El nombre está inspirado en una leyenda agrícola

Luna de Reina, un vino para combatir la despoblación en la España vaciada

El producto se elabora en viñas en peligro de extinción de la provincia de Alicante, donde hoy hay un 28% menos de viñedos de los que había hace una década

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Luna de Reina ha arrendado 4 hectáreas de viñedos en tres parcelas diferentes |Foto: Luna de Reina

Las nuevas generaciones ‘emigran’ a las grandes ciudades. Nadie les obliga, mas el sentido común, el suyo propio y el de quienes les aconsejan, como sus familiares, apoya la teoría de que en las capitales hay más y mejores oportunidades de trabajo. Esas nuevas generaciones, cuando se van, no vuelven. En la Comunidad Valenciana, los datos del Instituto Nacional de Estadística arrojan que en el 35% de sus localidades el número de habitantes en 2018 es inferior al de 20 años atrás.

Se quedan en Madrid, Barcelona, Valencia o Sevilla. Éstas son ciudades que registran continuamente un aumento de sus poblaciones. Por contra, en el 87% de los municipios de Castilla y León, la comunidad autónoma más afectada por el fenómeno de la España vacía, la población es inferior con respecto a 1998.

Las consecuencias de la despoblación son múltiples. En la multiplicidad, hay también variedad. Tanto de problemáticas como de sus soluciones. Ramón Sala y Sebastián Sánchez, naturales de Alicante, han puesto en marcha un proyecto que pone solución a uno de los problemas que plantea. Su iniciativa combate la despoblación y la España vaciada y tiene que ver con la agricultura, desde una perspectiva general, y con la viticultura, desde una visión particular. No es casualidad que ambos provengan de familias de tradición bodeguera.

“Se da la circunstancia de que en los pueblos donde se está yendo la gente, son los agricultores de toda la vida los que continuan en el sector. Más por una cuestión de pasión que de rentabilidad”. Así se refiere Ramón Sala a la situación agrícola por la que atraviesan las localidades donde más fuerte ha golpeado la despoblación.Llega un momento en el que por una cuestión de vejez, no pueden por ejemplo seguir trabajando en los viñedos, que se quedan entonces sin que nadie trabaje en ellas. Llega un momento en el que no tienen sucesión. Y son los mejores”, sentencia.

Inspirada en una leyenda sobre la influencia en la agricultura de las distintas fases lunares, nació Luna de Reina. Un modelo de negocio que ha visto una oportunidad en esas viñas destinadas al olvido. Un modelo de negocio que, de paso, contribuye al desarrollo de pueblos también ‘abandonados’. La idea consiste en arrendar esos viñedos en los que ya nadie trabaja y en elaborar vinos con la uva cosechada de las cepas de esos viñedos. De momento, la entidad alicantina cuenta con 4 hectáreas repartidas en tres parcelas diferentes. Todas ellas en el paraje de La Solana de Algueña.

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Fuente: Conselleria de Agricultura i Medi Ambient

En un futuro, Ramón y Sebastián no descartan expandir el negocio y seguir arrendando algunas de las viñas que están en peligro de extinción en la provincia de Alicante. Un territorio que también se ha visto afectado por una despoblación que, a la vez, ha acabado por afectar a los viñedos. Sin ir más lejos, la estadística de 2018 que aporta la Conselleria de Agricultura de la Generalitat Valenciana refleja que se ha producido un descenso del 28,5% en viñas de vinificación con respecto a 2008. Si a las de transformación, le sumamos las viñas de mesa, el descenso se queda en el 28%. Es decir, uno de cada cuatro viñedos de la provincia ha desaparecido en la última década. En la Comunitat, el descenso conjunto, entre viñas de mesa y de transformación, alcanza el 24,5%.

Algo de cierto debe haber en lo de que este tipo de viñas dejadas de la mano de Dios son las mejores. Porque Luna de Reina, que realizó la primera cosecha en septiembre de 2017, utilizó el 2018 para experimentar y empezó a comercializar su producto a comienzos de este mismo año, se ha llevado ya varias medallas de oro en concursos vinícolas. Fue ganador en el TopWine de Barcelona, luego en el Concurso Internacional Civas de Málaga y también lo ha sido más recientemente en el Certamen Internacional Nuevo Vino celebrado en Madrid.

El secreto está, desvela Ramón, en que los suelos que están arrendando son “muy pedregosos y tienen una estructura calcárea o caliza”. Eso, unido a la temperatura de la zona, cálida, hace que “en los granos de uva se consiga una alta concentración de aromas y azúcares”. Pero eso no es todo. Y es que, a pesar de que la producción es baja, “hay también un trabajo de selección de las mejores uvas -monastrell y syrah-, desechando las de un peor estado”. El proceso culmina con tres meses de reposo en toneles de roble americano y se comercializa seis meses después de haber sido embotellado.

Una valiente iniciativa

La iniciativa de Luna de Reina ha sido acogida por la Asociación de Jóvenes Agricultuores de Alicante (Asaja). Eladio Aniorte, su presidente, habla de que la idea es “una valentía y algo bueno para el sector”. En términos de despoblación, lamenta que “los pueblos se van vaciando porque la agricultura no es rentable y porque tampoco hay voluntad política para que lo sea”.

“Lo tenemos todos los días. No es un caso aislado y son muchos los que, por muchas razones, tienen que abandonarlos”, reflexiona Aniorte sobre los viñedos sin sucesión. A lo que añade que lo que viene haciendo y quiere seguir haciendo Luna de Reina “se le puede sacar mucho partido” porque se trata de viñedos que van de la mano de la “sensibilización ecológica que hay hoy en día”.

El presidente de Asaja defiende, además, que este tipo de proyectos sirven para no “quedarse con una agricultura pobre” y para revertir el escenario desolador que vaticina: “Estamos condenados a quedarnos sin gente joven en el campo. Es la verdadera desgracia de la agricultura”.

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