada reciba contactos para solucionar cuestiones relacionadas con él, sería un caso de manual. Lógicamente, en cuanto la cultura empresarial profundice en la asimilación de que este tipo de conductas no se pueden mantener, esta cuestiones serán anecdóticas.

-Las nuevas tecnologías y las redes sociales, ¿son un enemigo para la adecuada desconexión?

-Las tecnologías, como casi todo en la vida, tienen una parte positiva y otra negativa. En este caso, la parte negativa es que nos convierten en fácilmente accesibles, donde estemos y en el momento que estemos. Efectivamente, es muy fácil enviar un Whatsapp con una preguntita, pensando que en el fondo no va a pasar nada, que no le va a quitar tiempo…Pero en el fondo, no es tanto el tiempo como el efecto que provoca en la persona que está descansando. Vuelve a llevar el cerebro a un entorno de trabajo. Creo que las propias culturas empresariales, todas muy distintas entre sí, tienen que asimilarlo y aceptarlo. Probablemente, en muchas ya esté asimilado que a la gente en vacaciones hay que dejarla. Puede haber una causa de fuerza mayor y que no haya más remedio, pero en general creo que está muy asimilado en la mayor parte de las empresas que esto no puede hacerse de manera recurrente.

-Antes de la crisis, ¿era más fácil desconectar?

-Hemos podido ver que hay siempre una cierta proporción de personas que no terminan de lograrlo, al menos todo lo bien que se debería. Esto sucede ahora y sucedía también antes. La proporción puede ser un poco más alta o más baja cada año, pero nos encontramos de forma habitual en torno a un 30-35% de trabajadores que no han conseguido desconectar.

-Todo esto me suena a que se está empezando a fomentar el descanso como un valor productivo a la larga.

-Absolutamente. Una persona descansada trabaja de manera mucho más eficaz, comete menos errores. Esto sucede tanto dentro de un mismo día laborable, ya que no se trabaja igual las primeras dos o tres horas que cuando se llevan ocho o diez de manera ininterrumpida, como a lo largo de un año, cuando antes de las vacaciones ya se está con la lengua fuera. Sin duda, hay que pensar que desconectar no solamente es un derecho, sino algo positivo para la empresa. Que la plantilla esté con energía y con las pilas cargadas genera productividad. No es algo que debiera en absoluto obstaculizarse, sino todo lo contrario.

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