Cómo se adapta la universidad a los nuevos nichos de mercado

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Los representantes de la  Universidad Europea de Valencia (UEV)ImegenÉtica Grúas Alapont también opinaron sobre los nuevos nichos de mercado que se vislumbran en el horizonte y cómo debería adaptar la Universidad su oferta formativa para propiciar esos cambios.

Juan Morote señaló que hay varios tipos de sectores que van a ser emergentes en la Comunitat y uno de ellos va a ser el de la alimentación, “una industria que tiene mucho recorrido”. También van a ser importantes todos aquellos que basen su negocio en el conocimiento. Evidentemente, subrayó que “seguirá habiendo construcción, distribución, transporte… pero con unas limitaciones de personal”.

En cuanto al papel que debe jugar la Universidad, a juicio de Morote, esta deberá reinventarse de dos formas: manteniendo las carreras tradicionales que conducen a profesiones reguladas (Arquitectura, Ingenierías, Derecho, Medicina…); y además, vamos a una revolución en el mundo de la Universidad. “Vamos a tener que impartir una formación que permita a los estudiantes conseguir empleos y para eso hay que anticiparse al futuro. La Universidad ya no es el guardián del conocimiento ya que este está en internet para todo el mundo y es gratis. Por tanto, hay que ofrecer algo más”, por lo que “debemos ayudar a nuestros alumnos a ser útiles en un mundo en constante cambio y además muy acelerado. Para ello, deben tener capacidad de emprender, cambiar, adaptarse, reinventarse… pero no solo en actitudes, también en aptitudes y durante toda su vida”.

En concreto, vaticinó “las universidades de un tamaño más controlado y con una vertiente más empresarial vamos a estar mejor situadas para propiciar el cambio que aquellas con más de 50.000 estudiantes”

Ángela Pérez recalcó que cuando contratan a un licenciado en Biológicas le sobra el 80 % del conocimiento aprendido y le falta un porcentaje superior de conocimientos. De hecho, argumentó, que lo que busca en un currículo, más que el conocimiento, es “la motivación que tiene esa persona para trabajar en la empresa y su capacidad para aprender y cualficarse con todos los medios que tiene a su alcance”.

Igualmente, añadió también que le parece algo impensable que “las universidades, sobre todo las públicas, se acomoden y las nuevas tecnologías”. Además, valoró como increíble que “a determinados profesores universitarios les cueste trabajo cambiar el temario, cuando deberían estar contando en las aulas las nuevas técnicas que se están utilizandos y no tanta teoría que se puede conseguir fácilmente y sí mucho más fomentar la práctica”.

Morote adelantó también que “los estudiantes ya no cursarán un grado, sino que se harán un traje a medida sobre la formación que quieren adquirir para trabajar en un determinado ámbito. Decidirán en qué quieren formarse e irán añadiendo conocimientos que les pueden aportar distintas universidades tanto dentro como fuera de España”.

Pero, para llegar a este punto, anunció Morote“es necesario una base común que permita al alumno integrar el conocimiento. Por lo tanto, las universidades tienen que proporcionar: por un lado, la base generalista y por otro, facilitar esa especialización. Por ello, es fundamental crear redes de universidades para que no tengan que ofertar todas las materias. Además, el horario se ha acabado, uno tiene que poder aprender cuando quiera, a la hora que quiera y donde quiera”.

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Ángela Pérez también consideró importante que “las industrias se pronuncien sobre cuáles son las parcelas de conocimiento que más les interesan y transmitan esas demandas a la Universidad ya que, de esta forma, la oferta se adaptaría mejor a la demanda. A todo ello hay que sumar que un joven que se incorpora a la Universidad no tiene claro hacia donde quiere dirigir esa especialización, sabrá elegir la formación generalista pero no la especialización y para eso estamos las empresas que sí que sabemos lo que necesitamos”.

Asimismo, Ibáñez abogó por un cambio en la mentalidad de los que se están preparando para trabajar ya que, “conforme el mundo evoluciona vemos unas ‘cosechas’ u otras”. En su opinión, “las nuevas generaciones deben tener ganas de trabajar y contar con habilidades emocionales ya que, en aquellos sectores que están en continuo cambio, la formación se queda obsoleta rápidamente. Con lo cual o el trabajador tiene espíritu de mejora continua, de progreso y de irse adelantando al mercado y lo tiene que hacer por voluntad propia o se quedará fuera”

2016-nov-mesa-uev-Ibañez-AlapontFran Alapont también fue de la opinión de que si hubiera una unión entre Universidad y empresa “sí que sabríamos hacia dónde deberíamos ir. Es decir, si se supieran las necesidades se podría elaborar un plan de carrera para los estudiantes”.

Ante esta tesitura, Juan Morote puso sobre la mesa dos factores clave: la hibridación entre diferentes modelos de enseñanza –presencial, semipresencial, online…– que tendría que ser obligatoria en todas las universidades y, por otro lado, la hibridación entre titulaciones.

La Universidad al servicio de las empresas

¿Cómo debería evolucionar el modelo académico para ajustarse a las nuevas necesidades empresariales?

Juan Morote se decantó por introducir, acercar e implicar a las empresas en la Universidad. “El aula debe ser un entorno donde se reproduzcan escenarios reales de trabajo de las empresas. Se trata de una forma diferente de enseñar y para ello las aulas no pueden sobrepasar los 25 alumnos, a fin de facilitar una interlocución constante con la empresa, el laboratorio, etc.”.

Por su parte, Ángela Pérez echa de menos el plan de acción, la financiación y la constancia. “Se establecen acuerdos entre empresas y universidades pero cómo y cuándo se ejecutan no se sabe”, razonó.

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