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Educación financiera, un proceso no consolidado y muy mejorable

Jefe de Secretaría de obra Social Caixa Ontinyent, entidad asociada a
Fundación Estudios Bursátiles y Financieros
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Hace prácticamente 15 años, la OCDE advertía sobre la conveniencia de que la educación financiera se integrara en el sistema docente y de que todos los ciudadanos recibieran una formación financiera adecuada. La reciente crisis ha puesto de manifiesto que, efectivamente, no estábamos preparados; que el nivel de cultura financiera sí que incide, y mucho, en nuestra calidad de vida; y que, con mejores conocimientos, se hubieran podido paliar muchos efectos de esa crisis.

Desde entonces se han impulsado diversos programas, públicos y privados, incluso en el sistema docente, bajo la idea, cierta, de que una buena educación financiera favorece una mejor asignación de recursos, reduce riesgos asociados a episodios de inestabilidad y contribuye al aumento del bienestar.

Sin embargo, a pesar de esas iniciativas, diversos estudios actualizados dejan en evidencia los resultados: según un informe publicado en 2018 por el Banco de España (BDE) y la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV), en España mantenemos un déficit generalizado de cultura financiera prácticamente en todos los segmentos de edad, nivel de estudios o incluso de renta; un déficit preocupante si, además, se compara con las medias internacionales.

La Comunitat Valenciana se halla, según este estudio, entre la media nacional, y un reciente estudio llevado a cabo por la Cátedra InnovatiOnt, respecto de la Vall d’Albaida, muestra que esta comarca, en gran parte rural, como muchas otras comarcas, se halla por debajo de la media.

Ese déficit tiene consecuencias para las familias y para las empresas: sobreendeudamientos, menor capacidad de ahorro, inversiones con mayor riesgo, inseguridad, escasa planificación del futuro… En definitiva, menor calidad de vida y desventaja frente a competidores.

Los mismos estudios muestran que somos conscientes de ese déficit y de sus consecuencias y que la gran mayoría de la población quiere mejorar. ¿Por qué no se está consiguiendo? ¿Acaso los programas de formación no llegan a los usuarios; no son efectivos; quizá no son suficientemente atractivos? Sea como sea, algo se nos escapa, algo no estamos haciendo del todo bien y, en todo caso, lo que estamos haciendo, seguro que es mejorable.

Exclusión financiera y social

Vivimos en un mundo en constante evolución, en el que tomamos decisiones cada día; decisiones con trascendencia para nuestras finanzas y, por tanto, para nuestro bienestar personal y para el general.

Y ese mundo avanza inexorable, trasladando más responsabilidades y riesgos a los consumidores, a través de un mercado financiero cada vez más global, diverso, complejo y tecnológico; de un entorno necesitado de alta dosis de seguridad y de autoprotección; de un mercado laboral no estable; y de un sistema de prestaciones sociales, especialmente jubilación, de difícil sostenibilidad y que ya reclama acciones adicionales de planificación propia por parte de los ciudadanos.

La evolución de la sociedad debe acompañarse de la del conocimiento y un conocimiento financiero básico es esencial para que las personas puedan avanzar al ritmo impuesto ya que, de no hacerlo, estarían en riesgo de exclusión. Y a nadie escapa que la exclusión financiera comporta la exclusión social.

Responsabilidad de todos

Cada etapa y circunstancias de la vida requieren una tipología específica de conocimientos financieros, en los que convergen:

>Un lenguaje financiero común, que permita la comunicación entre las personas como tales, como profesionales o como empresarios.

>Un conocimiento de los productos y servicios financieros, que permita apreciar sus ventajas e inconvenientes para decidir el más adecuado a nuestra necesidad concreta.

>Una sensibilidad al riesgo, que permita evaluar las consecuencias de cada decisión en distintos escenarios. Al igual que los códigos de conducta y las normas de convivencia que transmitimos de generación en generación, la cultura financiera es responsabilidad de todos y todos podemos contribuir a ella:

>Las familias pueden transmitir en su seno conceptos elementales de administración doméstica, compartiendo la gestión cotidiana y los proyectos más singulares, generando al tiempo ilusión en torno a su realización.

>Las empresas pueden ofrecer formación a sus directivos y empleados.

>El sistema docente puede acrecentar la cantidad y calidad de materias con contenidos financieros en sus programas curriculares.

>Las entidades financieras y los supervisores pueden asumir y desarrollar como ejercicio de responsabilidad, más que obligación, programas que faciliten el acceso de los ciudadanos, clientes o no, a los conocimientos financieros.

Finança’t, programa de educación financiera

Conscientes de la situación y de su responsabilidad, Caixa Ontinyent puso en marcha en 2016 su programa Finança’t, gratuito, en valenciano y en castellano, abierto a todas las personas de todas las edades.

El programa pivota sobre la web programafinancat.es, que dispone de documentación segmentada por edades y materias, información, herramientas, enlaces y noticias en constante actualización; tiene presencia en diversas redes sociales; desarrolla actividades presenciales para grupos y colectivos; e imparte cursos online. Como elementos diferenciales incorpora proximidad a las personas y adaptabilidad de sus actuaciones.

Cabe destacar, especialmente, la formación de formadores a través de los centros de profesores, la colaboración con centros docentes para actividades en primaria y secundaria y la introducción de los peques a los conocimientos financieros más elementales, mediante cuentos infantiles.

En definitiva, debemos tomar conciencia de que la cultura financiera es una herramienta imprescindible para afrontar el futuro, que nos concierne a todos y que todos podemos y debemos contribuir en pequeñas o grandes dosis y sin menoscabo de nuestras tareas cotidianas.

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