El papel de la universidad en la Industria 4.0

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Los participantes en la mesa de debate también abordaron otras cuestiones como la llegada de la Industria 4.0 a las empresas y como estas se están enfrentando a dicho reto y, por otra parte, y desde el ámbito educativo, qué perfil profesional requere la industria digital.

Para Juan Morote, dicha cuestión va a depender de dos factores: del tamaño de la empresa y de la mentalidad del fundador de la compañía. “Hay empresas que se han adelantado a esa Industria 4.0, han comenzado a invertir en tecnología, están trabajando en proyectos de I+D y están esforzándose no solo en la reducción de gastos de personal sino en mejorar su productividad”. Sin embargo, “hay otras empresas que estan cómodas en su zona de confort y les cuesta mucho salir”.

Entonces, se preguntó Juan Morote, ¿qué papel juegan las universidades? A su juicio, “el problema reside en que tenemos que elaborar un producto con un título que hay que posicionar en el mercado y que los estudiantes deben reconocer y matricularse”.

Morote comentó que diversos agentes sociales le habían mostrado su preocupación porque estaban viendo que para muchos de sus profesionales, la Industria 4.0 es una materia ajena “mientras que en una gran parte del mundo ya es una realidad”, aclaró.

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Fernando Ibáñez, a pesar de compartir la visión del rector, matizó que “igual dentro de seis meses es completamente distinta”. En su opinión, no se puede innovar por innovar sobre todo en temas tecnológicos porque te puedes estrellar. “Emprendedores cuya empresa se basa en una tecnología concreta a veces no llegan ni a salir, porque si tardan en desarrollarla puede que ya haya algo nuevo en el mercado que las haya dejado atrás. Esta tesitura, desde un punto de vista empresarial, genera incertidumbre porque, muchas veces, la tecnología va muy por delante del propio mercado”. Para enfrentarse a esta situación, “la empresa necesita tener antenas en todas partes para saber por dónde va a soplar el viento”, explicó.

En esta misma línea, el responsable de Ética precisó que el mundo físico empieza a desaparecer en favor de un mundo virtual “donde todo es más rápido y automático y los clientes y el mercado esperan también una respuesta eficiente y veloz, situación que ha provocado cambios rápidos en algunos sectores como el del turismo y, dentro de él, el de las agencias de viaje y el ocio en general; o el financiero y bancario, cuyas estructuras son tan grandes que no pueden adaptarse a lo nuevo”.

En definitiva, matizó Ibáñez“van a haber nuevas oportunidades para nuevos jugadores y quien consiga adaptarse triunfará”. Pero, a su juicio el gran reto lo tienen  las empresas integradas por emigrantes digitales que “deberán esforzarse por sobrevivir ya que tendrán que enfrentarse a una competencia diferente a la que estaban acostumbrados”.

Al respecto, Fran Alapont subrayó que “la industria interconectada ya es una realidad en las grandes empresas -costes, producción reglada, reducción de stocks…- porque sino estarían fuera del mercado. Y lo mismo ocurre con sus proveedores, que se ven obligados a implantar la misma tecnología porque tienen que servir en el mismo plazo, etc.”. En cambio, Alapont ve complicado este paso por parte de las pymes pero, “con el tiempo será tan necesario como urgente si no quieren desaparecer”.

En cuanto a la economía colaborativa que ha nacido a raíz de la crisis, Alapont expuso que esta “ha ayudado a que muchos profesionales buscaran huecos en aquellos fallos del mercado que no estaban atendidos dando lugar a un mercado que ha crecido mucho pero no sé si dicho crecimiento se prolongará en el tiempo o será residual”.

Ante esta tesitura, Juan Morote apuntó que hace 25 años, las empresas de capitalización bursátil más importantes del mundo eran las petroleras; a fecha de septiembre de 2016, son AppleGoogleMicrosoftAmazonFacebook Berkshire Hathaway, ninguna de ellas fabrica nada, exceptuando Apple“Estas viven de manejar las tecnologías de la información y les queda un recorrido inmenso, no solamente en la industria, si no en aplicaciones para la vida ordinaria también”.

Para Ángela Pérez existe un rechazo cultural ya que “las industrias más tradicionales ven los avances tecnológicos como algo externo y piensan que ‘eso no van con ellos y que a su sector no le afecta’, mientras que en Imegen corremos por incorporar todo aquello que vemos que se hacen en diferentes países”

Al respecto, Fernando Ibáñez añadió que “hay un estilo de empresario que reacciona muy mal al cambio, sobre todo aquellos que han sobrevivido a la crisis y, además, no van a cambiar nunca porque han aprendido la lección de que quedándose como están continúan”.

En esta línea, Ibáñez consideró importante introducir otra cuestión como es el cambio generacional. “Con el paso del tiempo, los hijos de las empresas familiares son gente formada y están más abiertos al cambio y a las nuevas tecnologías y esta es la esperanza que tenemos de que las pymes se adapten a los nuevos tiempos”.

 

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