En su ocaso, el ‘Rey Sol’ de Francia solo quería vino de Alicante

En su ocaso, el ‘Rey Sol’ de Francia solo quería vino de Alicante

Los vinos de Alicante son, de entre los españoles, los que más larga historia atesoran, pero siempre han sido más conocidos fuera de la península que en casa. En especial, un vino único, el fondillón, que se tomaba en las cortes europeas del Barroco como un poderoso reconstituyente de ánimo y energías. Desde el siglo XV, Alicante es tierra exportadora de vinos y hoy es famosa por sus tintos de monastrell y por tener el mejor moscatel del mundo. Que no es poco.

En 1715 fallecía el Rey Sol, Luis XIV de Francia -el prototipo del absolutismo-, y cuenta la historia que, en su lecho de muerte en el Palacio de Versalles, con setenta años de reinado a las espaldas, su paladar y su estómago solo pedían una cosa: bollos frescos mojados generosamente en fondillón de Alicante. No era la única Casa Real de la época que se proveía del afamado vino de Alicante. La Corte inglesa de Jacobo II también era fanática de un vino que se tomaba como una auténtica medicina, como recuerda el presidente de la DOP Alicante, Antonio Miguel Navarro.

‘Enamórate de un alicantino’

Navarro es la memoria viva de los vinos de Alicante. De familia bodeguera, él también bodeguero y enólogo, lleva desde 1980 en el Consejo, donde ha pasado por todos los puestos posibles. Ocupa la presidencia nada menos que 15 años, aportando sabiduría, memoria y sentido común a manos llenas.

“En el primer barco que dio la vuelta al mundo”, cuenta, el ‘Victoria’ de Juan Sebas-tián, “iba fondillón y aguantó dos años sin estropearse”. Entonces iba más en el botiquín, para combatir enfermedades, que en la bodega. Las novelas de Emilio Salgari o de Alejandro Dumas seguro que le deben mucho a este vino, porque estaba en el mueble bar de sus autores y se lo daban de beber a sus personajes. ¡Qué mejor marketing se puede pedir a un vino!

De las tierras altas

Este vino, de quince o más grados pero sin alcohol añadido en la fermentación -es decir, naturalmente dulce-, proveniente de uvas tintas de monastrell sobremaduradas en las tierras altas de Alicante, que se vendimian a mediados de noviembre con muy baja producción y reconforta el ánimo y recupera las fuerzas de cualquiera que lo tomara.

Estuvo a punto de desaparecer por la competencia de otros vinos ‘fortificados’ -con añadidos de alcohol en la fermentación-, aparte de por una cuestión de moda. Sin embargo, vive un renacer desde hace tres décadas y es hoy un lujo del que solo salen cada año unas 6.000 botellas, auténticas joyas que se rifa el mercado internacional.

2016-mayo-Bodegas-Vicente-Gandia-finca-02-uvasEs un vino complejo en aromas y que pide larga espera, al menos diez o quince años antes de salir al mercado, porque tiene que ir pasando por diferentes barricas para tomar el bouquet característico.  Eso le da larga vida también en la botella, tanta que hace poco se sacó una botella de un pecio en el delta del Ebro que tenía un fondillón de un naufragio de 1813, cuyo vino probablemente era del siglo anterior y estaba “vivo”.

Otros vinos además del fondillón

Pero junto al fondillón, otros vinos de Alicante surcaban los mares, algo que no era fácil, porque los de menor cuerpo y alcohol terminaban picándose pronto. Está documentado que en 1498, un viajero alemán se sorprendía de las 27 naves de Flandes e Inglaterra que esperaban en los muelles de Alicante para abastecerse de vinos.

Por algo Fernando el Católico prohibió las mezclas de los vinos de Alicante con fo-ráneos, sancionando con grandes multas a los infractores, como modo de defender la autenticidad de los caldos que se hacían en Alicante. ¡Más de dos siglos antes de que el Marqués de Pombal delimitara las tierras del Duero medio para el vino de Oporto!

El fondillón es un vino único, que la DOP Alicante tiene que poner en valor, pero en cifras es casi una anécdota entre los 11,8 millones de botellas que se comercializan cada año con la contraetiqueta alicantina.

De todos esos vinos, hay dos grandes variedades que se reparten además las dos grandes zonas de la DOP, la costa para la blanca de moscatel y el interior de los tintos de monastrell (60 % del total), casi todos concentrados en Pinoso y Villena (suman el 45 % del viñedo ambos municipios). En total, más de 10.000 hectáreas que surten a 39 bodegas.

Para algunos, la mejor uva moscatel del mundo se produce en Alicante, en la Marina Alta, porque esta variedad mediterránea “se muere si no ve el mar”, dice Navarro respecto a otros moscateles. Son unas 500 hectáreas de fincas. “Eso le da la finura que tienen nuestros moscateles, tanto los secos como los dulces: la cercanía a las corrientes de aire marítimas, los suelos, el sol del Mediterráneo, etc.”.

En el interior, en la meseta alicantina, mandan los tintos de monastrell. Si un día fue carne de graneles camino de la exportación para mejorar los vinos europeos, hoy es auténtico fortín de calidad y excepción, con viñedo viejo de baja producción.

“Durante unos años pensábamos que las variedades foráneas eran las mejorantes, cuando en realidad la mejorante era la monastrell, que iba fuera para arreglar otros vinos gracias a su baja acidez total, su glicerina, grado y color”, recuerda Navarro.

La monastrell, junto con la garnacha (que lejos de la provincia se llama Alicante, lo que abunda en la calidad de su origen), eran las más utilizadas. Fueron los jóvenes enólogos que llegaron en las dos últimas décadas los que le dieron un revolcón a la viticultura y a la forma de elaborar, para demostrar que, con bajas producciones y viñedo viejo, se podían hacer vinos enormes.

Viñedos de interior

Estamos hablando de viñedos en el interior que llegan a los seiscientos metros de altitud y con un estrés hídrico de 300 mm al año, lejos del doble que capta la Marina por la influencia del mar. De ahí salen vinos jóvenes y envejecidos muy elegantes, suaves y modernos a la vez, aferrados a la tierra y su tipicidad, y que son ya habituales en los grandes premios internacionales.

Eso no quita para que también haya grandes vinos con variedades foráneas que se han adaptado muy bien a estos suelos, a pesar de que la mayor parte de ellas vienen de una Francia mucho más húmeda. Misterios del viñedo.

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