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Entrevista

Las pistas de baile arden con DJ Rubio

"El mundo del DJ se parece al del fútbol: igual que cada uno tiene un entrenador dentro, cada uno tiene un DJ dentro"

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DJ Rubio en una sesión en el Centre del Carme enmarcada en el Deleste Festival. | Foto: Archivo DJ Rubio

DJ Rubio no es amigo de andarse con rodeos: “Empecé igual que muchos, poniendo música en fiestas de amigos. Me di cuenta de que la gente se lo pasaba bien, y un buen día tuve la oportunidad de hacerlo en un local, el público también disfrutaba y eso es muy satisfactorio. Ver cómo disfruta la gente mola”. Le entrevisto porque seguro que no es tan sencillo como lo explica. Frecuenta las cabinas de los grandes templos rocanroleros de la ciudad: ha pinchado en el 16 Toneladas, Magazine, George Best y El Loco Club, entre otros, y en festivales como el Deleste, en su versión diurna celebrada el pasado otoño en el Centre del Carme.

Este sábado fallero, DJ Rubio tiene sesión de tardeo en El Víbora, la sala del barrio del Carmen de la que es DJ residente, de 18 a 22h; y el próximo lunes, en la Nit del Foc, desde la 1 de la madrugada hasta que no quede nadie vivo en la pista.

-Los DJ’s, ¿sois artistas o no?

-Sí, los DJ’s son artistas. A los que simplemente ponemos música en los locales, no creo que se nos pueda considerar artistas. No creamos nada, sólo hacemos que la gente se lo pase bien. Otros DJ’s sí que se suelen crear sus propias canciones. La cuestión es matizar entre lo que es poner música y ser DJ.

-Pero el término se usa indistintamente. Y a fin de cuentas, si el público ve en un cartel DJ Rubio, lo puede identificar con un determinado estilo.

-Pero yo no produzco música, ni tengo capacidad, ni busco hacerlo. Me limito a ofrecer mi propia cultura musical, que siempre ha girado alrededor del rock. A partir de ahí, mis sesiones pueden ser más garajeras, más punk, también pueden ser indies, pero mi etiqueta general es el rock.

DJ Rubio

| Archivo DJ Rubio

-Y, tras casi diez años, ¿crees que funcionas como reclamo?

-Sí, en El Víbora pasa mucho, hay gente que entra porque sabe que pincho yo, lo sé porque hay quien me lo dice. No es que me pidan autógrafos, pero me llama mucho la atención, y soy un poco reticente en este tema, que quieran entrar en la cabina para fotografiarse conmigo. Lo que se hace más a menudo es saludar, dar la mano porque les ha gustado alguna canción, chocar los cinco o el puño.

-¿Qué media de edad tienen tus bailongos? ¿Son viejóvenes, o jóvenes auténticos?

-El rock tiene muchas vertientes. La vertiente millenial del rock está un poco complicada a día de hoy. En general, mi público es más de rockeros a la antigua usanza. Hay una nueva oleada que es más indie que rock. En general, van desde los veintilargos o treinta hasta la gente mayor.

-Ese indie que has mencionado, y que sí que pinchas, ¿es el del movimiento que ahora se conoce como “los hijos de Los Planetas”?

-Sí, pincho bastante a La Plata, por ejemplo, que funcionan bastante. La industria musical no se porta muy bien con el rock, en el sentido clásico del término. Apenas salen grupos nuevos que sean realmente buenos.

-Entonces, el momento clave de tus pinchadas para que la gente se venga arriba, ¿es recurrir a los clásicos?

-Sí. Tirar desde los 80, sobre todo finales de los 90 y principios de los 2000, es lo que más hace reaccionar al público, incluso aunque no hayan cumplido treinta años.

-¿Singularizas cada sesión? ¿Sabes por dónde vas a empezar y a acabar?

-Las improviso todas, de principio a fin. Sé que en el sector hay mucha gente que va con su playlist en el bolsillo y no se sale de ahí. Yo eso no lo hago, prefiero estar atento a que la gente se lo esté pasando bien. Puede ser que en la sesión anterior pinchase dos canciones que triunfaron, pero en la siguiente esas mismas canciones aburran.

-Supongo que hay que ser un poco psicólogo y diagnosticar el ambiente.

-Hay que observar si se está bailando, si la gente está acudiendo en masa a la barra…Nos situamos en sitios donde podemos ver el local prácticamente entero, y se puede controlar bastante bien.

-¿Y qué haces con las peticiones del público? ¿Son la tortura del DJ?

-Es la gran tortura. Hombre, hay maneras de pedir las cosas. Los “¡oye tú!”, los “¡ponme!”…El mundo del DJ es se parece al del fútbol, en el sentido de que cada uno tiene un entrenador dentro, y cada uno tiene un DJ dentro. Muchos creen que la mejor canción que puede sonar en un determinado momento es la que a ellos les apetece escuchar. Y puede que en algunos momentos incluso tengan razón, pero nosotros trabajamos para que la gente lo pase bien. Hay quien lo lleva mejor y quien lo lleva peor, pero sí, el gran drama de esto es que se te pasen la noche pidiendo canciones. No somos gramolas. Como improviso todas las sesiones, necesito concentrarme entre canción y canción para decidir qué es lo que voy a poner después, intento encajar ritmos. Si estoy en un estilo punk, no pega poner un Elvis en ese momento o un Queen. No digo que no puedan sonar, según cómo vaya, a lo mejor sí puedo llegar a Queen y ponerlo, pero no como exigencia en el momento.

DJ Rubio

| Archivo DJ Rubio

-Entonces, aunque no tengas una ruta prefijada para cada sesión, al final sí que ha habido, por decirlo así, un “relato” musical…Puede depender de tu estado de ánimo, de cómo hayas sentido el ambiente…

-También influye lo que los dueños del local quieran que suene. Pero cuando las hago a mi estilo, dejándome llevar y la gente se lo pasa bien, todo es perfecto. Una sesión redonda es en la que suenan grandes éxitos, aunque los hayamos oído millones de veces, de AC/DC, Guns N’ Roses o Nirvana, que incluso puede que un día cualquiera los pongan en la radio y cambies de emisora, pero que un sábado por la noche sí apetecen, y en la que además se tenga la capacidad de poner novedades, música que te guste personalmente, pero que no corte el ambiente de baile y buen rollo.

-Con lo cual, llegamos al meollo de la cuestión: uno, por mucho que sepa de música, no puede hacerse DJ así como así, y menos hacer carrera…

-Creo que no. Si la gente no se lo está pasando bien tienes que reaccionar, no puedes seguir en la misma línea por cabezonería. Siempre es difícil empezar y que te den la primera oportunidad, y que te llamen para pinchar depende, lógicamente, de la experiencia, que sepan que llenas el local, que la gente se vaya contenta y que se haga dinero al final de la noche. Si no, no vuelven a llamar.

-La imagen del DJ con los vinilos dando vueltas parece que ha pasado casi a la historia. A ti siempre se te ve con algo que parece una mesa de mezclas.

-La tecnología ayuda bastante. Sigue habiendo puretas muy respetables que van con sus vinilos, pero a día de hoy no es necesario. Yo utilizo el ordenador. Y todos nos respetamos, no hay ningún problema con eso. Puede haber ciertas reticencias entre quienes hacemos sesiones más comerciales y quienes las hacen más underground. Pero no se puede hablar de piques, siempre hay buen rollo.

-Cuando pinchas en Fallas, ¿le tienes un poco de miedo al público? Lo digo porque la gente está más exaltada de lo normal…

-Hombre, miedo al público no le tengo. Pero es obvio que en Fallas el ambiente es más sobreexcitado. Eso se sabe y una parte de nuestro trabajo es interactuar con el público, procurando dejar claro que nosotros en ese momento estamos trabajando. Aunque parezca raro, porque me lo paso muy bien, estoy trabajando.

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