Jueves, 13 de Junio de 2024
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Refinanciación y reestructuración financiera de la empresa

Gonzalo J. Boronat. Economista. Director general de GB Consultores Financieros, Tributarios y Legales. Socio de la Fundación de Estudios Bursátiles y Financieros.

2013-nov-opi-FEBF-logoEl sistema financiero español ha modificado de un modo muy importante su posición y situación en los últimos años: crisis, desaparición de entidades, absorción, reformas institucionales, cambio estratégico, morosidad… Si analizamos unos cuantos datos para evaluar la posición actual dentro del escenario en que se mueve el “proveedor financiero”, con quien la empresa tiene que negociar sus fuentes de financiación, observamos la presencia de una serie de problemas internos que evidentemente influirán en su actividad operativa.

El mapa bancario ha visto mermado de un modo significativo el número de entidades de crédito con la práctica eliminación de las cajas de ahorro y la reducción de los bancos. De modo que los proveedores financieros directos para las pymes no sobrepasan realmente las diez entidades lo que, evidentemente, dificulta en gran medida el acceso al crédito y provoca una mayor concentración de riesgos. Situación esta que impide alcanzar en muchos casos los volúmenes deseados de financiación y dificulta en múltiples ocasiones una adecuada y coherente distribución de garantías.

Además las entidades están en un proceso de importantes costes de transformación derivados del cierre de oficinas y ajustes de plantillas, junto con los procesos de fusión y/o absorción lo que supondrá, finalmente, una repercusión vía precio de las operaciones a realizar con sus clientes con el fin de conseguir equilibrar sus cuentas de resultados. Cuentas en las que podemos ver una importante caída en el volumen de ingresos, una errática evolución de los márgenes de intermediación y un fuerte incremento de los gastos de explotación; que implican una caída en el beneficio después de impuestos y, que en algunos años -2011 y 2012- nos muestran una posición económica negativa del sector que finalmente ha vuelto a los beneficios en el año 2013.

Todo ello deriva de cara a las empresas y familias en una posición en la que los tipos de interés se presentan en una horquilla mínima real, según la información del Banco de España, de entre el 5 al 6% como tipos medios, aunque todos sabemos que con los efectos derivados de las comisiones, estos costes son mucho más elevados. Además, el volumen de financiación ha descendido de un modo más que notable (prueba evidente de la disminución de ingresos antes mencionada) por lo que el crédito a las empresas es mucho menor y, como hemos visto, más caro.

Asimismo, la morosidad ha crecido desde los 10.480 millones de euros hasta los 192.504 del mes de noviembre de 2013, lo que supone un incremento del 193.38% desde el año 2008 con una tasa del 13.08% del crédito vivo. Estas dotaciones es evidente que repercuten vía precio a las empresas en sus nuevas operaciones de financiación. No obstante, hemos de recordar que la cifra de crédito dudoso es superior a la indicada debido a los traspasos realizados a Sareb que, en estos momentos mantiene unos activos de 50.781 millones de euros, lo que elevaría el crédito dudoso hasta los 243.285 millones de euros y situaría la tasa de morosidad de la banca española hasta el 16.53%.

Costes financieros más elevados

Podemos entonces concluir que el escenario actual del proveedor financiero básico de las empresas se encuentra en un proceso de reconversión con importantes costes internos y con una importante tasa de morosidad que merma sus resultados económicos, lo que implica a corto y medio plazo una situación de costes financieros elevados –o al menos más elevados que los de nuestros competidores europeos más cercanos-, lo que unido a la disminución del número de entidades con un menor volumen de financiación, hacen que la cantidad de crédito sea más escasa y mucho más selectivo a la hora de entrar en la financiación, tanto de nuevos proyectos como el circulante necesario para su funcionamiento, lo que requiere un nuevo planteamiento en las relaciones con dichas entidades.

No obstante, estamos observando que la posición de las entidades financieras ante la solicitud de operaciones de refinanciación y/o reestructuración financiera se ha modificado de un modo más favorable en los últimos tiempos, dado que no solo conocen la realidad empresarial sino que ellos mismos han tenido que utilizar este proceso para equilibrar sus posiciones de liquidez, al margen de los cambios legislativos recientes. (RDL 4/2014).

Una reestructuración no es una refinanciación sino que, la refinanciación es una consecuencia de la reestructuración empresarial. Las empresas deben afrontar una reestructuración financiera cuando no puede cumplir con sus compromisos de pago de la deuda dado que, técnicamente, los flujos de caja libres son inferiores a los servicios de pago de la deuda, lo que provoca una situación de tensión financiera (distress). En esos momentos, la clave para evitar la liquidación es alcanzar un acuerdo que parte de la base de que el valor de la empresa reestructurada es mayor que el valor de la empresa en liquidación y que, el proyecto de reestructuración es viable; a lo que hay que añadir el modo en el que se repartirá ese mayor valor empresarial evitando el procedimiento judicial.

Análisis y estrategia

En definitiva, se trata de un proceso en el que se han implantado previamente ciertas medidas de reestructuración operativa que han sido insuficientes. Un proceso que tan solo descansa en la parte financiera no conseguirá solucionar el problema, sino que tendremos un “problema refinanciado” de modo que para el buen fin de este tipo de operaciones es preciso implantar acciones operativas y acciones financieras.

Cuestiones sobre el análisis de los flujos de caja libres, su volumen, su composición y su sostenibilidad en el tiempo son claves para afrontar después el destino de dichos flujos, la credibilidad de los mismos y, a qué estamos renunciando para generar esa mayor liquidez, lo que supondrá una coherencia entre el business plan y los diversos componentes de los flujos de caja. Después, vendrán las cuestiones financieras: qué estructura de capital vamos a asumir y con qué costes, para alcanzar acuerdos en cuanto al nuevo plan de vencimientos de la deuda y su tipología (prelación, garantías…), que deberán ajustarse con un coherente plan financiero que tenga en cuenta no solo la corriente de pagos sino las necesidades operativas de fondos.

Resumiendo, el proceso de reestructuración financiera necesita de un profundo análisis de la estrategia con un plan económico y financiero que lo sustente de un modo factible, con el fin de conseguir una nueva posición de equilibrio pero que no sea, en ningún caso, un “problema refinanciado” que volverá a estar presente en un plazo más o menos corto, como ha sucedido en muchas de las operaciones en las que no se profundizó de un modo profesional en el planteamiento futuro.

 www.febf.org

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