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Por qué los alemanes se jubilan en el Mediterráneo, nuestros jóvenes emigran al norte y los británicos salen de la Unión Europea

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Profesora Grado en Dirección de Empresas y Grado en Marketing Universidad CEU Cardenal Herrera

2016-junio-OPI-CEU-maria-pilar-garcia-alcoberEl último informe sobre el índice de competitividad regional en Europa proporciona una información muy interesante para entender algunas de las cosas que están ocurriendo en la sociedad europea. Los resultados de este informe ofrecen un diagnóstico de la realidad socioeconómica de las regiones europeas, que ayuda a entender por qué los jubilados del norte de Europa prefieren venir a vivir a nuestras costas, por qué nuestros jóvenes más cualificados encuentran más oportunidades laborales en el norte y por qué los británicos han decidido salir de la Unión Europea.

Los datos reflejan las diferencias entre países y, dentro de cada uno de ellos, entre sus regiones. A este respecto, por cierto, la dispersión detectada en el caso español es mucho más pronunciada que en el resto de países. 

La Comisión Europea publicó, el pasado mes de febrero, su informe sobre la competitividad de las regiones de la Unión Europea en el año 2016. Se trata del tercero de una serie de informes que da continuidad a los publicados en 2010 y 2013. La competitividad regional es definida como la capacidad que tiene una región de ofrecer un entorno atractivo y sostenible para las empresas y residentes que viven y trabajan en ella.

El índice de competitividad se calcula a partir de once variables, que pueden dividirse en tres grupos: grupo básico, grupo de eficiencia y grupo de innovación. Dentro del grupo básico tenemos variables referidas a las instituciones, la estabilidad macroeconómica, las infraestructuras, la salud y la educación básica. Dentro del de eficiencia se encuentra la educación superior, la eficiencia del mercado de trabajo y el tamaño del mercado. En el de innovación, por último, está la preparación tecnológica, la sofisticación empresarial y la innovación.

Según los resultados de este informe, las regiones más competitivas son, en primer lugar, Londres y su área de influencia; en segundo lugar, la zona de Berkshire, Buckinghamshire y Oxfordshire –también en Reino Unido–; en tercer lugar, el área de influencia de Utrecht; y en cuarto lugar, la de Estocolmo.

Aunque no queremos extendernos con la enumeración de las diez regiones más competitivas, si queremos destacar que, de esas diez, cuatro pertenecen al Reino Unido. Por otro lado, por primera vez desde que se publica el informe, la región holandesa de Utrecht no ocupa la primera posición, aunque sigue situándose entre las primeras, ocupando el tercer puesto, pero a muy escasa distancia del segundo.

Viendo la situación puntera que alcanzan las regiones del Reino Unido habría que plantearse si el esfuerzo que este país ha realizado en materia de competitividad no es también unas de las razones que les ha llevado a pensar que en el futuro les puede ir mejor solos que con la Unión Europea, sobre todo si se tiene en cuenta lo poco que se ha hecho en otras regiones europeas a este respecto.

En el otro extremo, las diez regiones que obtienen los índices de competitividad más bajos pertenecen a Grecia y Rumania, también hay una región búlgara y La Guayana francesa. Tras estos casos extremos, las áreas geográficas menos competitivas se concentran en Portugal, España, Italia y los países del este.

Dentro de España se detectan diferencias significativas entre las distintas comunidades autónomas. La de Madrid es la que cuenta con el índice de competitividad más elevado, si bien hay que tener en cuenta que muchas empresas españolas tienen su sede allí, por lo que puede haber un sesgo por el factor sede. Le sigue el País Vasco, comunidad que tampoco es comparable al resto por su régimen fiscal especial. El resto de comunidades autónomas españolas se sitúan por debajo –y algunas muy por debajo– de la media de la Unión Europea.

Al comparar la Comunidad Valenciana con los promedios europeos, se observa que estamos muy bien posicionados en materia de salud –23º entre las 263 regiones estudiadas–; sin embargo, en el resto de variables estamos siempre por debajo de la media, lo que también sucede –como ya he señalado– con nuestro índice global de competitividad. Los aspectos en los que peor situados estamos son el mercado de trabajo y la innovación.

La evolución del índice de competitividad a lo largo de los años es fundamental para determinar la dirección de una región. En este sentido, el estudio revela que, desde que se publicara el primer informe en 2010, todo el arco mediterráneo español ha sufrido un retroceso significativo. Este hecho es más preocupante de lo que a priori podría parecer, ya que, tras la ampliación de la UE en 2015, la media general del índice se ha visto reducida como consecuencia de la menor competitividad de los países que se incorporaron en ese proceso.

Viendo esos resultados no puede sorprender que nuestra Comunitat sea un destino muy atractivo para muchos jubilados del norte de Europa. Sus elevadas pensiones les permiten vivir holgadamente en nuestras costas, al tiempo que se benefician no solo de nuestro plácido clima mediterráneo, sino también de nuestro muy competitivo sistema sanitario.

La falta de oportunidades de nuestra Comunitat, sin embargo, es una contrapartida de gran coste que implica una importante pérdida de capital humano. La Comunitat necesita urgentemente una estrategia de innovación y mejora del mercado de trabajo, que frene el deterioro y la pérdida de mano de obra que se ha producido durante los últimos años, especialmente de aquella más cualificada que encuentra mejores oportunidades en otros países europeos más competitivos.

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