Nuevo programa de trabajo Horizonte 2026-2027: las claves principales
Óscar Salazar, Managing Director de European Funds en Euro-Funding
El cierre de 2025 marcó un punto de inflexión en la inversión inmobiliaria en España. Diciembre registró un volumen de operaciones inusualmente elevado y enero de 2026 confirmó que no se trataba de un fenómeno puntual, sino del inicio de un nuevo ciclo de inversión caracterizado por mayor dinamismo, mayor asunción de riesgo y horizontes de gestión más cortos.
En este contexto, los family offices están adquiriendo un protagonismo creciente. Su ventaja competitiva no reside únicamente en el volumen de capital, sino en su capacidad para tomar decisiones con rapidez, estructurar operaciones complejas y asumir riesgos técnicos o urbanísticos donde otros inversores encuentran mayores limitaciones.
El resultado es un cambio de paradigma: del tradicional modelo de «comprar y mantener» se está pasando a un enfoque más activo basado en «comprar o desarrollar, transformar, estabilizar y vender». En este nuevo ciclo, la rentabilidad depende menos del mercado y más de la calidad de la ejecución.
España se consolidó en 2025 como uno de los mercados inmobiliarios más dinámicos de Europa. La inversión inmobiliaria superó los 18.400 millones de euros, un 31 % más que en 2024 y el mejor registro desde 2018. En los primeros nueve meses del año, la inversión ya acumulaba cerca de 12.900 millones, un 44 % más interanual.
Este crecimiento se produce en un entorno de relativa estabilidad macroeconómica. Tras crecer un 3,2 % en 2024, la economía española cerró 2025 con un avance del PIB del 2,8 %, por encima de la media de la eurozona, con previsiones superiores al 2 % para 2026. A ello se suma un mercado laboral sólido y una demanda interna que actúa como soporte estructural.
El cambio de ciclo monetario también está devolviendo liquidez al mercado tras los años de subida de tipos de interés. La estabilización del coste financiero ha reactivado operaciones de compra directa, reposicionamientos y proyectos de transformación, favoreciendo especialmente a inversores con capacidad de asumir riesgo controlado.
El family office actual se ha transformado profundamente. Lejos del perfil puramente conservador del pasado, hoy se trata de estructuras profesionalizadas capaces de combinar estabilidad patrimonial y crecimiento mediante estrategias multiestrato.
Las carteras suelen organizarse en tres horizontes temporales:
Los fondos de inversión siguen siendo un elemento estabilizador del patrimonio, mientras que las inversiones directas concentran la generación de plusvalías. La principal ventaja competitiva sigue siendo la rapidez de decisión, clave para acceder a operaciones complejas donde el timing resulta determinante.
Durante 2025, los sectores Living, Hoteles y Retail concentraron cerca del 69 % de la inversión inmobiliaria total en España. Este «triángulo del capital» refleja la preferencia por segmentos con demanda estructural y capacidad de creación de valor.
El Living lideró el mercado con más de 5.400 millones de euros, impulsado por el déficit residencial, el build-to-rent, el flex living y las residencias de estudiantes. El sector hotelero alcanzó 4.275 millones, consolidando a España como mercado refugio turístico. El Retail recuperó atractivo en formatos de conveniencia y parques comerciales.
Las oficinas regresaron con fuerza, aunque de forma polarizada hacia activos de máxima calidad, mientras que el sector industrial y logístico mantiene un papel defensivo, especialmente en operaciones de modernización y venta con inquilino.
El ciclo actual demuestra que la rentabilidad depende menos del sector y más del nivel de intervención. Los activos core ofrecen retornos moderados con bajo riesgo, mientras que las estrategias value-add y transformacionales elevan la rentabilidad a costa de mayor complejidad operativa.
El valor ya no está en adquirir inmuebles terminados, sino en resolver activos imperfectos: cambios de uso, rehabilitaciones integrales, promociones inacabadas o activos obsoletos. La plusvalía se genera mediante gestión: licencias, diseño, costes, plazos y estrategia de salida.
El tiempo deja de ser un aliado pasivo y se convierte en una variable crítica a controlar.
La Comunitat Valenciana reúne condiciones especialmente favorables para este tipo de estrategias: patrimonio familiar histórico, diversidad de activos y costes aún competitivos. Desde la transición de activos agrícolas hacia energía renovable hasta grandes operaciones inmobiliarias, el territorio permite combinar estabilidad y riesgo.
Destacan especialmente el Living, las residencias de estudiantes, la rehabilitación de oficinas de alto estándar, la modernización industrial y logística, el sector hotelero urbano y vacacional, los cambios de uso y el retail de proximidad.
En este contexto, la oficina se ha transformado en un activo tecnológico, sostenible y centrado en el bienestar del usuario. Certificaciones ESG, eficiencia energética y flexibilidad operativa se han convertido en factores económicos determinantes.
En el nuevo ciclo inmobiliario, el riesgo ya no está en el activo, sino en la gestión. Licencias, plazos, costes, normativa y explotación determinan el éxito de las operaciones. Quien gestiona mejor, gana.
Alberta Norweg se posiciona en este escenario como gestor técnico-estratégico especializado en family offices. En 2025 la compañía creció un 54 %, duplicando su negocio patrimonial.
Su modelo integral —viabilidad, proyecto, obra, operador y salida— responde a las necesidades de operaciones con horizontes de 12 a 24 meses. La obtención del Sello EFQM 500+ (Modelo 2025) refuerza esta orientación hacia la excelencia en la gestión.
El año 2026 consolida un modelo de inversión con mayor rotación, mayor riesgo y mayor exigencia en la gestión. Residencias de estudiantes, hoteles con marca y activos preparados para la venta dominan el ciclo.
El capital familiar lidera esta transformación por su capacidad de decisión y ejecución. En este nuevo escenario, el éxito depende menos del contexto macroeconómico y más de la capacidad para convertir complejidad en producto y riesgo en valor.
La conclusión es clara: el éxito ya no depende del contexto macro, sino de la calidad de la gestión. Quien convierta complejidad en producto y riesgo en valor liderará la siguiente fase del mercado.
Óscar Salazar, Managing Director de European Funds en Euro-Funding
Mayte Carvajal, Mentora de Negocio y RRHH para empresarias
Olivier Micheli, Presidente y CEO en Data4
Elena Sánchez Calvo, Presidenta en Casa Caridad Valencia