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Inmaculada Rodríguez Piñero: «O más Europa, o quedaremos fuera del orden mundial»

La ex eurodiputada Inmaculada Rodríguez Piñero analiza el papel de la UE ante la rivalidad entre Estados Unidos y China, el impacto del trumpismo y los límites políticos de una Europa que aspira a ganar autonomía estratégica.

Inmaculada Rodríguez Piñero: «O más Europa, o quedaremos fuera del orden mundial»
Publicado a 29/01/2026 18:23

La Unión Europea (UE) se enfrenta a un punto de inflexión histórico. La creciente rivalidad entre Estados Unidos y China, el cuestionamiento del multilateralismo y el uso abierto de la coerción económica y política han alterado profundamente el equilibrio internacional. En este nuevo escenario, la UE aparece como una potencia económica de primer orden, pero con carencias estructurales que limitan su capacidad de influencia global.

La ausencia de una defensa común, la fragmentación política interna y la dependencia tecnológica y energética de terceros han puesto en evidencia las debilidades del proyecto europeo. Episodios recientes como las tensiones en torno a Groenlandia, o los mensajes lanzados en foros como el que se celebra en Davos, reflejan un deterioro de las relaciones transatlánticas y un cambio de paradigma que obliga a Europa a redefinir su papel en el mundo.

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En esta entrevista con Economía 3, la ex eurodiputada Inmaculada Rodríguez-Piñero ofrece un análisis detallado del momento que atraviesa la Unión Europea, defiende la necesidad de reforzar su autonomía estratégica y advierte de que, sin unidad política y liderazgo proeuropeo, Europa corre el riesgo de quedar reducida a un mero mercado sin capacidad de decisión.

Europa ante la polarización geopolítica global

– ¿En qué punto se encuentra hoy la Unión Europea como actor geopolítico y económico?

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Para situarnos bien, lo primero que deberíamos hacer es contextualizar la situación actual de la Unión Europea. Es evidente que Europa ha perdido influencia en el tablero global. Existe una polarización clara entre Estados Unidos y China, y aunque la Unión sigue siendo el principal mercado del mundo, no dispone ni de una defensa propia ni de un poder militar comparable. Tiene, sin duda, un poder regulatorio y económico indiscutible, pero frente a la rivalidad tecnológica y militar de estas dos grandes potencias, Europa no está a la altura.

Esto, además, se produce en un contexto en el que nos hemos encontrado con unos Estados Unidos distintos a lo que habían sido hasta ahora: un socio fiable, que apostaba por el orden internacional, defendía las reglas del comercio y las instituciones multilaterales.

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En ese complicado escenario, nuestras vulnerabilidades, que ya existían pero no pesaban tanto porque no se ponían de manifiesto, han saltado por los aires con Trump y la imposición de lo que yo denomino un «colonialismo 2.0». Ante un dirigente político que utiliza instrumentos frente a los que Europa es débil, nuestra posición se resiente todavía más.

– ¿Qué debería hacer Europa ante este nuevo contexto?

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Europa tiene que actuar en dos frentes simultáneos, y lo está haciendo, aunque los resultados van a requerir tiempo.

Por un lado, debe dotar a la industria europea de la capacidad competitiva necesaria para hacer frente a la competencia de Estados Unidos y China. Se están adoptando normativas destinadas a establecer reglas más recíprocas en las condiciones de competitividad frente a ambos y a crear un entorno que permita invertir, crecer y ganar tamaño para competir con los grandes consorcios estadounidenses.

Por otro lado, está el plano político, que es aún más complejo. Europa solo podrá hacer frente a los grandes retos si actúa con unidad. La fragmentación política es nuestra mayor debilidad frente a dos potencias con poder absolutamente centralizado. Somos una unión de 27 Estados y eso ralentiza enormemente los tiempos de respuesta.

En este sentido, fue muy llamativo el varapalo que el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, dio a la Unión Europea con su frase —que probablemente se hará famosa— sobre que hacemos muy buenos planes de futuro, pero no actuamos a corto plazo. Resume bastante bien el problema, aunque considero que Zelenski se equivocó al plantearlo así y al tratar de separar a Europa de Ucrania.

Trump, Groenlandia y la relación transatlántica

– Episodios como el de Groenlandia parecen evidenciar una nueva relación de fuerzas entre Washington y Europa. ¿Estamos ante algo coyuntural o ante un cambio estructural?

Más allá de que Trump pase cuanto antes —como esperamos muchos—, la lección que debemos extraer es que Europa no puede depender de terceros para defender sus propios intereses: su soberanía, su seguridad, su desarrollo tecnológico o su capacidad de competir. Eso debe ser propio e independiente.

Ese es el verdadero cambio de paradigma en las relaciones transatlánticas: establecerlas en condiciones de igualdad real, que ahora mismo no se dan. Y eso tiene que ocurrir gane quien gane en Estados Unidos.

De todo lo ocurrido en Groenlandia saco una conclusión optimista. Europa ha reaccionado tarde, pero ha empezado a hacerlo en la dirección adecuada. En el Foro de Davos se dio un primer paso mostrando unidad y firmeza, que es el único lenguaje que entiende Trump.

– ¿Cree que, pese a ello, Trump se ha salido con la suya?

Ambas cosas son ciertas a la vez. Su estrategia es tensionar al máximo para obtener lo que realmente quiere, ejerciendo todo su poder económico y militar para conseguir sus intereses. Y en eso suele ganar.

Ahora bien, esa estrategia solo deja de ser eficaz si enfrente hay un rival capaz de no ceder y de causarle también daño económico. Europa sola no puede, Canadá sola tampoco. Por eso defiendo una alianza de socios afines que compartan valores y defiendan un comercio basado en reglas.

Trump retrocede cuando hay respuesta. Lo vemos con China. con quien no actúa igual. Europa tiene instrumentos para frenarle, pero no los ha usado por falta de unidad. El famoso acuerdo arancelario fue, en mi opinión, el acto más humillante que he visto por parte de la Unión Europea frente a Trump.

Hasta la fecha no se ha utilizado el instrumento anticoerción porque algunos Estados miembros no han querido. Y volvemos al origen, sin unidad no hay fuerza.

Defensa, gobernanza y capacidad de reacción europea

– ¿Cuáles deberían ser las líneas rojas de Europa?

Atacar los principios y valores de la Unión es una línea roja clara: la democracia, el respeto a la ley y la soberanía territorial. Son absolutamente irrenunciables.

Europa debe tomarse muy en serio su gobernanza. Los tiempos de respuesta tienen que ser mucho más rápidos, porque la geopolítica avanza hoy a una velocidad muy superior a nuestra capacidad de reacción.

– ¿Ve riesgos de fractura en la OTAN o de una excesiva presión sobre el gasto en defensa?

Sin duda. Europa necesita una Unión Europea de la Defensa y una capacidad militar propia. Eso requiere recursos, muchos recursos.

Tenemos déficits claros en defensa, en desarrollo tecnológico y en energía. Necesitamos grandes inversiones y, para ello, reforzar el mercado de capitales. Tenerlo tan fragmentado impide financiar adecuadamente a nuestras industrias.

Cada año, unos 400.000 millones de euros se invierten en el mercado norteamericano porque Europa no ofrece alternativas adecuadas. Es una cifra que no podemos permitirnos perder.

Además, hay que aumentar el presupuesto de la Unión y los recursos propios. La política fiscal sobre las grandes corporaciones es clave, y no pueden quedar excluidas las empresas estadounidenses por nacionalidad. Eso es inaceptable.

También es imprescindible avanzar hacia un impuesto mínimo de sociedades coordinado y que se tribute donde realmente se generan los beneficios.

Autonomía estratégica y el futuro del proyecto europeo

– ¿Hasta qué punto Europa está preparada para dar ese salto político?

El problema es que muchas de estas decisiones requieren unanimidad, y volvemos al bloqueo. Falta voluntad política y gobiernos realmente europeístas, no nacionalistas.

Necesitamos Estados miembros convencidos de que solo desde Europa se pueden afrontar los retos actuales. Y eso exige también conciencia ciudadana. En las campañas nacionales casi no se habla de Europa, cuando debería ser central, porque lo que se decide en Bruselas afecta directamente a la vida cotidiana.

– ¿Es este un momento que empuja hacia «más Europa»?

Sin duda. Ningún Estado miembro es suficientemente grande para afrontar solo estos desafíos. Más Europa es la única respuesta.

Además, existen mecanismos dentro de los tratados que no se han explotado lo suficiente. Por ejemplo, la política comercial es competencia exclusiva de la UE y puede aprobarse por mayoría, como ya ha ocurrido recientemente, rompiendo una tradición de unanimidad.

También ocurre con la unión aduanera: lo que tenemos es una unión arancelaria, pero no una verdadera unión aduanera con criterios homogéneos de inspección, sanción y aplicación. La Comisión ha avanzado mucho en la creación de una Agencia Europea de Aduanas, algo que hace años parecía imposible.

Igual debería hacerse con el mercado de capitales o con la defensa europea. Instrumentos existen; falta liderazgo político proeuropeo.

El futuro de la Unión, en juego

– ¿Cómo definiría hoy la autonomía estratégica europea y qué es realista esperar en los próximos años?

Existe una posición casi unánime en las instituciones sobre la necesidad de lograr esa autonomía estratégica. La Comisión está revisando normativas que restan competitividad, no para desregular, sino para eliminar exigencias sin sentido.

Se están impulsando paquetes de simplificación, los llamados ómnibus, que permitirán competir sin rebajar los estándares de seguridad alimentaria, sanitaria o medioambiental. También se revisan las condiciones de inversión de terceros países para garantizar beneficios reales para Europa en tecnología, formación y desarrollo industrial.

Europa está, por fin, haciendo política industrial, algo que durante mucho tiempo no hizo. Las medidas ya están en marcha, aunque necesitarán tiempo para dar resultados.

– Para terminar, ¿qué escenario prevé para Europa en los próximos 5 a 15 años?

El escenario ideal sería un orden internacional basado en el multilateralismo, con respeto a las leyes internacionales y con una Europa unida, con una gobernanza que le permita actuar como una auténtica unión de Estados.

El escenario real dependerá de los resultados electorales en los Estados miembros. Si avanzamos hacia gobiernos europeístas, nos acercaremos a ese ideal. Si, por el contrario, sigue creciendo la extrema derecha y los gobiernos que solo defienden intereses nacionales a corto plazo, el escenario será muy pesimista. Europa perderá relevancia y se convertirá únicamente en un mercado, no en un actor global.

Firma
Fotografía de Borja RamírezBorja RamírezGraduado en Periodismo por la Universidad de Valencia, está especializado en actualidad internacional y análisis geopolítico por la Universidad Complutense de Madrid. Ha desarrollado su carrera profesional en las ediciones web de cabeceras como Eldiario.es o El País. Desde junio de 2022 es redactor en la edición digital de Economía 3, donde compagina el análisis económico e internacional.
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