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Crisis económica y Banca Catalana

Por fortuna para él, Salvador Vilarrasa Sicra, fallecido en 1970 a los 80 años, no vio la crisis de la empresa que había fundado en 1922. En la historia de la caída de la poderosa firma maderera hay muchas leyendas sobre las desavenencias entre los cuatro hermanos –Juan, Salvador, Luis y Ventura Vilarrasa Alsina– y las cuatro cuñadas.

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Con todo, la crisis energética y financiera de los setenta y el radicalismo sindical de la transición, fueron decisivos en la desaparición de la firma, que suspendió pagos en marzo de 1981 y quedó inactiva el 17 de diciembre de ese año por decisión patronal.

En 1980 se había llegado a un Plan de Viabilidad, con un crédito estatal de 540 millones de pesetas. Pero Banca Catalana, accionista mayoritario de la empresa a través del Banco Industrial del Mediterráneo, se mostró inflexible a la hora de negociar los despidos de los trabajadores.

Doscientos de ellos pasaron semanas encerrados en el Ayuntamiento de Mislata como protesta, mientras los demás acudían cada mañana a una fábrica paralizada. En 1982 se consumó el cierre, que quedó diluido en la conflictiva etapa de cierres industriales que encabezó Altos Hornos del Mediterráneo (AHM).

 

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