Cascajares, de la granja al otro lado del Atlántico

Cascajares, de la granja al otro lado del Atlántico


Alquilaron una fábrica de confitados de Palencia y metieron todos sus capones en latas, crearon conservas de capón. Ese fue el germen de Cascajares, una empresa que hoy pasea su éxito incluso en el otro lado del Atlántico.


Cascajares entró de lleno en el mercado de clientes particulares en 2003 por un hecho no económico, sino de las páginas de papel ‘couché’. Los Príncipes de Asturias contrajeron matrimonio y eligieron un capón de Cascajares para el menú. Al día siguiente, había clientes esperando en las puertas de la empresa y los teléfonos no dejaron de sonar durante días.


Hoy la plantilla de Cascajares está compuesta por 72 empleados, 25 de ellos en la fábrica instalada en 2008 en la provincia canadiense de Quebec. Esta plantilla satisface la demanda de los clientes mayoristas y minoristas, que llegan de forma creciente en los últimos años a través del canal online. De hecho, la venta a través de internet supuso cerca de un 10% del total durante el año pasado. En Canadá, Cascajares vende sus productos a través de dos portales de productos para hostelería y para particulares.


En el catálogo de Cascajares se entremezclan productos tan españoles como el capón en diferentes precocinados, la pularda y los muslitos de codorniz escabechados, productos más ‘exóticos’ y novedosos en España, como el típico pavo de Acción de Gracias.


Cascajares facturó siete millones de euros en 2012, después de años de crecimientos en las ventas. Para el ejercicio 2013, la empresa prevé seguir aumentando las ventas hasta los 7,2 millones de euros, con lo que prácticamente duplicará las ventas de 2005, que cerró con 3,15 millones de facturación.

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