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‘Big data’ y Administración Tributaria

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Socio de Abogados y Asesores Fiscales
Auren
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El Plan de Control Tributario y Aduanero de 2018 nos sorprende este año con un anglicismo no frecuente en nuestra legislación tributaria y que, sin duda alguna, ha venido a quedarse: el big data. Es interesante leer este extracto tan significativo: “En 2018, continuarán las líneas de investigación iniciadas en años anteriores y se incorporarán otras nuevas. En particular, podemos destacar:
(…)
c) Nuevas tecnologías. Para mejorar la eficacia del uso de la información de que dispone la Agencia Tributaria se utilizarán nuevas técnicas de análisis de datos. Se desarrollarán nuevos modelos de detección de fraude basados tanto en técnicas analíticas como en el análisis de redes mediante técnicas de big data.”

La aplicación de las nuevas tecnologías de procesamiento y análisis masivo de datos por parte de la Agencia Tributaria implica un nuevo modelo de relación entre la Administración y el contribuyente, que no podemos obviar.

Nuevo entorno
Nos encontramos ante un nuevo entorno de información tributaria, que tiene una serie de características:
> La complejidad de los datos. Los datos ya no solo tienen un formato y volumen accesibles y procesable con cierta facilidad (small data); pasan a tener volumen extremo, con una amplia variedad de tipos de datos y con una velocidad de creación vertiginosa.
La teoría de las tres “v” generan un reto en la gestión de la información, el big data. Donde, además, no encontramos solamente información “estructurada” (filas y columnas), sino que toda la información “no estructurada” forma parte de la ecuación (imágenes, videos, contenido de redes sociales y webs, etc.), y todo debe analizarse junto si es posible.

>La variedad e integración de las fuentes de datos. Los datos de nuestras empresas y personales organizados tradicionalmente en bases de datos, se combinan ahora, para enriquecerse, con otras fuentes de datos, como datos del mercado (paneles, encuestas, registros públicos, …), así como con información pública no estructurada encontrada en las redes sociales, videos, imágenes, noticias de webs y, en nuestra opinión, hay que prestar especial atención a las fuentes de open data, como datos.gov.es, data.gov, data.europa.eu y muchas otras iniciativas internacionales, que facilitan el enriquecimiento de los datos y que podemos utilizar para mejorar nuestra información empresarial de manera fácilmente accesible.

>Una infraestructura y aplicaciones informáticas muy complejas, que soportan una cantidad de datos inimaginable, con unas capacidades de procesamiento y análisis de los datos al alcance solo de unos pocos, pero probablemente se irán popularizando con el desarrollo en el tiempo de servicios en la nube para el análisis complejo de datos.

Las Administraciones Tributarias de muchos países llevan tiempo invirtiendo en mejorar la información que disponen de sus contribuyentes y entorno, para obtener una mayor eficiencia en la recaudación de los ingresos públicos y en la lucha contra el fraude fiscal.

Es por ello que los datos de utilidad tributaria se han convertido en un activo esencial, y no solo en el ámbito nacional de cada país, sino con relevantes iniciativas internacionales para compartir la información financiera y fiscal en los últimos diez años, por no decir en los últimos cinco años.

Han tenido una evolución vertiginosa y, hoy en día, términos como CRS (Common Reporting Standard) y Facta (Foreign Account Tax Compliance Act), los encontramos en nuestro día a día en las relaciones con las entidades financieras, todo ello unido a la gran cantidad de convenios para evitar la doble imposición y facilitar el intercambio de información entre la mayoría de los países.

Tres tendencias
Estos cambios nos llevan a que los datos tributarios actuales tengan tres tendencias deseadas por todas las Administraciones: mayor disponibilidad, mayor cantidad y mayor inmediatez.

Con estas tendencias, la eficiencia de la comprobación tributaria, y el grado de automatización de esta, permite la detección de irregularidades o de infradeclaraciones con mayor rapidez y eficiencia, utilizando sistemas avanzados de análisis de datos para la selección de las muestras de contribuyentes y actividades, la creación de perfiles de riesgo fiscal, y establecer actuaciones de comprobaciones con mayor celeridad y precisión.

Según el informe del mes de marzo pasado de la Agencia Tributaria sobre los resultados del Plan de Control Tributario y Aduanero del año 2017, el Control de Grandes Patrimonios ha supuesto una liquidación de 332,8 millones de euros, y esto ha sido posible, según indica la misma Administración, gracias al “empleo de nuevas herramientas informáticas basadas en el uso intensivo de información a partir del big data”.

I’m data. Where I am?
Un nuevo reto aparece para los directores financieros y para los asesores fiscales, donde hay que plantearse si los datos de la empresa y del entorno fuera de la empresa tienen también trascendencia fiscal, y si su análisis con nuevas perspectivas y herramientas pueden reducir riesgos fiscales o detectar oportunidades de mejora en el ámbito fiscal.

Si somos datos, ¿cómo son nuestros datos?, ¿estamos en la media o en un extremo de ciertos parámetros por los que vamos a ser analizados? Parecen preguntas fuera de nuestro alcance por su complejidad. Pero pequeños pasos se pueden realizar al respecto con una baja inversión.

Por ejemplo, un primer paso a realizar podría ser un “benchmarking” de los estados financieros y declaraciones fiscales de la empresa, para compararlos con los datos medios de nuestro sector o de otros competidores, accediendo a fuentes de open data o market data, y obtener una primera visión sobre ciertos indicadores fiscales y de gestión, que además pueden ser de gran utilidad para la toma de otras decisiones en la empresa.

El camino esta iniciado y no podemos ignorar estas nuevas tendencias y herramientas tecnológicas.

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