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Fin del clientelismo

Secretario General Técnico
Ayuntamiento de San Cristobal de la Laguna
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Decía (y dice) el maravilloso Reglamento de Servicios de las Corporaciones Locales de 1955 que “Las Corporaciones Locales podrán conceder subvenciones a Entidades, Organismos o particulares cuyos servicios o actividades complementen o suplan los atribuidos a la competencia local”. A esto le llamaba “acción de fomento”. El concepto sigue vivo pero quizá haya llegado el momento de replantearnos muy en serio qué es lo que debemos fomentar exactamente desde lo público. Qué y cómo.

En la gestión pública práctica todo esto se ha traducido en los últimos años en una carrera contra el crono, en la que se intentan hacer malabarismos con “bolos” tan heterogéneos como la ejecución presupuestaria, el procedimiento y el resto de requisitos recogidos en la citada ley, los lobbies, los intereses políticos, unas bases reguladoras normalmente farragosas y elaboradas mediante el sistema de “copiar y pegar”, la “necesidad” de meter con calzador unas cuantas subvenciones por concesión directa y, en el mejor de los casos, el Plan Estratégico de Subvenciones. Quizá haya llegado el momento de replantearnos el modelo clientelista, las viejas políticas públicas del café para todos (o café para algunos), y estudiar nuevas formas de subvencionar, o mejor dicho “de fomentar”, aquello que de veras la sociedad necesita que impulsemos desde las instituciones públicas: startups, I+D+I, tecnología, sectores innovadores, emprendimiento joven, iniciativas con componente medioambiental o social… Si de paso creamos trabajo, mejoramos la calidad de vida, e incluso no solo mejoramos las vidas de las personas sino que además las salvamos (sugiero lean algo sobre la aplicación de la nanotecnología a la medicina), no parece que este sea un mal plan ¿verdad?

Y todo ello pensado para y pensando mucho en determinados sectores sociales: por supuesto en los más necesitados, un abanico bastante amplio por desgracia, pero también, y en todo caso, en los más jóvenes: El futuro del mundo pende del aliento de los niños que van a la escuela. (El Talmud)

Este nuevo paradigma, que bien podría ser Smart City, como mínimo es “Smart”. Porque es inteligente, smart, construir un modelo basado en el emprendimiento sobre todo joven pero también “de segunda oportunidad”, por encima del viejo modelo del trabajo por cuenta ajena y de las ayudas que quedan fuera de cualquier estrategia. Desde luego España sigue siendo un estado social de Derecho, pero eso no significa que debamos dar siempre peces, sino más bien cañas para pescar. La mejor ayuda es la que no se necesita… Y es inteligente, como por otra parte hemos afirmado en cientos de ocasiones, utilizar los datos procedentes de distintas fuentes (sensores, smartphones…) de forma interna por parte de la Administración, y de forma externa (open data) para impulsar estos nuevos sectores. Y es inteligente (y muy lógico, no lo negarán) que el sector público compre innovación si es que se quiere fomentar la innovación.


Y es inteligente (y muy lógico, no lo negarán) que el sector público compre innovación si es que se quiere fomentar la innovación.

En consecuencia, quizá haya llegado el momento del open government, del open data, del open access, de la compra pública innovadora, de la asociación para la innovación, del I+D+I y de realizar inversiones que refuercen este tipo de políticas públicas: proyectos de sensorización de los inmuebles, infraestructuras y vías públicas; mejora de la red en general y de la conectividad 5G en particular; profesionalización de los departamentos de contratación para que puedan desarrollar los nuevos sistemas de compra; inversión en AI (inteligencia artificial); inversiones para la mejora de la educación (en conocimiento y en valores), de la sanidad y del deporte (que en realidad es la mezcla de educación y salud), etc… Inversiones que estimulen y desarrollen los sectores y los servicios que respondan a las principales necesidades de las personas, que sirvan para resolver nuestros problemas. Inversiones en todo caso estructurales, sólidas y con retorno (no necesariamente económico pero sí social, generador de valor público).

Hemos repetido varias veces aquello de “quizá haya llegado el momento”… Y es que, efectivamente, quizá haya llegado el momento de saber a qué jugamos, porque de otra manera no podremos jugar bien. Si juegas a baloncesto da igual lo bueno que seas con el pie. Quizá haya llegado el momento de saber a qué apostamos, porque si no no sabremos cuándo hemos ganado. Quizá haya llegado el momento de redefinir la Administración, de redirigir su acción, y de demostrar para qué sirve en el momento histórico presente a parte de para generar burocracia. En definitiva, quizá haya pasado la época de hacer política a través de las subvenciones. Algo está cambiando en la Administración, y en la gestión pública… Hay un elemento nuevo y no es la exactamente la tecnología: se llama inteligencia. Otros le llaman sentido común. Bienvenidos sean.

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