¿Cuánto cuesta ser fallero? El precio de la pasión por las Fallas
Quien decide ser fallero lo hace porque está convencido de que las Fallas se viven mejor desde dentro, es decir, formando parte de una comisión fallera. Valencia cuenta con 350 comisiones y cerca de 90.000 falleros censados. Pero, ¿cuánto cuesta ser fallero? ¿Cuánto hay que pagar para vivir la fiesta desde dentro?
Los falleros y falleras gastan 74 millones de euros y generan un impacto de 143,4 millones sobre las ventas al año, según el estudio de impacto económico ‘Las Fallas de la ciudad de València’, realizado por la Cátedra de Modelo Económico Sostenible de la Universitat de València.

El gasto que supone ser fallero, sin embargo, depende de múltiples factores. Los falleros o falleras que no pertenecen al cuadro de honor de la comisión destinan a estas actividades alrededor de 767 euros al año de media, mientras que los que sí pertenecen al cuadro de honor gastan unos 4.111 euros.
Para los falleros, especialmente aquellos que han vivido la fiesta desde pequeños, este gasto vale la pena. En la mayoría de los casos, se trata de una tradición tan arraigada que no lo perciben como un gasto, sino más bien como una inversión.
¿A qué partidas destina más dinero un fallero?
Según el citado informe de la Universitat de València, la indumentaria de fallera o de fallero, es decir, los trajes, representa el desembolso más grande. En concreto, un fallero que no forma parte del cuadro de honor de la comisión gasta aproximadamente 317,6 euros en indumentaria. Los complementos de la indumentaria, que incluyen aderezos, peinetas, manteletas, ahuecadores, espardeñas y zapatos, entre otros, constituyen otro de los mayores desembolsos.
Además de la vestimenta tradicional, otros textiles asociados a la fiesta suponen un gasto anual de unos 19,9 euros. En este caso, hablamos prendas como forros polares, parcas o blusones, que los falleros suelen lucir, especialmente, durante los días de las Fallas.
Las comidas y cenas asociadas a las actividades falleras representan también un gasto significativo, con una media anual de 83,6 euros. También destacan la lotería y las rifas de la falla, en las que un fallero puede invertir alrededor de 41,3 euros de media.
Por otro lado, la peluquería y el maquillaje suponen un gasto medio anual de 26,1 euros, mientras que los artículos de pirotecnia representan alrededor de 15,2 euros de media.
«No hay un precio establecido»
«Para ser fallero no hay un precio establecido», asegura Merche Hernández, miembro de la comisión Fernando El Católico-Ángel Guimerá. Esta fallera explica que el gasto varía en función de muchos factores, como la cuota de la comisión a la que uno decida unirse o el valor que cada persona otorgue a la indumentaria que luce.
En su caso, considera que la mayor inversión se destina a la vestimenta. Aunque no existe un precio fijo para un traje de fallera, esta indumentaria tradicional está compuesta por múltiples elementos: tela, manteletas, lazos, camisa, pololos, aderezo, peinetas, zapatos, lligacames, medias… «Si, además, tienes debilidad por este aspecto de la fiesta, el gasto no tiene fin», subraya.
En la misma línea se expresa Asia Sorlí, fallera de la comisión L’Eliana-Cid (Mislata), quien defiende que «el gasto de ser fallero varía según el año». «No puedo dar cifras exactas porque fluctúan. En mi caso, al pertenecer a una comisión de Mislata, que no está en el centro de Valencia, probablemente pague una cuota más baja, de unos veinte y pico euros mensuales», detalla.
¿Qué incluye la cuota? Depende de cada comisión, aunque, por lo general, incluye algunas de las actividades que se realizan durante el año, así como cenas y comidas de la Semana Fallera. Además, con esta cantidad de dinero, los falleros contribuyen al presupuesto general de la comisión, con el que se financia la plantà del monumento fallero.
Asia Sorlí señala también que hay otros gastos ocasionales, como puede ser participar en los disfraces de la falla, aunque el coste es «mínimo». «Son cosas que pueden ir sumando por el hecho de ser fallero, pero no es un gasto regular como la cuota mensual», añade.
Ser fallera, mucho más caro que ser fallero
Por su parte, Carmen Martín, Fallera Mayor de Valencia de 2022 y miembro de la comisión Falla Poeta Alberola-Totana, considera que «ser fallero puede ser un poco un lujo» en la actualidad. También coincide en que se trata de un gasto que varía mucho dependiendo de la zona, la falla a la que pertenezcas o el dinero que desees invertir en indumentaria.
«Mi falla es una falla de barrio y nos gusta plantar un monumento que nos represente y nos enorgullezca. Nuestras cuotas son de 30 euros, que no es mucho en comparación con comisiones de Sección Primera o Sección Especial, pero ya son 360 euros al año», señala.
De nuevo, Carmen Martín destaca que, además de la cuota, hay gastos adicionales, como cenas, comidas, lotería y otras actividades, que no están incluidos. No obstante, insiste en que el mayor desembolso es la indumentaria, cuyo coste varía según el presupuesto de cada persona y si se trata de un hombre o una mujer. «No es lo mismo vestir a un hombre que a una mujer. Hay precios para todos los bolsillos, pero el mayor gasto recae en la indumentaria femenina, que tiene muchos detalles. Por ejemplo, el aderezo es una de las partes más costosas», añade.
Un gasto que «vale la pena»
Merche Hernández, fallera de su comisión desde que nació, tiene claro que ser fallero no tiene precio. «¿Vale la pena la inversión? En mi caso, diría que totalmente sí», afirma con rotundidad.
«Las Fallas son una fiesta que se vive desde el corazón, transmitiendo cultura e historia de nuestra tierra de generación en generación. Por eso, más que un capricho, es una inversión en un sentimiento», destaca.
Además, defiende que las Fallas «son una fiesta abierta a cualquier persona, independientemente de su situación económica», algo que se refleja en la diversidad de cuotas según la comisión a la que se quiera pertenecer. «Si decides formar parte del cuadro de honor de tu falla, el gasto se multiplica, pero no conozco a nadie que se haya arrepentido de hacerlo», concluye.
Asia Sorlí tampoco considera ser fallera un gasto, ya que lo ha sido desde que nació: «Yo nací en la falla. Una de mis tías me apuntó, así que es una tradición familiar y algo que disfruto. Formar parte de una falla es integrarse en una cultura, y eso es precisamente lo que los valencianos mostramos a quienes nos visitan».
«Una forma de vivir»
A pesar del gasto que conlleva ser fallera, Carmen Martín lo vive como «un orgullo» y como una forma de «acercarse» a su familia. «Yo vivo la fiesta en familia y sigo con la tradición que mis bisabuelos inculcaron a mis abuelos, mis abuelos a mis padres y mis padres a mí», recalca.
Para la que fue la máxima representante de las Fallas en 2022, el coste no pesa tanto porque ser fallero «es una forma de vivir». «Cuando vas a la Ofrenda y piensas que estás participando en un acto que hace 100 años vivieron otras personas que se emocionaron por lo mismo, te sientes unido a tu pueblo», destaca.
Impacto del gasto de los falleros y falleras
Teniendo en cuenta el gasto que realizan los falleros a lo largo del año, ¿cuáles son los sectores económicos más beneficiados por esta tradición? Sin duda, el sector que más gana con el desembolso de los falleros y falleras es la industria textil. En el ejercicio 2022-2023, este sector registró un impacto de ventas de 42.846.411 euros, además de generar más de 240 empleos.
En segundo lugar, las actividades inmobiliarias y los servicios empresariales también experimentan un gran impulso gracias al movimiento económico generado por las Fallas, con un impacto de ventas de 18.367.876 euros. Este sector se beneficia principalmente de la actividad comercial, el alquiler de espacios y los servicios que se requieren para la organización de eventos.
Por otro lado, la hostelería es otro de los grandes beneficiados con unas ventas de 17.035.182 euros, así como el comercio, con un impacto de 15.961.788 euros.