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Internacionalización, la prioridad de Manuel Broseta

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Luis Trigo

Luis Trigo

– ¿Su nombramiento como socio-director significa que Manuel Broseta se retira de la primera línea de actividad? 

– En absoluto. Manuel sigue siendo el presidente de la firma y participando en todos los órganos de dirección y control de la misma. Lo que sucede es que, precisamente por la valía de un perfil profesional como el suyo, y teniendo en cuenta los retos a los que va a enfrentarse este despacho en los próximos años, los socios hemos entendido que debe focalizar su tiempo y actividad en dos parcelas muy concretas: las relaciones institucionales del despacho (algo que ya venía haciendo, pero que entendemos que debe reforzar) y, sobre todo, el proceso de internacionalización del despacho.

El paso que se ha dado en esta casa es el normal en el desarrollo de las grandes firmas de servicios jurídicos: superada una primera fase de lanzamiento y consolidación, el fundador y líder del proyecto centra su actividad en otras tareas diferentes a la gestión del día a día, que son, precisamente, las que garantizaran los crecimientos futuros del despacho.

Y es algo que se puede comprobar en la práctica. Si se fija en las tres grandes firmas españolas de servicios jurídicos, Garrigues, Uría y Cuatrecasas, en ninguna de las tres hace años que figura como socio director de la misma un profesional con esos apellidos. Las tres llegaron en su momento a un punto en el que, para seguir creciendo y desarrollando sus objetivos, el líder fundador debía dejar la responsabilidad del día a día y centrar su atención en actividades que aportaban más valor al desarrollo del despacho. Exactamente eso es lo que ha ocurrido en Broseta Abogados en estos momentos.

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– ¿Es casualidad o responde a algún motivo que casi todos los grandes despachos de abogados en España tengan como ‘marca’ el apellido de su fundador?

– No es un fenómeno solo español; está bastante extendido en el mundo de la abogacía, tanto continental como anglosajón. Y es lógico que así sea porque, en la abogacía, el principal activo de un despacho es la confianza de sus clientes, y esa confianza, sobre todo al principio y hasta que se consolida de verdad la firma, quien la genera es el fundador y líder del proyecto.

Así, los atributos característicos del despacho quedan resumidos en el apellido del fundador. Por tanto, el error sería renunciar a ese apellido que sintetiza toda la cultura de la firma. 

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