La representación proporcional en la sociedad limitada: una cuestión clave
José Miguel Moreno, Responsable del Departamento Jurídico Mercantil en Grupo Brío
Tras varias semanas de negociaciones infructuosas en las que las partes no alcanzaron un acuerdo aceptable para ninguna de ellas sobre el programa nuclear iraní, el 28 de febrero la aviación de EE.UU. e Israel comenzaron la operación «Furia Épica», consistente en un ataque de corte preventivo contra posiciones militares y, de forma muy selectiva, contra dirigentes iraníes, ataques que acabaron con la vida del líder supremo de Irán, ayatolá Alí Jamenei, y con muchos de sus principales colaboradores.
A partir de ese momento, los inversores han ido barajando varios escenarios diferentes sobre el impacto del conflicto en Oriente Medio en los mercados financieros mundiales, escenario que pasamos a enumerar y a valorar a continuación.
En un primer momento, los inversores apostaron por un conflicto corto, de unas cuantas semanas, muy similar al que tuvieron que afrontar el pasado mes de junio, tras la denominada Operación «Martillo de Medianoche», cuanto también fuerzas estadounidenses e israelíes atacaron y, según informes oficiales, destruyeron completamente tres instalaciones nucleares principales de Irán: Fordo, Natanz e Isfahán.
A pesar de que, según este primer escenario barajado, la guerra sería corta y todo volvería a la «normalidad» tras su finalización, la primera reacción de los mercados fue radical, con el precio del petróleo y del gas disparándose al alza, los precios de los bonos cayendo con fuerza y sus rendimientos rebotando sensiblemente, el precio de activos que como el oro habían subido mucho, cediendo también con fuerza, y los principales índices bursátiles mundiales, que en ese momento se situaban muchos de ellos muy cerca de máximos históricos, cayendo con fuerza, liderados por los valores más ligados al ciclo económico y por los que mejor lo habían venido haciendo en los últimos meses, mientras únicamente aguantaban el tipo los ligados a la energía. El dólar y el franco suizo, por su parte, actuaron como refugio.
No obstante, y con la esperanza de que la operación terminara en unas semanas, los descensos de todos estos activos se moderaron e, incluso, hubo días en los que intentaron recuperarse. Por tanto, el primer escenario barajado por los inversores fue el de un recorte o pull back, es decir, de una caída de las bolsas de entre el 5% y el 9,9%.
El segundo escenario, que es el que creemos que actualmente están descontando los inversores, es sensiblemente más negativo para los mercados financieros globales, ya que contempla un conflicto más largo, de al menos un par de meses. Así, tras el cierre de facto del estrecho de Ormuz por parte de Irán, canal marítimo por el que atraviesa cerca del 20% de la producción de petróleo y de gas natural licuado (GNL) del mundo y una tercera parte de la de fertilizantes, y la incapacidad manifiesta por parte de EE.UU. y de Israel de volverlo abrir, los precios de ambas materias primas se han disparado al alza, con el del petróleo Brent llegando en momentos puntuales a acercarse al nivel de los 120 $ el barril.
Los esfuerzos coordinados de los 32 países miembros de la Asociación Internacional de la Energía (AIE) que, el pasado 11 de marzo acordaron unánimemente liberar 400 millones de barriles de petróleo de sus reservas estratégicas y el levantamiento parcial y temporal de las sanciones al petróleo ruso e iraní, han servido para evitar que el precio del petróleo suba más, al menos de momento, pero no han podido evitar cierto pánico entre los inversores, que ven como el alza del precio del gas, del petróleo y de los fertilizantes está ya filtrándose.
Estas alzas terminarán filtrándose en las distintas economías, provocando un incremento generalizado de la inflación y, por ello, condicionando las políticas monetarias de los principales bancos centrales, tal y como ya ha ocurrido. Así, en las reuniones de mediados de marzo de los comités de política monetaria de los bancos centrales de EE.UU., de la eurozona, del Reino Unido y de Japón, entre otros, sus responsables han optado por mantener sus tasas de referencia sin cambios ante la incertidumbre reinante, abriendo la puerta incluso a subirlos si la situación se enquista.
Es más, los mercados empiezan a descontar que tanto el BCE como el Banco de Inglaterra (BoE) pueden acabar subiendo sus tasas en los próximos meses. La reacción de los mercados de bonos y acciones a este nuevo escenario ha sido muy negativa, con los principales índices bursátiles europeos y estadounidenses cediendo definitivamente todo lo ganado en el año y, algunos de ellos, entrando en lo que se conoce como corrección técnica, fase en la que entra el precio de un activo cuando ha cedido más del 10% desde su último máximo. De atisbarse el fin del conflicto y, sobre todo, la reapertura del estrecho de Ormuz, este escenario creemos que sería todavía reconducible.
El tercer escenario, que entendemos que todavía no está descontado por los inversores, sería el más negativo: que el conflicto se enquiste durante meses y que las interrupciones en la oferta de gas y petróleo provoque nuevas alzas en los precios de estas materias primas, impulsando de esta forma al alza la inflación a nivel mundial, lo que terminaría por lastrar el crecimiento económico global, llevando a muchas economías a entrar en estanflación, escenario de altos precios y bajo crecimiento e, incluso, en recesión.
Este escenario provocaría nuevas y fuertes caídas en los mercados de bonos y acciones –los principales índices podría entrar en mercado bajista, al llegar a ceder más del 20% desde sus últimos máximos–, mientras que los bancos centrales, que casi siempre «acuden al rescate», se encontrarían «atados de pies y manos», no pudiendo estimular el crecimiento económico con bajadas de tipos ante la alta inflación. Además, la mayoría de economías occidentales, que presentan altos niveles de endeudamiento público, también tendrían limitada su capacidad de intervenir mediante agresivas políticas de tipo fiscal.
Un escenario así entendemos que perjudicaría, y mucho, a los intereses del presidente estadounidense, Donald Trump, y de su partido, el Republicano, que en noviembre se enfrentan a las elecciones de mitad de legislatura, en las que se renueva totalmente la Cámara de Representantes y parte del Senado.
Es por ello por lo que apostamos que es el segundo escenario el más probable. De ser así, los precios de la energía comenzarán a bajar, pero de forma paulatina, y los mercados de bonos y acciones, tras estabilizarse, intentarán recuperar lo perdido ya que el impacto en la economía real sería todavía muy manejable. El mayor riesgo es que Irán opte por seguir intentando impedir el paso por Ormuz, algo que vemos complicado que pueda evitarse sin llegar a un acuerdo con los nuevos líderes del país.
José Miguel Moreno, Responsable del Departamento Jurídico Mercantil en Grupo Brío
Elisa Valero, Socia Directora en Economía 3
Elena de la Llave
Lucía Amorós, CEO en Importa Comunicación