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Ayer concluyó el ciclo de coloquios en Fundación Bancaja sobre el escultor

Un amigo que se llamaba Andreu Alfaro

Manuel Vicent, Raimon y Tomás Llorens protagonizaron la última charla

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Tomás Llorens, Raimon y Manuel Vicent, en el ciclo "Coloquio Alfaro", celebrado en Fundación Bancaja. | E3

“Era un personaje muy atractivo; tenía un diseño físico deportivo, una gran autoridad moral y conocía las pequeñas pasiones del pueblo valenciano”, describió Manuel Vicent, quien recordó ayer junto a Raimon la figura de su común amigo Andreu Alfaro (1929-2012). Fue la clausura de los coloquios organizados por la Fundación Bancaja con motivo de su exposición Alfaro. Laboratorio de formas escultóricas. La charla fue moderada por el comisario de la exposición, Tomás Llorens.

El escritor añadió que Alfaro “era hijo de un carnicero al que ayudaba. Pasar de ahí a ser un escultor brillantísimo y un gran admirador de Goethe me parece un fenómeno único. ¿De dónde había salido? Era un superdotado, y además, autodidacta”. 

Por su parte, el cantautor explicó que “en el 64, Alfaro ya tenía público. Poco después nos hicimos muy amigos, de hecho, hasta tituló algunas de sus piezas como mis canciones. Siempre nos admiramos mutuamente, para mí era como un profeta de la amistad”.

El asombro que causaba la tarea de uno de los escultores españoles más importantes del Siglo XX fue una sensación común. “Me sorprendía de dónde salía su obra y cómo salía. En el 67, en el País Vasco, conocí a Jorge Oteiza, que me enseñó su obra. Me deslumbró y, al mismo tiempo, supe entrar en la obra de Alfaro”, recordó Raimon.

Como indicó Llorens, “entró en el mercado a finales del franquismo, con encargos públicos procedentes, sobre todo, de Alemania, de Cataluña y de aquí. No vendía caro; cuando exponía en una galería era porque él lo controlaba todo. No quería que se disparasen los precios”.

Vicent profundizó en el carácter monumental de muchas de sus obras: “Pensaba que su trabajo tenía la misión de sintetizar un espacio público. Es la vertiente más característica de su obra, pensada para ser expuesta en plazas y parques”. Ahí está su Puerta de la Ilustración, en el barrio del Pilar, Madrid; sus inmensas columnas de la Universidad Autónoma de Barcelona; su Monumento a Ausiàs March en los Viveros de València…Según Raimon, “esas esculturas de gran formato dialogan con el mundo; por eso, su éxito es parecido al de las canciones populares”.

Alfaro formaba parte del círculo cultural valenciano que protagonizó la Renaixença de los años 60, comandada intelectualmente por Joan Fuster y Vicent Ventura“Conocí a Alfaro a través de Joan Fuster, cuando ya era un escultor de fama” , contó Vicent. “La armonía que buscaba para su obra la descubrió cuando Fuster le dijo ‘alza el asfalto de València y encontrarás el Partenón’; esa universalidad mediterránea define su obra”.  Raimon señaló que, en cambio, “con Vicent Ventura, Alfaro mantenía una relación paterno-filial”.

Con la presencia de Tomás Llorens en la mesa, primer director del IVAM, fue oportuno recordar que entre la aprobación del proyecto en 1986 y su apertura en 1989, trabajó codo a codo con Alfaro, hasta el punto de que el logotipo -aún vigente- fue creado por el escultor, con esa especie de rayas a carboncillo zigzagueantes, tan propias de su obra. Además, Manuel Vicent recurrió a la ironía al afirmar que “para mí, el IVAM, fue una proyección artística suya tan bien armada que no han conseguido acabar de derribarla”.

A una vida longeva y fructífera le esperaba uno de los finales que más tememos.“Una vez estábamos los tres en casa de Raimon, y ya no me reconocía”, comentó Vicent. En cambio, aún era capaz, aunque fuera de forma ocasional, de recuperar el sentido del humor. Raimon contó una anécdota sucedida durante uno de sus últimos encuentros. “Un día, de visita en su casa, señaló mi coche y me dijo, ‘¿ese coche es tuyo? ¡Pues sí que ha valido la pena cantar!”.

Por estas fechas, hace apenas seis años, tuvo lugar el entierro de Andreu Alfaro. El silencio total se rompió cuando alguien se puso a recitar el poema de Raimon Andreu, amic. El cantautor confesó que “ese poema me vino sólo, en endecasílabos. Son cosas que no se pueden impedir; cosas que pasan”. Tampoco se puede impedir que el nombre del escultor, y su lenguaje propio, brillen por sí solos en la Historia del Arte.

Su exposición retrospectiva esté disponible en el Centro Cultural Bancaja hasta el 3 de febrero.

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