El propósito como brújula empresarial
Elena de la Llave
En un día como hoy, tal y como suele ser tradición por mi parte, me gustaría hacer una reflexión sobre lo que representa el día de Jueves Santo y poner de manifiesto los valores que podemos extraer para la gestión empresarial.
Jueves Santo nos sitúa ante una de las escenas más hondas y humanas del cristianismo: la de un líder que, sabiendo lo que se avecina, no elige el poder, ni la imposición, sino el servicio.
Jesús, en la víspera del sacrificio, se inclina para lavar los pies de sus discípulos y deja así una lección que atraviesa los siglos: la verdadera autoridad no se sostiene en la jerarquía, sino en la entrega.
En un tiempo como el actual, donde el liderazgo suele medirse por resultados, visibilidad o capacidad de influencia, veo muy necesario detenerse en el silencio moral de esta noche.

Oración en el Monte de los Olivos. Paso de la Semana Santa de Zamora.
Porque dirigir también tiene algo de soledad. De hecho, hay ríos de tinta que hablan de la soledad del líder. Hay decisiones que no se pueden delegar, cargas que no se comparten del todo y responsabilidades que aíslan incluso a quienes están rodeados de equipos, consejos y estructuras. La soledad del líder, en el mundo directivo, no siempre nace de la distancia, sino del peso de tener que discernir cuando no hay certezas plenas.
Jesús conoce esa soledad. La vive sin aspavientos ni victimismo. La asume desde la coherencia. Y ahí radica una enseñanza de enorme valor para quienes hoy ocupamos puestos de dirección, dentro y fuera de la empresa:
El día de Jueves Santo también nos recuerda que el liderazgo auténtico no está exento de incomprensión. A menudo, las decisiones más necesarias son también las menos aplaudidas. Quienes dirigimos sabemos que hay momentos en los que debemos avanzar sin unanimidad, afrontar dudas propias y ajenas, y hacerlo además con serenidad.
En este terreno, podemos adoptar los valores de Jesús como una brújula:
Quizá una de las mayores lecciones para el mundo directivo, que nos deja el día de Jueves Santo sea esta: la soledad del líder se vuelve estéril cuando se vive desde el ego; pero puede convertirse en un espacio de lucidez cuando se vive desde la conciencia, la responsabilidad y el compromiso con los demás.
De modo que para todas las personas que tengáis que afrontar la soledad de dirigir, no olvidéis que la verdadera altura del liderazgo se mide, al final, por la hondura de vuestra responsabilidad moral.
Elena de la Llave
Lucía Amorós, CEO en Importa Comunicación
Blanca Marín Ferreiro, Economista-Urbanista
Nadia Gueddar, Directora del Departamento Legal en Adaptat Contratación Pública