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La nueva compañía revoluciona el concepto de moto-sharing

Llega Molo, la movilidad por suscripción sobre dos ruedas

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La movilidad en las ciudades ha cambiado de forma radical. El foco ya no está en la propiedad del vehículo, sino en su utilización. Y a ello hay que añadirle la creciente conciencia medioambiental de la sociedad.

Molo es una iniciativa empresarial de Paco Navarrés, ingeniero de Telecomunicaciones especializado en electrónica de formación y mecánico de motos por pasión.
La fusión de tecnología y mecánica está en el origen de su rompedora propuesta: un servicio de movilidad que supera el concepto de moto sharing.

Ante todo, servicio
“Nuestro concepto de moto sharing es mucho más completo -explica Navarrés-. Para empezar, nuestros vehículos son de la máxima calidad, de 125 cc., motos concebidas para un uso más intensivo, fabricadas en España, de la mayor calidad”.

la movilidadNavarrés reconoce que sus motos son mucho más costosas que las de otras compañías, pero que no pueden compararse en cuanto a calidad, lo que contribuye a la seguridad del usuario. “Para mí -afirma- es una obsesión, porque es el operador el que debe preocuparse por la seguridad del cliente”.

La diferencia no se reduce en las máquinas Silence. Son vehículos concebidos para transportar a dos personas con comodidad. Incluyen dos cascos y el usuario se despreocupa de todo lo demás: seguro, combustible, impuestos… Incluso, informa Navarrés, llevan un soporte y un puerto de carga para el móvil y hasta un colgador para el maletín: todo son ventajas.

José Manuel Donate, director general de Molo, añade un dato: casi todas las empresas de moto sharing están vinculadas a un fabricante con modelos de nivel medio-bajo. “Es una forma de comercializar su producción. Por el contrario, no estamos atados a ningún fabricante y podemos optar siempre por la máquina con mejores prestaciones. Con Silence existe una excelente relación que queremos mantener en el largo plazo para seguir creciendo y apostando a productos y servicio innovadores. Nuestro propósito es cambiar el concepto de propiedad”.

¿Cómo funciona el servicio? Con una aplicación, por supuesto. Una aplicación que localiza la moto más cercana, e indica el nivel de batería que tiene.

¿Más mejoras? Donate añade “el carenado que da una mayor sensación de seguridad. Además de la velocidad que alcanza, hasta 80 km/h, lo que la convierte en una alternativa muy atractiva para trayectos metropolitanos”.

El software de gestión de flota permite un control permanente de la ubicación y operatividad de las máquinas, de forma que el usuario siempre las encuentre cerca, limpias y con carga.

Las motocicletas están dotadas de una especie de caja negra que permite, en caso de accidente, localizar dónde se ha producido el impacto y en qué entorno “Incluso genera un informe pericial con valor probatorio de cómo se ha producido el incidente”, agrega Navarrés.

El sistema se completa con un servicio para atender de forma inmediata a los usuarios.

Disponibilidad por suscripción
Pero la innovación más llamativa es la oferta al usuario. Al contrario que otras empresas de moto sharing, Molo plantea un modelo de negocio basado en la suscripción. El pago de una cuota mensual muy asequible -9,90 euros al mes en el periodo de lanzamiento-, convierten a la empresa en una de las alternativas de movilidad económicamente más atractivas.

Para acceder al servicio se precisa un permiso de conducir válido, el DNI y una tarjeta de crédito.

Con la suscripción, como subraya el director de Estrategia, Tono Brusola, el usuario se despreocupa de todo lo que supone la propiedad del vehículo.

El usuario dispondrá de un servicio premium y, de hecho, comenzará con suscripciones limitadas para asegurar la calidad del servicio. Una lista de espera se abrirá hasta que la flota se incremente.

Las motocicletas de Molo –indica Stefanía Pasavento, responsable de Marketing–están disponibles desde el 17 de septiembre, después de un periodo de prueba entre usuarios que tendrán, de inicio, unas 150 máquinas que aumentan hasta 200 con el comienzo de la operativa real.

El objetivo de Molo es crecer en un primer momento -una vez probado el modelo en València, una capital con una gran cultura de moto- en otras ciudades españolas de tamaño medio.

Un proyecto ambicioso
Un proyecto que ha supuesto, hasta el momento, la inversión de 3,2 millones de euros que, básicamente, ha servido para la adquisición de los vehículos. Una compra financiada por inversores.

El próximo paso es la ampliación de capital de la sociedad en cinco millones de euros que se destinarán a incrementar la flota de vehículos y mejorar los sistemas de gestión y operaciones. El primer hito del lanzamiento -revela Donate– es llegar a unas 500 motos en València a final de año con el propósito de poner a disposición del usuario una máquina a una distancia asequible. “Si tratamos de ser una alternativa a la propiedad, la cercanía y la disponibilidad son claves”.

Un crecimiento muy rápido, pero como asegura Paco Navarrés -que puso en marcha la empresa hace poco más de un año- “en movilidad todo sucede muy rápido”. El salto al mercado nacional exigirá a Molo aumentar de forma exponencial la flota de motocicletas. El próximo año prevé llegar a un total de 6.000 máquinas operativas, con una inversión en torno a los 35 millones de euros.

Para ello, la sociedad ya está negociando con entidades financieras y compañías de inversión la obtención de recursos para la adquisición de activos. Según revela Donate, el plan de negocio está siendo muy bien acogido por la parte financiera.


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Del enfoque turístico a la movilidad sostenible

Molo es el desarrollo ambicioso de un proyecto más pequeño, Citengo.El servicio de Citengo se dividía en alquiler de motos a turistas y en moto sharing, dos pautas distintas. en las cuales el moto sharing se ha testeado profundamente para llegar a garantizar un servicio óptimo.

La primera experiencia fue adquirir un número limitado de motos y abrir dos puntos de alquiler en València: Mercado Central y Estación del Norte que cumplen perfectamente su cometido y que se mantendrán como tales. En el proceso, han servido para probar la calidad de los vehículos y testar su comportamiento.

La evolución en los conceptos de movilidad le impulsó a agrandar el proyecto, con una visión mucho más ambiciosa y centrada en proporcionar la mejor experiencia de usuario. Ya no se trata del cliente ocasional, sino de hacer del moto sharing un sistema habitual de movilidad, con clientes fijos. Así surge Molo, una idea de negocio escalable, capaz de traspasarse fácilmente a otras ciudades.

Expertos emprendedores

Paco Navarrés, padre de la criatura, ha tenido un apoyo excepcional en el desarrollo de Molo. Ha contado con dos auténticos expertos en poner en marcha start-ups con un considerable éxito.

Por un lado, tiene a su disposición la experiencia y conocimientos de José Manuel Donate, fundador de empresas como FreshDeal –una plataforma B2B para productos agrarios con oficinas en València y Nueva York, que acabará 2018 con 5.000 usuarios verificados y habrá intervenido en transacciones comerciales por valor de 75 millones de euros–, o fundador asociado del espacio empresarial Breakers Hub.

Una experiencia emprendedora que comparte con Tono Brusola, una de las personas más activas en impulsar la creación de nuevas iniciativas empresariales. Tras su paso por Tuenti, fundó la plataforma de crowdfunding inmobiliario Housers, para lanzar el pasado año la agencia inmobiliaria low cost LemonKey o la plataforma de gestión hipotecaria Hipoo.

Además de Molo, Brusola está inmerso en el .próximo lanzamiento de una nueva plataforma de servicios financieros, Fundsfy.

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