El corredor mediterráneo

2015-mayo-opi-CEU-Maria-Pilar-Garcia

Profesora del Departamento de Economía y Empresa. Universidad CEU Cardenal Herrera

 Los últimos datos sobre el crecimiento económico en España nos indican que, por fin, hemos alcanzado la deseada recuperación económica. En 2014 crecimos un 1,4 %. Las previsiones de crecimiento económico para este año son aún mucho mejores: un 2,8 % según el Banco de España, un 2,3 % según la Comisión Europea y un 2,5 % según el Fondo Monetario Internacional. Todos auguran un gran crecimiento de nuestra economía.

Buena parte de la recuperación económica que tuvimos en 2014 ha sido impulsada por una política monetaria expansiva por parte del Banco Central Europeo, que mantiene unos tipos de interés cercanos a cero y ha estado inyectando liquidez al sistema a base de comprar deuda pública y otros activos privados. Todo ello ha contribuido a que volviera a fluir el ansiado crédito. Y a esto hay que añadir la caída del precio del petróleo, que ha abaratado los costes de producción.

Sin embargo, ambos hechos son circunstanciales y dependen del exterior. Ahora toca hablar de economía real, de ver si efectivamente estamos preparados para salir de la crisis. Está claro que los factores externos nos ayudan, pero ¿qué pasa con nuestros factores internos y, en definitiva, con nuestras empresas, que, al fin y al cabo, son las que generan riqueza y empleo y de cuyo crecimiento depende el bienestar de las familias españolas? 

Tengamos en cuenta que el talón de Aquiles de nuestra economía sigue siendo el alto nivel de desempleo. Y, aunque, lógicamente se prevé que se vayan creando puestos de trabajo a medida que crezca nuestro Producto Interior Bruto, lo cierto es que actualmente nuestra tasa de desempleo sigue superando el 20 % y muchas familias aún no han podido notar esa recuperación económica. Y es que, en España, al igual que pudimos comprobar con la crisis del 92, cada vez que entramos en una crisis el empleo se dispara de manera exponencial.

Esta recuperación económica necesita cambios estructurales sustanciales para generar empleo y que dicho empleo sea de calidad. Durante los años previos a la crisis se hablaba de la baja productividad de los trabajadores españoles y la economía se sustentaba en sectores poco productivos. Pero ahora ¿se puede decir que haya cambiado esa tendencia? Sin una economía consistente nos encontramos ante una recuperación momentánea, cuya tendencia puede dar un giro en cualquier momento en cuanto varíen los factores externos.

Uno de los ejes fundamentales para crear un crecimiento económico sostenido, no sustentado en factores circunstanciales, es la inversión en educación y en capital humano. Dada la alta tasa de abandono escolar en España y los resultados de los informes Pisa, la educación en España es un tema a tratar en profundidad en otro artículo.

También hay muchas voces que reclaman, con gran acierto, una buena inversión en investigación y desarrollo. Pero hay otro factor de vital importancia y del que se oye hablar menos, que es el abandono que han sufrido los sectores industrial y agroalimentario los últimos años.

Claro está que, en un mundo globalizado, parte de la producción tiene que deslocalizarse y ubicarse en países con un coste laboral más barato. Para ser competitivos hay que buscar estrategias de internacionalización que nos permitan ser más eficientes. Pero, cuando se habla de internacionalización, no incluimos solo el comercio exterior de producción final (es decir, producción que va directamente a los consumidores últimos), sino que también hay que tener en cuenta la deslocalización de parte de la producción para que cada país (como decía Adam Smith) pueda especializarse en aquello en lo que tiene una ventaja comparativa. Y aquí es dónde resulta necesario tener unas buenas infraestructuras. Por ello, resulta sorprendente la escasa importancia que se da al corredor mediterráneo, ante la impotencia del empresario valenciano.

Ha habido grandes inversiones en infraestructuras los últimos 20 años priorizando la construcción de aeropuertos y líneas de alta velocidad, cuyas rentabilidades se están cuestionando ahora. Ejemplo de ello es el estudio realizado por Betancor y Llobet “Contabilidad Financiera y Social de la Alta Velocidad en España” en el que concluyen que “esas inversiones no son rentables ni para las empresas ni para la sociedad”.

Pero ¿qué ha pasado con el transporte de mercancías? El citado corredor es una pieza fundamental en un cambio de modelo económico y de internacionalización de la economía española. Supondría un gran ahorro energético y de costes de transporte cuyo resultado sería que nuestros productos fueran mucho más competitivos en este mundo globalizado.

Dicho corredor no afecta solo a los empresarios valencianos, sino a todo el sector empresarial español. Tengamos en cuenta que el Puerto de Valencia es el que más número de contenedores (destinados a importación y exportación) mueve de España. Por tanto, constituye un punto clave para el tejido empresarial español. Además, hay que tener en cuenta que el 80 % de las importaciones y el 60 % de las exportaciones en España llegan vía marítima.

No cabe duda de que el corredor constituiría un apoyo fundamental para mejorar la eficiencia de las empresas españolas y conseguir aumentar la competitividad.

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