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No deje el motor de su negocio al ralentí

Gerente Financial Advisory
Deloitte
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Imagínese que posee un bonito coche deportivo. Si usted se preguntara cómo hacer un buen uso de él, probablemente identificaría dos opciones: disfrutar del coche o venderlo.

Atendiendo a la primera alternativa, podría pensar en llevarlo a recorrer las sinuosas carreteras de la costa con la capota bajada mientras la puesta de sol se refleja en su estilizada carrocería; o en disfrutar del rugir de su motor por la autovía, al tiempo que suena esa mítica canción de su banda de rock favorita.

Por el contrario, si contemplara venderlo, es muy posible que lo hiciera porque no encaja con sus necesidades familiares, porque necesita dinero para pagar los estudios de sus hijos o porque, simplemente, no dispone del tiempo que merece un automóvil de esas características.

En cualquier caso, es improbable que usted concluyera que verlo envejecer en el garaje y usarlo puntualmente para hacer recados por el barrio, con el motor prácticamente al ralentí, fuera la mejor opción.

Esta situación, aunque sencilla, resulta útil para resumir el doble contexto de oportunidad que tiene actualmente el empresario español, para impulsar o vender sus proyectos empresariales. Y, al mismo tiempo, para explicar por qué la comodidad de la inacción en el desarrollo corporativo debería ser considerada, a día de hoy, la última elección.

¿Por qué es el momento de crecer?

España cuenta con excelentes empresas que fabrican productos y servicios de primer nivel. Desgraciadamente, muchas de ellas no cuentan con la escala y el tamaño suficientes para poder competir en el ámbito internacional o, simplemente, con el músculo financiero necesario para expandirse comercialmente a mayor velocidad.

Afortunadamente, con la existencia de un tejido empresarial fragmentado y una industria de private equity en plena expansión, hoy confluyen las condiciones adecuadas para poner remedio a estas limitaciones.

El hecho de que múltiples industrias estén atomizadas y no cuenten con un líder claro, abre la posibilidad a las compañías con buenas bases de negocio de convertirse en referentes destacados de su sector. ¿Cómo?

Incorporando a su accionariado un socio financiero que les aporte el capital, bien para internacionalizarse y acelerar su capilaridad comercial, bien para realizar adquisiciones selectivas de otras compañías, ganar cuota de mercado y conseguir la escala adecuada para competir en mejores condiciones con las grandes multinacionales o con los fabricantes asiáticos de bajo coste.

Pero, ¿hay dinero para ello? Afortunadamente, sí. La industria de private equity española, enfocada preferentemente en pymes, se encuentra en crecimiento.

Según la Asociación Española de Capital, Crecimiento e Inversión (Ascri), patronal que representa a las empresas de venture capital y private equity, en 2012 las entidades de capital riesgo nacionales privadas captaron nuevos fondos por valor de 251 millones de euros, mientras que en 2016 dicha cantidad fue de 2.271 millones; es decir, ocho veces más.

Al inversor profesional le gusta la empresa española y tiene el capital para impulsar su desarrollo. Solo le faltan proyectos empresariales atractivos encima de la mesa.

¿Por qué es el momento de desinvertir?

Aunque el contexto sectorial ofrezca buenas oportunidades para el desarrollo de los proyectos empresariales con potencial, alternativamente, el actual panorama macroeconómico también ofrece al empresario un buen momento para plantearse desinvertir y materializar su patrimonio accionarial.

El mercado de transacciones se encuentra en una fase alcista de valoración. En 2012, las empresas españolas vendidas se valoraron a una mediana de 9,3 veces Ebitda. En 2016, ese múltiplo fue de 11,5; casi un 25 % más.

Incluso en 2017, año en el que nuestra economía ha tenido que superar difíciles pruebas como el efecto colateral del brexit o la inestabilidad política de Cataluña, el múltiplo parece encontrarse a finales de año en valores cercanos al 10,5.

Cierto es que estos números no recogen los precios de las operaciones con datos confidenciales y que varían en función de la tipología y circunstancias de cada deal, empresa y sector, pero, con todo, la mera tendencia agregada resulta significativa.

Varios factores ayudan a explicar esta situación. Los actuales niveles anormalmente bajos del euríbor y de la rentabilidad del bono español a diez años han contribuido a reducir el coste del capital de las compañías y, con ello, a empujar al alza su valoración.

Asimismo, la disminución del coste de algunas materias primas, como el petróleo o el trigo, ha favorecido la mejora en márgenes. Finalmente, el universo financiero, temeroso de acometer inversiones durante la crisis, necesita ahora poner el capital a trabajar.

Esto supone mucho dinero compitiendo por entrar en los mejores proyectos, lo que contribuye a generar ciertas primas en los precios pagados a la entrada.

El momento de decidir
Sin embargo, puede que la situación y coincidencia de estos factores no lleguen a ser sostenibles en el tiempo. ¿Cómo afectará a la valoración de las compañías la normalización de estos parámetros?

Ciertamente, resulta difícil saberlo, pero tal vez este sea el momento de evaluar la situación y sopesar la incertidumbre del futuro con las oportunidades de desinversión que puedan existir en la actualidad.

En conclusión, si es usted empresario, piense en el ejemplo del coche deportivo. Acelere, disfrute y saque el máximo provecho al motor de su proyecto empresarial. Para ello, busque los socios adecuados que le aporten el dinero para acometer los mejores proyectos y tomar el liderazgo en su sector.

O materialice el esfuerzo invertido si siente que ha concluido una etapa y ve que es posible obtener un buen precio por su compañía. Pero en los años venideros, en cualquier caso, no deje el motor de su negocio al ralentí.

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