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M. Guillén: “Solo ven que soy mujer y no aprecian mi trabajo como ingeniera”

Florida Universitària quedó subcampeona en MotoStudent 2018 y Marina, la única mujer del equipo, nos cuenta la experiencia de fabricar una moto de cero

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Marina Guillén, integrante del equipo de Florida Universitèria, controla los parámetros de la moto

El equipo de ingenieros mecánicos y electrónicos de Florida Universitària ha quedado subcampeón en Motostudent 2018, un campeonato internacional entre universidades donde los pilotos conducen motos fabricadas íntegramente por estudiantes. Economía 3 ha podido hablar con Marina Guillén y Toni Blasco, dos de los integrantes del equipo valenciano, para conocer cómo consiguieron la segunda posición, una victoria contra todo pronóstico a causa de varios fallos técnicos. Una historia apasionante de esfuerzo y persistencia.

Un grupo de nueve estudiantes de ingeniería fabricando una moto, ¿cómo habéis afrontado este reto?

-Toni Blasco: Ha sido un proceso largo y en el que hemos trabajado muy duro. Hemos fabricado la moto de cero, la diseñamos entera. Sin embargo hemos comprado piezas que no valía la pena fabricar por el coste, por ejemplo, los manillares de la moto, las tijas, etc.

-Marina Guillén: Además, la competición nos exigía crear un proyecto completo, no solamente fabricar una moto y competir. Había dos fases: MS1 y MS2. La primera englobaba todo el plan industrial, el diseño y los cálculos previos; y el MS2 era la fase en la que comprobábamos los resultados de la moto, si era competitiva, si rendía al nivel esperado o no. Dentro de la competición también reclamaban que en el MS1 la moto prototipo tuviera un precio final ficticio que rondase los 5.000 euros. Y, en el escenario real, tampoco podíamos superar nuestro propio presupuesto, que era de 12.000 euros y hemos tenido que jugar con el patrocinio.

Ha sido una experiencia de total autoaprendizaje, hemos tenido que buscarnos la vida para aprender a hacerlo todo desde cero. Nunca habíamos elaborado un plan de negocio ni un plan industrial, nunca. Sabíamos lo que habíamos aprendido en clase. Por parte de los profesores hemos recibido una ayuda especial de Ximo Lluch y de Santi Muñoz, el jefe de taller, y estamos especialmente agradecidos a Jaume Llorca, que confió en el equipo desde el principio. Pero sí, nuestra falta de experiencia nos hizo dar muchos pasos en falso.

-¿Qué tipo de pasos en falso habéis dado?

– M.G.: Nuestra moto se llama FMT-1841, y el 41 es porque hicimos 41 modificaciones en el diseño del chasis. En realidad sabemos que no son pasos en falso porque nos sirvió para aprender, pero son 41 modificaciones sobre un solo diseño previo a la fabricación.

-T.B: Hicimos y rehicimos pasos muchas veces. También tuvimos algunos fallos de montaje, por ejemplo, en las estriberas, en el soporte, que uno el chasis delantero con el basculante. Incorporaba un soporte para el reposapiés que tenía que medir unas distancias y tener tres posiciones. Nos equivocamos y no había forma de moverlo, lo solucionamos con una sencilla pletina de acero, pero fue un fallo de novatos. Pero sin duda el momento más crítico fue cuando se incendió el cableado a tres días de la competición.

-¿Cómo una moto incendiada pudo quedar subcampeona?

-M.G: La competición empezaba el miércoles, pero llegamos a Alcañiz el domingo porque todavía no habíamos rodado con nuestra moto, no sabíamos si iba a funcionar o no. La primera tanda fue bien, en la segunda tanda la moto nos cortaba, no hacía kilómetros. El piloto, Adrián Esparza, salía, daba una vuelta y volvía.

-T.B: Teníamos un problema y no lo lo localizábamos. Con este panorama, se nos quemó todo el cableado y lo tuvimos que reconstruir. Tuvimos que desmontar la moto entera e incluso nos planteamos sacar el motor, pero hubo consenso en que no era un fallo del motor, sino de alguna pieza mecánica que le afectaba directamente. Decidimos que había que hacer algo y había que hacerlo ya, y la desmontamos entera a las diez de la noche del miércoles. Y el jueves por la mañana empezaban las primeras pruebas. Nos dimos cuenta de que le faltaba gasolina al motor y limpiamos los inyectores, que estaban obstruidos, hicimos una prueba y seguía funcionando al 5% de su potencia. Probamos con otros inyectores y estuvimos cuatro personas del equipo trabajando toda la noche.

-M.G: Estuvieron casi 40 horas sin dormir, y hubo un compañero que estaba tan cansado que se durmió dentro del box con motos arrancadas y radiales trabajando. Pero contra todo pronóstico pasamos las verificaciones, la moto podía competir. Entonces empezaba la MS2, que eran pruebas de aceleración, gymkana y frenada. Volvimos con los resultados, habíamos quedado cuartos, quintos y cuartos. Empezamos con miedo, por si no podíamos acabar entre los quince primero y estábamos liderando la clasificación.

-T.B: Los primeros días éramos el hazme reír de los equipos más competitivos porque vieron que el cableado se nos había quemado y superarles fue una gran satisfacción. Por otra parte, como estábamos despuntando la organización nos sometió a un control exhaustivo y antes de cada prueba, aleatoriamente, venía un comisario y nos hacía desmontar la moto a ver si teníamos todo en orden. Las malas lenguas decían que el equipo que nos ganó, el de la Universidad Politécnica de Milán, tenía 180.000 euros de presupuesto, y nosotros partíamos de un presupuesto inicial de 12.000 euros que ampliamos a 16.000.

Marina y Toni están decididos a participar en la próxima edición de Motostudent, que será dentro de dos años. Así que estaremos atentos a los seguientes pasos del equipo subcampeón, que pronto comenzará el primer paso para la siguiente edición: la búsqueda de patrocinadores. Enhorabuena, campeones.

Adrián Esparza, el piloto del equipo, durante MotoStudent 2018

Ingeniera y amante del motor, ¿y qué?

– ¿Cómo es ser mujer en dos ámbitos tan estereotipados como el motociclismo y la ingeniería?

Marina Guillén: Cómo entré en el equipo es una historia muy ilustrativa. Cuando el equipo se empezó a formar me propusieron que me uniera yo también, pero ellos tenían unos conocimientos mecánicos que yo no tenía, no sabía si iba a ser útil ni productiva. Además, aunque muchos me animaban a formar parte del equipo, me llegaron comentarios de otros miembros que decían: “Métete, que una chica nos va a hacer quedar muy bien”. Y esa actitud me hacía dudar todavía más, no quería formar parte del equipo para hacerles quedar bien ni para quedarme mirando. Alberto, nuestro team leader, habló conmigo y me animó a que me trabajara y demostrara que podía ser útil. Hice una apuesta: si no aportaba nada útil en dos semanas me iba para no volver. Pero me impliqué mucho y me quedé. Sin embargo, he sentido la presión de tener que demostrar todo el tiempo mi profesionalidad.

La gente externa me dice “Qué valiente eres”. Pero soy valiente, ¿por qué? Estoy haciendo lo que me gusta, simplemente eso. Solo ven que soy mujer y no aprecian mi trabajo como ingeniera. Por otra parte, mis compañeras de carrera están muy contentas, aunque somos muy pocas: tres chicas entre casi 50 alumnos y en cursos inferiores la cifra todavía es más baja o incluso no hay.

-¿Qué está fallando en la sociedad para que muy pocas chicas cursen carreras técnicas?

M.G: Se habla mucho de mundos de hombres y mundo de mujeres, y es que no debería ni existir el concepto, vivimos en un mundo de personas y punto. Hace nada fui a comprar un regalo a una tienda de juguetes de una cadena muy conocida, el regalo era para mi prima, que le encantan los coches. Nada más entrar a la tienda indentifiqué rápido dos secciones: una toda rosa, llena de muñecos, cocinas, con imágenes solo de chicas en las cajas de los juguetes; en la rama más científica había coches, garajes, juegos de laboratorios y solo había niños en las imágenes. Vi un único juego, de cocinar, en el que salía un niño y una niña, uno en una tienda enorme. Me marché indignada y no compré nada.

Si me hubieran preguntado cuando era pequeña, nunca hubiera dicho que quería estudiar ingeniería mecánica, yo respondía bailarina, mi hermana peluquera… No veíamos otras opciones y las nuevas generaciones siguen reproduciendo este esquema. Es verdad que ahora hay muchas más mujeres en el ámbito científico, pero siguen siendo minoría. No podemos hacer movimiento a favor de la igualdad acuñando que las capacidades son las mismas y condicionar a las generaciones futuras.

Por ejemplo, Ana Carrasco ha hecho historia en motociclismo, ha sido la primera mujer en ganar un mundial de Supersport 300, y muchos medios no le han dedicado ni una línea, mientras otras noticias banales sobre la vida privada de ciertos futbolistas daban cuerda a muchos artículos. No hay visibilidad cuando se trata de mujeres.

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