Confianza, coordinación, comunicación, complementariedad y compromiso

Descubriendo las 5 Cs del trabajo en equipo, de la mano de Equipo Humano

En el Castillo de Benissanó participaron cerca de 30 profesionales, de 25 empresas y organizaciones diferentes, en una sesión formativa de cinco horas

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El objetivo era mostrar a los participantes “Las claves ocultas del trabajo en equipo”| Foto: Vicente Jiménez

Cerca de 30 personas, la mayoría mujeres (tan solo siete varones en la sesión), participaron a primeros de junio en una experiencia de cinco horas de duración, desde las 15:30 hasta pasadas las ocho y media de la noche, que se desarrolló en el Castillo de Benissanó, cuyo objetivo era mostrar a los participantes “Las claves ocultas del trabajo en equipo”. Por lo escuchado y vivido durante los ejercicios y juegos y, sobre todo, por los comentarios escuchados en la sesión de valoración final, la experiencia gustó a los participantes.

Se trataba de una actividad formativa basada en lo que se conoce como formación experiencial; algo así como aprender practicando en carne propia. Como explica José Enrique García Llop, “la mejor forma de aprender es recordando cómo te sentiste cuando estaba pasando la experiencia”.

García Llop es el máximo responsable de la consultora valenciana Equipo Humano, especializada desde hace dos décadas en la gestión de personas; es decir, una consultora especializada en recursos humanos. “Transformamos las organizaciones con soluciones innovadoras en gestión de personas”, se dice en la Misión de la compañía.

Lo que persiguen los profesionales de Equipo Humano es “potenciar a las organizaciones y ayudarles a crecer y transformarse, haciendo que ambos, personas y organizaciones, alcancen su máximo potencial”. Y una forma de hacerlo es mediante la formación. Concretamente, la consultora viene apostando por la formación experiencial desde sus inicios.

Las 5 Cs en el Castillo de Benissanó

El escenario escogido en esta ocasión fue el Castillo de Benissanó, edificio de la segunda mitad del S. XV que se levanta a pocos kilómetros de la capital, junto a la autovía de Ademuz o CV-35. El objetivo de la sesión era hacer vivir a los participantes las claves del trabajo en equipo, poniendo en práctica ejercicios que desarrollasen las 5 Cs: confianza, coordinación, comunicación, complementariedad y compromiso.

La convocatoria de la jornada fue abierta y en ella colaboró ECONOMÍA 3, pero a pesar de ese carácter abierto de la invitación (la sesión formativa no tuvo coste económico alguno para los participantes), uno de los objetivos buscados por la consultora era captar la atención de los profesionales y responsables de los Departamentos de Gestión de Personas de las empresas y entidades reunidas en el evento.

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Los participantes posan al final de la jornada. | Foto: V.Jiménez

Equipo Humano consiguió los objetivos buscados. Apenas faltaron un par de personas para llegar a los treinta participantes, vinculados a unas 25 empresas y organizaciones diferentes; en cuatro casos vinieron dos personas de una misma empresa. La mayoría de los participantes desempeñaban su trabajo en el Departamento de Gestión de Personas de su empresa u organización.

Los casi 30 participantes inscritos fueron divididos en cuatro equipos de siete personas, que pasaron rotatoriamente a lo largo de la tarde por los cinco escenarios en otros tantos puntos diferentes del castillo, donde se efectuaban los juegos/pruebas que servían para poner de manifiesto la importancia de cada una de las 5 Cs en las que se sustenta el éxito del trabajo en equipo. Así, todos estaban desarrollando alguna actividad en todo momento.

Compromiso y Comunicación

Como los ejercicios a desarrollar eran cinco (uno por cada C) y los equipos formados cuatro, en uno de los juegos – la C de compromiso– sí estuvieron juntos los cuatro equipos. En una pequeña alfombra de poco más de un metro cuadrado, debían situarse de pie los siete integrantes de cada equipo -cada uno en una alfombra diferente-, y en un corto plazo de tiempo, sin sacar los pies fuera de la alfombra, debían dar la vuelta a dicha alfombra.

Solo hay una forma de superar con éxito este ejercicio: subirse unos miembros del equipo a hombros de otros para dejar hueco suficiente e ir doblando la alfombra. El reto era comprender que esa es la única forma de superar la prueba -cargar unas personas sobre los hombros de otros miembros del equipo-, y hacerlo; asumir el compromiso de cargar un compañero sobre los hombros.

Finalizada esta prueba, cada equipo se marchó con un monitor diferente a un punto distinto del castillo, a realizar las pruebas correspondientes a cada una de las otras cuatro Cs: comunicación, complementariedad, coordinación y confianza.

El juego que ponían de manifiesto la importancia de la comunicación para lograr un buen trabajo en equipo consistió en poner siete sillas una detrás de la otra, de forma que sus ocupantes no se veían cara a cara. El ocupante de la última silla apuntaba en un papel una idea o concepto y la expresaba mediante mimo -sin emitir sonido alguno- a la persona sentada delante, que a su vez repetía el mensaje (siempre mediante mímica) a la persona de delante, y así hasta llegar a la persona de la cabecera de la columna. El ciclo se repetía con una palabra o idea nueva cada 2 minutos, de forma que, en 15 minutos, tenían que comunicarse siete ideas/conceptos.

Al final del ejercicio se comparaban las ideas o palabras que el primer miembro del equipo había pretendido trasladar, con las ideas o palabras entendidas por el último miembro del equipo. Sencillo pero demoledor en cuando al resultado obtenido: apenas un 30 % de coincidencias entre la idea inicial y el mensaje finalmente recibido. La conclusión es clara: la buena comunicación no es tan sencilla como parece, a pesar de ser fundamental para el trabajo en equipo.

Complementariedad y coordinación

Para poner de manifiesto la importancia de la complementariedad en el trabajo en equipo se hicieron dos ejercicios en una misma prueba o juego. La primera actividad exigía complementariedad física: los siete miembros del equipo debían meterse dentro de una gran lona que formaba una cinta continua, y avanzar algo más de 20 metros armonizando el uso de brazos y piernas de las siete personas.

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Foto: Vicente Jiménez

La segunda prueba era de memorización: cerca de 60 fotografías estaban situadas en el suelo de una sala, en un determinado orden y orientación cada una. Salvo alguien con memoria fotográfica, es imposible memorizar tantos imputs en apenas 2-3 minutos, por lo que es necesario el reparto de tareas dentro del equipo, acotando zonas para que cada miembro del equipo memorice lo que hay en cada zona. Esa era la complementariedad que debía conseguirse entre los miembros de cada equipo.

Para evidenciar la importancia de la coordinación en el éxito del trabajo en equipo, el ejercicio planteado consistió en que cada persona del equipo sostenía una cuerda (cada una de diferente longitud), atadas todas una misma tabla de madera, en cuya superficie había dos receptáculos donde debían alojarse sendas canicas, sin que se cayeran por los diferentes agujeros perimetrales existentes en la tabla.

La coordinación exigida por el ejercicio sería sencilla si no fuera porque el equipo debía resolver la prueba andando de forma coordinada los siete integrantes, y sobre una superficie con desniveles. Tras no pocos intentos fallidos, los participantes comprendían que era imprescindible la figura del líder o coordinador del equipo, que fuera indicando lo que debía hacer cada cual en cada momento (andar o parar, subir o bajar el brazo, etc.), para lograr el objetivo buscado.

C de confianza y conclusiones

Por último, la prueba de la C de confianza. La mitad de los miembros de cada equipo vendan los ojos a la otra mitad y actúan como guías de quienes no ven, para hacerles cruzar un espacio de unos 10 metros de distancia, en el que hay diferentes cables que deben saltar o sortear quienes estaban con los ojos vendados, siguiendo las indicaciones dadas por la persona que es su guía.

En el camino de vuelta hasta el punto de origen del juego se invierten los roles. La única forma de evitar engancharse o tropezar con los cables es seguir las indicaciones recibidas, confiando en que serán las correctas.

Además de los diferentes ejercicios en cada juego, los monitores de Equipo Humano aprovechaban unos pocos minutos al finalizar cada juego para trasladar a los miembros de los equipos algunas nociones teóricas relacionadas con cada una de las 5 Cs trabajadas.

Fue el caso, por ejemplo, de la Ventana de Johari con relación a la C de Comunicación. “Todos tenemos cuatro áreas en nuestra persona: la pública, formada por aquello que nosotros y lo demás conocemos de nosotros mismos; la ciega, que es lo que los demás conocen de nosotros, pero que nosotros nos negamos a reconocer; la oculta, que es la que nosotros conocemos de nosotros, pero los demás ignoran; y la desconocida, formada por lo que ni lo demás ni nosotros conocemos de nosotros mismos”.

O la teoría de los 9 roles que de una forma u otra conviven en todo equipo: impulsor, implementador, finalizador, cohesionador, investigador, coordinador, cerebro, monitor y especialista. “Todos tenemos, en mayor o menor medida, características que nos hacen asumir uno y otro de esos nueve roles en los diferentes equipos con los que interactuamos”.

Pasadas las ocho de la tarde llegó la sesión final de conclusiones, y la más compartida por la mayoría de los asistentes fue que la experiencia había valido la pena. Y mucho.

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