Francisco Trujillo

La fatiga informática en el trabajo: un riesgo nuevo y emergente

En atención a la fatiga informática en el trabajo conviene recalcar que supone una fatiga de origen laboral regulada en España a raíz de la regulación del derecho a la desconexión digital en el trabajo a través de la Ley Orgánica de Protección de Datos Personales y garantía de los derechos digitales (LOPDPGDD) y de la LTD, un derecho reforzado en esta última Ley con motivo de la crisis sanitaria de la covid-19 para el trabajo a distancia y el teletrabajo.

El término ‘fatiga informática’ -tal y como analizo de forma pormenorizada en la obra que se va a publicar en los próximos meses por la editorial Bomarzo- puede generar dudas interpretativas. La palabra fatiga ‘incuba’ multitud de definiciones, ninguna única, así como alberga otros factores de riesgo que pueden originarse con motivo de la misma o incluso pueden potenciar su aparición.

«La palabra fatiga ‘incuba’ multitud de definiciones, ninguna única»

Así es, como peligro psicosocial puede presentarse combinado a su vez con otros y puede influir y ser influidos por otros peligros. En este sentido, resulta básico que los sistemas de gestión de la seguridad y salud en el trabajo tengan en cuenta todos los riesgos que pueden incubarse en la fatiga digital, y que afectan a la salud mental de los trabajadores como pueden ser: enfermedades cardiovasculares, trastornos musculoesqueléticos, diabetes, ansiedad, depresión o trastornos del sueño.

De esta forma, a propósito del estudio de los factores de riesgo psicosocial, la fatiga digital como raíz, puede derivar en la aparición de otros factores en el ámbito laboral y con clara afectación en la salud de los trabajadores. A este interés, la fatiga tecnológica en mayor o menor medida en cada caso, y siempre en función de diversos factores, se puede relacionar con la carga de trabajo (mental y físico), con la fatiga visual u ocular, con el tecnoestrés, con los trastornos musculoesqueléticos, con el síndrome del trabajador ‘quemado’ o con el ciberacoso.

Se trata de un fenómeno laboral que ha de ser tratado desde múltiples modalidades, ya que afecta a la salud física, mental, emocional y sensorial del trabajador. En cualquier caso, la fatiga digital que aparece tras un sobreesfuerzo o tensión sostenida en el uso de medios tecnológicos surge bien como un desencadenante de dificultades, lesiones o enfermedades sufridas, o bien como consecuencia de ellas.

«Se trata de un fenómeno multicausal lo que puede acarrear una dificultad reparadora añadida»

Se puede afirmar que, en atención a su causa, el legislador español a raíz de la regulación de la desconexión digital en el trabajo incorpora de forma innovadora, a continuación de fatiga, la palabra informática que, de nuevo, puede provocar conflictos en la seguridad y salud de los trabajadores por ser un riesgo de amplio espectro, cercano a otros tipos como el tecnoestrés (con sus diversas variables).

Los efectos y consecuencias de la fatiga mental o psicosocial ponen de relieve las intervenciones que desde las empresas se han de realizar para atender este tipo de fatiga desde todos sus puntos de vista: actuando en las personas, en sus condiciones de trabajo y en su organización. Como se aprecia, se trata de un fenómeno multicausal (su génesis puede deberse a más de un factor concreto), lo que puede acarrear una dificultad reparadora añadida.

«Las empresas generan procesos de trabajo de calidad dado que los trabajadores están activos y productivos»

Todo tratamiento y gestión del riesgo laboral nuevo y emergente ha de nacer en un cambio de cultura de expectativa en la respuesta de las comunicaciones empresariales. De esta forma, se ha de percibir como una estrategia de beneficio mutuo para las partes de la relación laboral (‘win-win’). Las empresas que cuidan a sus trabajadores y no les permiten que se agoten de la tecnología, generan ventajas competitivas en términos de productividad al contar con empleados comprometidos y motivados que pueden descansar y conciliar su vida personal y familiar.

Las empresas, igualmente, generan procesos de trabajo de calidad dado que los trabajadores están activos y productivos sin esa fatiga digital o falta de descanso propia de un uso excesivo de dispositivos digitales. Se respira un buen ambiente, comunicativo y se incrementan las relaciones interpersonales entre empresa y trabajador. Se reducen las bajas laborales (absentismo laboral), se atrae y retiene talento por la buena marca o publicidad que pueda tener la empresa por el respeto que profesan al descanso de la tecnología de sus trabajadores y, en suma, se mejora el conocido como ‘employer branding’.

Los trabajadores no se ‘enganchan’ a sus móviles u ordenadores en tiempos que no son de trabajo efectivo. Con ello mejoran sus relaciones familiares, sus amistades por la calidad de descanso. Adicionalmente, cuentan con una mejor salud mental, no sufren tensiones ni fatiga y, en suma, se encuentran más motivados en su prestación laboral. Lo que les puede generar una satisfacción en la realización de sus tareas, así como su posible crecimiento profesional.

«La fatiga digital resulta cara»

En caso contrario, la fatiga digital resulta cara. Abordarla como parte de los riesgos psicosociales puede percibirse como una tarea demasiado costosa, pero la realidad es que cuesta más pasarlos por alto. El cansancio del trabajador de la tecnología con fines laborales afecta al rendimiento y eleva el absentismo laboral. Esta fatiga aparece porque se ha prolongado en el tiempo, lo que puede dar lugar a problemas de salud graves, como es el caso de las enfermedades cardiovasculares y musculoesqueléticas.

Todo esto tiene un precio; los principales costes para las personas tienen que ver con el deterioro de la salud, la reducción de los ingresos y una menor calidad de vida. Las empresas se ven afectadas por los costes relacionados con el absentismo, el presentismo, el descenso de la productividad y una elevada rotación de personal. Los costes de la atención sanitaria y el menoscabo de los resultados empresariales afectan en última instancia a la sociedad y las economías nacionales.

«Un trabajador sin signos de fatiga es un trabajador más productivo y menos propenso a coger bajas laborales»

Sin lugar a dudas, un trabajador sin signos de fatiga es un trabajador más productivo y menos propenso a coger bajas laborales (evitará sobrecargarse en el trabajo y evitará padecer el síndrome del trabajador desgastado) por lo que, los empresarios, deben tomar buena nota de lo aquí señalado e intentar adoptar medidas en este sentido para que el trabajador una vez acabe su jornada pueda descansar mentalmente, disfrutar de los suyos o practicar deporte.

Máxime cuando está cuestión responde a un mandato constitucional: si se acude a la Constitución Española, se encomienda a los poderes públicos, como uno de los principios rectores de la política social y económica, velar por la seguridad e higiene en el trabajo y garantizar el descanso necesario, mediante la limitación de la jornada laboral, las vacaciones periódicas retribuidas y la promoción de centros adecuados (art. 40.2 CE).

Sobre el autor

Francisco Trujillo es profesor e investigador de la Universidad de València en el Departamento de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social de la Facultad de Derecho. Es especialista en Derecho del Trabajo y Prevención de Riesgos Laborales.

Ha publicado numerosos artículos jurídicos laborales y capítulos de libro en editoriales de reconocido prestigio en el ámbito de las disciplinas jurídicas. También, ha participado en un gran número de congresos, seminarios y jornadas mediante la presentación de ponencias y comunicaciones, tanto de ámbito nacional como de ámbito internacional.

En los próximos meses, publicará un libro sobre la fatiga informática en el trabajo en la editorial Bomarzo.

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