La información económica de los líderes

Hacia un liderazgo ilusionante, aprendiendo continuamente

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Economista, abogado, business mentor, talent coach, profesor
Edem. Escuela de Empresarios
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Los procesos crecientes de transformación económica, demográfica, del perfil de los consumidores y el vertiginoso avance de la tecnología, entre otros factores, están ampliando las oportunidades de creación de valor en nuestra sociedad.

Si analizamos algunos de los cambios que ya vislumbramos, vemos que hacia 2050 un 70 % de la población estará establecida en grandes urbes, modificando absolutamente la forma en la que actualmente vivimos. Estas nuevas megaciudades, que tendrán más poder que muchos países, crecerán en un mundo que alcanzará la población de 10.000 millones de personas a finales de este siglo y, convertidas en ‘smart cities’ cada vez más interconectadas entre sí, serán polos de atracción de talento e inversión.

Otra tendencia socio-económica viene dada por el auge aún desregularizado de la economía colaborativa, que ya genera 3.500 millones de euros anuales, y que tiene como uno de sus mayores paradigmas los procesos de desintermediación financiera y fintech.

En este entorno, el mercado laboral no queda exento de las predicciones de diversas instituciones: por ejemplo, que el 47 % del empleo actual desaparecerá en un par de décadas (Universidad de Oxford); que el 25 % de los puestos de trabajo actuales serán sustituidos por robots en 2019 (consultora Forrester); que se podrían agregar hasta 28 billones de dólares al PIB mundial hasta 2025 con la equiparación de roles y salarios entre géneros (consultora McKinsey); y que 7 de cada 10 bebés de hoy trabajarán en profesiones que aún no existen (Banco Mundial).

Se anuncian así oportunidades sin precedentes para quienes apuesten por ‘e-renovarse’, por lanzarse a explorar y por liderar el cambio. Profesiones como analistas y programadores de internet de las cosas, especialistas en cambio climático y mix energético, científicos de datos, diseñadores de órganos, de redes neuronales robóticas y de inteligencia artificial, o chefs de impresión 3D son algunos ejemplos de los nuevos puestos de trabajo que se avecinan.

Ante este apasionante panorama surgen tres cuestiones que considero fundamentales para afrontar esta época de cambios: los valores y competencias que debe asumir un profesional; los nuevos modelos organizativos; y el rol de la formación.

Como predijo el economista John Kenneth Galbraith,si no piensas en tu porvenir, no lo tendrás”, y bien sea porque uno se sitúa por primera vez frente al mercado laboral, o bien sea porque sigue adaptándose al mismo, la primera y más importante recomendación es que descubrir nuestra verdadera pasión lo cambia todo, nos ayuda a estar en nuestro ‘focus vital’. Combinar acertadamente pasión, talento y oportunidad, junto a una actitud de aceptación natural del cambio con armonía y equilibrio mental, nos dan las claves en este sentido.

Mi propuesta de valores se basa en cuatro pilares básicos: la honestidad, el humanismo, la colaboración y la orientación de servicio (ver cuadro adjunto).

En cuanto a las competencias que son y serán más requeridas, identifico las siguientes: el autoconocimiento, la autodisciplina, la comunicación, la creatividad, la generación de negocio, la transformación de conflictos a través de la empatía, el trabajo en equipo y la capacidad de liderazgo integrador e ilusionante. Como vemos, la inteligencia emocional adquiere un rol fundamental.

Otro de los cambios sociales que estamos viviendo y que van a ir en aumento es la priorización de la flexibilidad y la conciliación ante el balance de la vida personal y la profesional.

Así, la forma de dirigir las empresas precisa, según mi criterio, adaptarse creando organizaciones cada vez más conscientes. Un nuevo sistema que debe tender a maximizar lo esencial en cada ser humano, dado que venimos a ser felices a este mundo. La empresa consciente ha de garantizar el ambiente y las herramientas para que cada individuo se conozca a sí mismo y encuentre qué lo mueve, y así luego la organización pueda actuar con esa información.

Según el investigador Frédéric Laloux, existen tres avances revolucionarios de las organizaciones:
– Autogestión: sistema basado en los compromisos entre los miembros de los equipos.
– Plenitud: acorde a nuestra verdadera naturaleza.
– Propósito evolutivo: los colaboradores se comprometen con aquello en lo que la organización desea convertirse.

En este escenario, la motivación de las personas y la capacidad de liderazgo individual son, cada vez más, factores diferenciales para alcanzar la excelencia empresarial.

Aprendizaje constante creando oportunidades
Finalmente, este escenario hace necesaria una formación cada vez más holística, fundada en valores y eminentemente práctica para promover las máximas oportunidades de desarrollo profesional. Una metodología que, después de mi larga experiencia como profesor en diversas instituciones, creo que es la adecuada para el siglo XXI y la que se está aplicando en estos momentos en Edem.

El sentido holístico implica un modelo formativo a nivel de competencias cognitivas, profesionales y emocionales, donde la curiosidad, tanto de formados como de formadores , es básica. La formación acompañará así al profesional durante toda su vida laboral, actualizándolo continuamente y preparándolo para poder afrontar con garantías las nuevas necesidades de un escenario cambiante

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