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Los institutos tecnológicos, claves para impulsar la innovación empresarial en la Comunitat

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La Comunidad Valenciana fue pionera hace 30 años en identificar la importancia de la innovación en el conjunto de políticas públicas orientadas a impulsar la modernización de un territorio, la competitividad de su tejido industrial y el progreso social. Entre otras medidas, se evidenció entonces la necesidad de crear una red de centros tecnológicos como elementos impulsores de la innovación en la pequeña y mediana empresa valenciana, que respondiesen a las particularidades y necesidades de los diferentes sectores empresariales y ayudasen a la vertebración territorial.

En la actualidad, hay un debate abierto en torno a la necesidad de una mejor articulación de los diferentes agentes que a lo largo de los años han ido jugando un papel en el impulso de la innovación en nuestra Comunitat, la función que cada uno de estos agentes debe desempeñar en el conjunto del tejido productivo y social y cómo conseguir que trabajen de forma coordinada, para lo cual las políticas públicas de vertebración del sistema son esenciales. 

Economía 3 ha reunido a algunos de los directores de los centros tecnológicos regionales y a la directora de la Red de Institutos Tecnológicos de la Comunidad Valenciana (Redit) para reflexionar sobre estos temas y, particularmente, sobre el papel que los centros tecnológicos deben jugar en el conjunto del Sistema de Innovación Valenciano. El debate, del que extraemos sus principales conclusiones, ha permitido analizar la situación actual y las posibilidades de futuro que se abren.

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2016-marzo-Mesa-Redit-Ainia-Sebastian-Subirats-02En opinión de Sebastián Subirats, director de Ainia, hasta el momento no existe un sistema valenciano de Ciencia, Tecnología e Innovación “articulado como tal. Existen elementos dentro de ese sistema –y señala a tres actores principales: empresas, universidades y centros públicos de I+D y centros tecnológicos– que tienen su propia dinámica pero que no responden a una política coordinada, que no dirigida, de innovación. Es decir, una política donde los principios de colaboración e intercambio sean sencillos y converjan”.

El director de Ainia defiende una estrategia coordinada para definir con mayor rigor los roles, las responsabilidades, y las herramientas necesarias para trabajar de manera armonizada porque de lo contrario, cada agente, desde su propia interpretación, marca su estrategia, pero la visión no deja de ser parcial y particular, con lo cual es difícil que sus expectativas e intereses ‘casen’ unos con otros”. Apuesta por un sistema de innovación regional pero con visión global “porque competimos en un mundo globalizado y ello ha de trasladarse a la misión y visión de los agentes del sistema”; y por buscar el conocimiento “allá donde esté, no solo en foros académicos, sino también industriales de todo el mundo. Esto es fundamental para que el conocimiento que generemos sea lo suficientemente próximo a la empresa para que esta lo ponga en valor, y lo suficientemente avanzado para que, al mismo tiempo, sea capaz de generarle, en un periodo relativamente próximo, un escenario mucho más competitivo del que tiene actualmente”, concreta.

2016-marzo-Mesa-Redit-Cristina-Del-Campo-02Por su parte Cristina Del Campo, directora de la Red de Institutos Tecnológicos de la Comunidad Valenciana (Redit) y en relación al papel de los centros como agentes de apoyo estratégicos para fomentar la innovación en las pymes, coincide con esta visión y explica cómo el modelo de centro tecnológico lleva implícito un equilibrio en el mix de ingresos, entre los que proceden de apoyos públicos “absolutamente necesarios para capitalizarnos en conocimiento y desarrollar esa I+D propia que nos sitúe entre cinco y diez años por delante de las necesidades y problemas de las empresas y los ingresos de origen privado (facturación a empresas por proyectos de I+D, ensayos, formación especializada…), que obliga al centro a estar ‘muy pegado’ a la realidad de las empresas. Este equilibrio es virtuoso y ha de mantenerse. Una sobrefinanciación pública nos despegaría del terreno y, lo contrario, una sobrefinanciación privada, puede llegar a descapitalizarnos en conocimiento”, sostiene. Los últimos datos consolidados en 2014 muestran este mix de ingresos, con un 59 % de ingresos privados (contratos con empresas) y un 41 % de apoyos públicos (fondos públicos competitivos regionales, nacionales y europeos).

La directora de Redit insiste en que el apoyo de la Administración a los agentes del sistema (no como un fin en sí mismos, sino como un medio para apoyar a las empresas y transferir conocimientos al sector productivo), es una constante presente en todos los sistemas de innovación. “En el País Vasco el porcentaje de apoyo público es del 49 %, muy similar al de Holanda y Francia, en Finlandia crece al 62 % y en Alemania al 63 %… Las regiones con las que competimos apoyan más a sus centros tecnológicos”, recalca.

Del Campo abunda en otra idea: la red de centros se concibió pensando en nuestro tejido empresarial, en el que resaltan tres características: el porcentaje de empresas de pequeño tamaño es superior a la media española; la mayor descentralización geográfica: “en un radio de 15 kilómetros alrededor de Barcelona se encuentran el 51,4% de las empresas catalanas, mientras que aquí necesitaríamos sumar hasta cinco áreas industriales para llegar a la mitad del tejido industrial”; y, en tercer lugar, la mayor diversificación sectorial: “el peso de nuestros tres primeros sectores representa el 49,8 % de la economía, mientras que en Cataluña y País Vasco supone el 61 % y en Navarra el 67 %. Realmente tenemos una red diseñada a medida del tejido industrial valenciano”, sentencia la directora de Redit.

2016-marzo-Mesa-Redit-ITC-Gustavo-Mallol-02Coincide el director de ITC, Gustavo Mallol en señalar como una “fortaleza” el que los institutos tecnológicos “hayamos sabido adaptarnos como un guante a las necesidades de la industria para ayudarla en sus procesos de innovación. En nuestro caso –continúa– que nacimos en Valencia con tres sedes dispersas, acabamos concentrándonos en Castellón donde se localiza el 98 % de la actividad productiva del sector cerámico”.

Mallol, valorando el papel del conjunto de actores del sistema de innovación, sostiene que son los centros integrados en Redit “los agentes más cercanos a la innovación aplicada y a la empresa que es, finalmente, la que materializa la innovación”.

Generar confianza

Para el director del Instituto de Tecnología Cerámica, “el estar tan pegados al tejido productivo nos permite ver que estamos en un momento en el que ha cesado la caída libre. Nuestro sector, por ejemplo, acumula ya crecimientos de en torno al 5 % en facturación”. Ahora “es necesario volver cuanto antes a ofrecer ayudas a fondo perdido para estimular la demanda e incentivar la innovación en la empresa”.

“Hace falta que la sociedad, las empresas y los propios institutos volvamos a retomar la confianza tanto en las instituciones públicas como en nosotros mismos, porque hemos sufrido recortes presupuestarios y retrasos en los pagos muy importantes que han minado la confianza y que, en nuestro caso, añadido a la fuerte caída del sector, han hecho que la actividad haya descendido a mínimos históricos”, señala Mallol.

“Los centros tecnológicos conocemos muy bien la realidad de la innovación en la pyme y podemos ayudar a la Administración a definir planes de apoyo a la I+D+i empresarial que respondan a las necesidades reales y demandas del tejido productivo, recuperando la confianza perdida en los últimos años en la financiación regional de apoyo a la innovación”, explica.

2016-marzo-Mesa-Redit-ITI-Laura-OlcinaLaura Olcina, directora gerente del Instituto Tecnológico de Informática, ITI, destaca que como partner tecnológico de las empresas, ITI orienta su misión a ayudarles a derribar las barreras que encuentran a la hora de innovar y mejorar su posicionamiento en el mercado. “En el caso de las TIC el nivel tecnológico que se requiere es muy alto, no estamos solamente anticipándonos a la demanda empresarial, estamos generando nuevos campos de interés, adelantándonos a necesidades que ni siquiera saben que tendrán, pero a las que será fundamental dar respuesta si quieren competir en un mundo globalizado”.

Olcina observa que las empresas por sí solas no pueden llegar a ese nivel de prospectiva, de proyección: “nosotros, gracias a estar posicionados en diferentes plataformas tecnológicas europeas y a pulsar constantemente el mercado y la industria en el ámbito internacional, vemos las tendencias que se generan y podemos ayudarles a escoger la tecnología más adecuada para que, finalmente, puedan cumplir con sus objetivos. Este tipo de actividad no es rentable para el centro tecnológico desde el punto de vista económico, pero sí tiene una rentabilidad social tremenda“, justifica.

Olcina cataloga la I+D como un ‘deporte de riesgo’. “Estamos continuamente analizando tendencias, generando conocimiento, tratando de hacer desarrollos de éxito y, a veces, hacemos apuestas que funcionan de manera espectacular –conseguimos sacar incluso patentes y licenciarlas– pero, otras veces, los resultados no son lo finalistas y rentables que esperábamos. El riesgo de la I+D siempre es alto y no es sostenible soportarlo de forma unilateral ni siquiera para los institutos y mucho menos para las pymes”.

Y todo ello teniendo en cuenta que ITI integra al 93 % de las empresas con capacidad de innovación del sector informático de la Comunidad Valenciana, “aunque cada vez se asocian más empresas tecnológicas, que sin pertenecer al 100 % al sector TIC mantienen intereses en este ámbito y cuentan con importantes departamentos de TI o con la vocación de crecer lo suficiente como para aprovechar el valor añadido que puede suponer nuestro trabajo. Y es que –continúa Olcina–, además de asumir el riesgo, llegamos a transferir prácticamente producto acabado que, en cuanto empieza a ser rentable, trasladamos a las empresas para llegar finalmente a mercado”.

Para Sebastián Subirats “si queremos estimular la integración y las alianzas habrá que financiar proyectos en cooperación, diferenciando asimismo si esa cooperación se realiza con empresas o con otros agentes, porque habrá proyectos más aplicables y otros que requerirán de un nivel de riesgo más alto, en los que habrá que buscar fórmulas diversas para implicar a la empresa”.

Asimismo, Subirats referencia las líneas que durante un tiempo puso en marcha la Administración valenciana que permitían que los tecnólogos de los centros tecnológicos pasasen estancias formándose en los centros de referencia mundial en sus especialidades, “ya que volvían con un bagaje intelectual muy alto, que mejoraba el Know How de nuestros centros y su transferencia posterior al tejido productivo”, animando a que se retomen este tipo de iniciativas.

“Las líneas estables de financiación pública –señala Subiratsson necesarias también para que podamos acometer planes de inversión en instalaciones y equipamientos avanzados, clave para impulsar el desarrollo de tecnologías acordes a las exigencias de la globalidad y que, por otra parte, ninguna pyme podrá acometer de manera individualizada”.

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