Ricardo Muñoz Suay, el hombre visible

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Berlanga, Ricardo Muñoz Suay y Nino Manfredi

El fundador de la Filmoteca Valenciana que hoy lleva su nombre, Ricardo Muñoz Suay, no fue precisamente el hombre invisible de la película dirigida por James Whale en 1933, sobre una novela del mítico H.G. Wells. Al contrario que el personaje de esta ficción, Muñoz Suay era precisamente un hombre que dejaba ver muy a las claras cuál era su voluntad y cuáles sus intenciones.

Nacido en Valencia en 1917, y fallecido también en su ciudad natal en 1997, su vida fue un viaje por el mundo del cine en el que hizo casi de todo. Trabajó como ayudante de dirección con su amigo Luis García Berlanga, igualmente valenciano, en una de sus películas más míticas: ‘¡Bienvenido Mister Marshall!’ (1953).

Esta comedia fue un verdadero golazo encajado contra la dictadura del general Franco, que o no vio, o no quiso ver, la crítica política que exponía con un gran sentido del humor. Antes, había colaborado como productor con el maestro Luis Buñuel en ‘Viridiana’ (1961), una de las obras mayores de la filmografía española, lo que le dio alas y reputación para el resto de su vida profesional.

Ricardo Muñoz Suay volvió a Valencia definitivamente en la década de los 80 del pasado siglo, traído por el conseller de Cultura, Ciprià Císcar, con el claro objetivo de crear la Filmoteca Valenciana, un lugar de estudio y exhibición del cine con ámbito internacional. Porque a Muñoz Suay no le tiraba el terruño de una manera pacata o cateta, sino como un lugar desde el que proyectarse al mundo y permitir que el mundo se proyectara en él.

Císcar, político hábil que buscaba buenos consejeros, no se equivocó, ya que Muñoz Suay era una verdadera agenda viva del mundo del cine, tanto español como extranjero.

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Con el respaldo implícito del conseller, tuvo que torear las ambiciones políticas y personales de no pocos lugareños.

En la Comunidad Valenciana nunca ha habido una industria dedicada a la producción cinematográfica y resultaba imposible inventarla del día a la mañana. Por eso, Muñoz Suay orientó su trabajo al estudio y proyección de películas de autores clásicos, muchas veces difíciles de visualizar en cines comerciales.

Con la confianza absoluta del conseller, y con sus propios reaños, hizo y deshizo lo que le pareció oportuno para construir una Filmoteca del más alto nivel europeo. Era un hombre de palabras claras y hechos seguros y no le temblaba el pulso a la hora de tomar decisiones. Tenía una vasta cultura gracias a la importante biblioteca que heredó de su padre, un ilustrado médico republicano, en donde se nutrió de los más grandes clásicos.

Una vez me comentó: “Aquí todo el mundo va dando palos de ciego, intentando colarnos sus historias, sin preocuparse nada más que de la propia historia y no de la forma de contarla, cuando la forma es tan importante como el fondo. No puede haber dicotomía en una buena obra de arte”.

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