La reputación, como el amor, crece cuando se comparte

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Fernando Olivares

Director de la cátedra de Empresa Familiar. Universidad de Alicante. 

La reputación, según la RAE, es la opinión, consideración, prestigio o estima en que son tenidos alguien o algo. El prestigio tiene que ver con el realce, buen nombre o renombre, buen crédito o credibilidad. Así pues, al prestigio se le confiere credibilidad, y a esta, autoridad, poder de influencia y de generar confianza.

Y aquí reside el supuesto valor de la reputación: tener reputación, en todos los órdenes de la vida, nos proporcionará más satisfacciones. Si generamos confianza podemos vender y comprar mejor.

Te dediques a lo que te dediques, intenta brillar, dejar huella y ser un referente –el referente a poder ser- en tu área de actuación: cocinero o titiritero, mago o funambulista, sherpa o pediatra, conductor de autobuses o de mercancías peligrosas, limpiar escaleras, dar clases de matemáticas a domicilio o cuidar niños el fin de semana, ambientar acuarios o esquilar mascotas o, incluso, medir intangibles.

Allá donde haya una actividad del tipo que sea, habrá personas, físicas o jurídicas, a las que, si estuviera a nuestro alcance, nos gustaría encomendarnos, por su buen nombre o prestigio. Es más, incluso quienes han hecho muy bien el mal gozan de reputación.

¿O acaso Robin Hood, Bonnie & Clyde o, incluso, ‘el Lute’, como fugitivos; Erik ‘el belga’ como ladrón de obras de arte; ‘el Torete’ como quinqui, o Lucky Luciano y Al Capone como mafiosos, no alcanzaron reputación en sus respectivos ámbitos? Para gozar de reputación solo se necesita hacer siempre muy bien lo que se supone que se tiene que hacer bien, y que quienes se benefician de ello así lo perciban y convengan…

Y que lo ‘viralicen’ ¡esto sería el ‘súmmum’! La cristalización de la reputación tiene lugar a partir del comportamiento, de la acción…

DAVID Y GOLIAT 

En el mundo de los negocios existe consenso sobre la idea de que la buena reputación es un factor que incide positivamente en la consecución de los objetivos corporativos y comerciales de las organizaciones. El buen hacer de una empresa, la palabra cumplida, la seriedad y fiabilidad, la trayectoria de éxitos, la confianza, los vínculos e intereses compartidos, en definitiva, construyen reputación.

Por cierto, las Pymes familiares son empresas más confiables y con mayor potencial reputacional que las empresas grandes y globales. ¿A qué esperan para gestionar en consecuencia, para asestar ese golpe definitivo, como hiciera David con Goliat, que les haga ganar en diferenciación? El retorno será mayor que la inversión, seguro.

Otra idea comúnmente aceptada es que se puede ganar la condición de “empresa reputada” solo gestionando la percepción pública de la reputación –casi siempre mediante la comunicación–. Conviene no caer en el error de conceder más importancia a la percepción de la reputación que a la reputación de la empresa en sí misma.

Cuando se habla de reputación online se entremezclan diversos conceptos. Hay quienes asocian la reputación online a la visibilidad, ‘noticiabilidad’, notoriedad, posicionamiento. A buen seguro, con profesionalidad y rigor, se ordenará este maremágnum conceptual.

NUEVAS OPORTUNIDADES 

Al hablar de reputación, la especificidad del espacio online para mí viene determinada por las infinitas posibilidades que ofrecen las herramientas tecnológicas al servicio de la medición, monitorización, seguimiento y control de los estados de opinión.

Pero también, y quizás no menos importante, a través del escenario online que se nos dibuja, se podrán establecer nuevos vínculos y relaciones que, bien gestionados, acrecentarán la reputación y los negocios de la empresa.

El fin, desde el punto de vista de la gestión profesional, sigue siendo el mismo: armonizar, coordinar, equilibrar las palabras con los hechos. El medio -ahora el digital- hay que entenderlo muy bien porque redimensiona el espacio y el tiempo. Y tiempo y espacio son dinero en el mundo del business.

Para las empresas, el coste de oportunidad de no entender la revolución tecnológica que vivimos es hoy elevadísimo: un lento declive o una rápida desaparición (¡que se lo digan a Kodak, Nokia o Blackberry!).

Las herramientas metodológicas de base tecnológica, al servicio de consistentes y fiables mediciones sobre recursos intangibles, como la percepción online o la reputación, cuando son realizadas por empresas reputadas, se suelen convertir en excelentes instrumentos para la toma de decisiones estratégicas y aportar así más valor para la empresa.

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