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Manuel Blasco es el gerente de la bodega

Carmelitano da el salto del producto clásico a las demandas del mercado

Las bodegas han mantenido la tradicional elaboración artesanal del licor a partir de hierbas recogidas en el entorno del Desert de les Palmes

Manuel Blasco en la bodega de Carmelitano. | Imagen: Antonio Pradas

El gerente de Carmelitano, SAU, Manuel Blasco, es el depositario de una tradición licorera iniciada en el siglo XIX por la comunidad carmelita y el fraile Antonio de Jesús. Él fue el primer maestro destilador de unas bodegas que han mantenido la tradicional elaboración artesanal del licor Carmelitano, a partir de hierbas recogidas en el entorno del Desert de les Palmes. En estos más de cien años, ha cambiado la comercialización del licor y la configuración de la empresa, que ha pasado de manos de los monjes a una sociedad que explota la marca y la bodega, tras un acuerdo con la orden Carmelita que mantiene la titularidad del edificio que acoge la bodega y una tienda-museo. Un negocio que genera unas ventas anuales de 350.000 euros.

Para Manuel Blasco, gerente de Carmelitano, apenas han cambiado los utensilios ni la técnica de elaboración del licor. La comercialización del producto ha tenido que adaptarse a las normativas legales y a las tendencias en un sector que es de los primeros que sufre las crisis económicas. De ahí que, además del Carmelitano, se han ido incorporando al catálogo de productos entre los que ocupa un lugar el vino de misa. Producto que ha llamado la atención de un empresario vietnamita que ha realizado ya una primera importación y repetirá.

Manuel Blasco lleva ya 27 años trabajando en las bodegas y ha recibido la fórmula para destilar el licor en los mismos alambiques que adquirieron los Carmelitas para comenzar la producción. Eso le hace hablar con orgullo de los inicios de este negocio. “Carmelitano es heredera de una tradición secular, que se remonta al 15 de octubre de 1896, cuando los padres Carmelitas habilitaron la bodega en los sótanos del monasterio, en el Desert de les Palmes, para fabricar el licor carmelitano con unos alambiques que eran punteros en aquel tiempo. Pasados unos años y por necesidades logísticas, en 1912, los frailes trasladan la bodega al pueblo de Benicàssim para estar más cerca de punto de distribución”.

Sin embargo, no se puede entender la historia de la fabricación de este licor sin conocer el contexto en el que se gestó. Y es que, relata Blasco, “el origen de la fabricación del licor está vinculado a la vida en el monasterio. De hecho, cuando los frailes dieron el paso de montar la bodega original coincidió con una época en la que tenían muchos novicios. Entonces, el fraile Antonio Jesús de María, que se dedicaba al estudio de las hierbas aromáticas, pensó en producir y comercializar un licor elaborado a partir de las recogidas en el Desert, para así poder sufragar los gastos del mantenimiento de los novicios. Ahí empieza la producción y la historia de nuestra empresa”.


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