La tecnología, el gran reto en la educación

Especialista TIC y e-commerce. ÁREA DIGITAL

2015-julio-opi-Alberto-Mendoza-Area-Digital“Mi hija Paula ya tiene móvil. Sí, ya está, el mes pasado se lo compré. Sólo tiene doce años, pero claro, era la única de sus amigas sin móvil, o al menos eso ha estado argumentando meses y meses. Ahora, se pasa todo el día con la vista pegada al teléfono y casi no conversamos en casa. Si responde a alguna de nuestras preguntas lo hace de mala gana y parece que todo su mundo está dentro del dichoso aparatito”.

Esto no es más que el extracto de la conversación que tenía hace unos días con un café de por medio, con un conocido, el cual me relataba resignado esta situación.

Está claro que la tecnología ha llegado para quedarse y lo que a muchos adultos nos supone un esfuerzo similar a escalar el Everest, para los llamados ‘millennials’ y para los nativos digitales, el uso (y abuso) de los dispositivos móviles es algo cotidiano.

No en vano es habitual la sorpresa de los padres cuando el niño de cinco años maneja la tableta como si lo hubiera hecho toda la vida. Cuando la edad del niño se acerca a la de un preadolescente es habitual encontrarse con situaciones menos manejables, parecidas a la que me relataba este conocido, siendo los padres los que debemos actuar en consecuencia.

No es suficiente reprimir ni limitar el uso del smartphone, con esto puede que lo que consigamos sea el efecto contrario al que se pretende, por aquello de lo tentador de lo prohibido. Es conveniente usar la tecnología del modo que nos gustaría que nuestros hijos la usaran, pues es sabido que los padres somos el espejo en el que inconscientemente se forja su carácter y actitud ante la vida. Si en el plano familiar este nuevo hábito tecnológico se ha convertido en un tema a tratar por padres y educadores, imagínese en un centro educativo con una alta penetracion de la tecnología en las aulas.

Todos estos avances están muy bien, la sociedad de la información, la integración de la tecnología en todas las disciplinas habidas y por haber, siendo algo primordial y necesario, como signo de los tiempos que corren, es el nuevo ‘establishment’.

Profesionalmente me dedico, entre otras cosas, a asesorar a algunos centros del sector educativo respecto a la implantación de las tecnologías en el aula. Es un trabajo que me apasiona y que vivo desde el punto de vista de padre, alumno y profesor. Quiero decir con esto que, obviamente, la tecnología es un punto de apoyo formidable para el sector educativo y que cualquier centro debería contemplar en su itinerario formativo la implantación, en mayor o menor medida, de estas comodidades tecnológicas para docentes y alumnos.

No obstante, en muchos casos se nos escapa que toda esta tecnología, sin una formación previa, puede convertirse en un enemigo del entorno educativo y, en lugar de ayudar en el día a día, pasará a ser un elemento que distorsionará la labor del profesor y el cometido del alumno. La línea que hay entre una buena y una mala implantación TIC es muy delgada y si además de una mala formación, añadimos un despiste en el diseño de alguna capa de seguridad o una dimensión errónea de las necesidades, tenemos suficientes ingredientes para poder tachar un proyecto de éxito o de fracaso.

Por desgracia, a menudo me tropiezo con casos de implantaciones defectuosas, o incluso (vamos a decirlo), desastrosas. Esfuerzo, dinero (y lo que es peor, tiempo) tirado directamente a la papelera, con la mejor intención de hacer las cosas bien, pero sin haber diseñado una infraestructura adecuada a las necesidades de seguridad y transmisión de la información.

Esto suele tener un efecto indirecto que es el rechazo de los alumnos, profesores y padres al uso de la tecnología, por no haberla podido poner en práctica en todo el curso o por los intermitentes fallos técnicos. O porque la formación se hizo con prisas y el profesor se hace un lío con los documentos que tiene almacenados en la dichosa nube. En esos momentos, muchos recreamos en nuestra mente la publicidad del centro, con los chavales en el aula manejando su flamante iPad, como digno y muy legítimo reclamo para mantener la reputación del centro y atraer nuevas matrículas.

En mi opinión, el uso de la tecnología debe ser algo ‘transparente’ en el aula y en todo el centro, algo cotidiano y que está pero que no se ve. No entorpece, sino que nos permite enseñar y aprender con velocidad y calidad. Está claro que el camino es este y hay que avanzar pero progresivamente y sin estridencias o excentricidades que no buscan el apoyo tecnológico sino más bien cierto postureo no justificable.

Desde el punto de vista técnico, la implantación con éxito de dispositivos en el aula y contenidos en línea, pasa por una buena planificación , eliminando el mayor número de capas de tecnología que sea posible. Un itinerario TIC con claras garantías de éxito debería constar al menos, de estas fases:

1. Revisión y adecuación de la infraestructura actual, optimizando costes.
2. Adecuación de la red informática al estado final del proyecto.
3. Formación a los profesores y personal administrativo.
4. Implantación de soluciones en la nube para la creación de contenidos educativos.
5. Uso en el aula de dispositivos móviles y contenidos por parte de los docentes.
6. Adecuación progresiva (por ciclos) a las nuevas tecnologías, avanzando curso a curso.

Si cumplimos correctamente al menos con los puntos 1 y 2, el proyecto será un éxito. En el punto uno es en el que acometemos el diseño de la infraestructura inalámbrica para adecuarla a las necesidades que el centro tendrá cuando el escenario sea el del punto 6, es decir, todas las aulas, todos los alumnos y profesores, haciendo uso, al mismo tiempo, de la tecnología en el aula.

En Área Digital realizamos proyectos de implantación Wifi con Aerohive, fabricante que ofrece soluciones inalámbricas orientadas al sector educativo, y con lo que además de obtener una potencia necesaria para el uso de la red wifi, conseguimos un control más que necesario de la misma, desde la capa base, para que la tecnología no sea nada más que el punto de apoyo en el que los docentes aprenderán a manejarse y en el que nuestros hijos progresarán, disfrutando del aprendizaje con esta nueva forma de educación

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