El propósito como brújula empresarial
Elena de la Llave, CMO en Ysabel Mora
La internacionalización ya no es una opción. Es una obligación. Durante años, salir al exterior fue una palanca de crecimiento para muchas empresas, una forma de diversificar ingresos o ganar tamaño. Hoy, sin embargo, se ha convertido en algo mucho más estructural: en un requisito para sobrevivir en un entorno global cada vez más fragmentado, incierto y competitivo.
Las tensiones geopolíticas, los cambios en las cadenas, el auge del proteccionismo o la volatilidad regulatoria están redefiniendo el mapa del comercio. Las empresas ya no compiten únicamente por vender fuera, sino por entender mercados complejos, anticiparse a los riesgos y adaptarse a realidades culturales muy distintas. Y en ese contexto, hay un factor que se repite como clave: el talento.
Desde la Universidad Europea de València, donde actualmente el 65,1 % del alumnado es internacional (59,8 % en grado y un 72 % en posgrado), la transformación se percibe de forma directa.“Las empresas buscan perfiles que entiendan el mundo en el que operan, no solo desde el punto de vista del negocio, sino desde la geopolítica y la dimensión cultural”, explica Frederic Mertens de Wilmars, director de Ciencias Jurídicas de la Universidad Europea.
La realidad empresarial, reunida en una mesa de debate moderada por Economía 3, puso sobre la mesa los desafíos que implica hoy salir al exterior. “La situación es complicada, pero eso no implica que no tengas que hacer tu trabajo y salir a vender”, resume Ignacio Gómez-Trenor, Commercial & Donor Program Director, Iberia & LATAM en IVIRMA, grupo especializado en medicina reproductiva asistida. La compañía, con cerca del 40 % de su actividad internacional, opera a nivel global y ha reforzado su posicionamiento en mercados como Europa y Oriente Medio, donde incluso ha acometido adquisiciones recientes. La clave, insiste, está en la estrategia: “Mientras lo hagas con cabeza y con un buen plan, hay oportunidades”.
Ese equilibrio entre riesgo y oportunidad se ve claramente en sectores como el del vino. María José López Peidro, directora comercial de Chozas Carrascal, describe un momento especialmente delicado: exceso de oferta global, caída del consumo y mercados tradicionales debilitados. “Europa, que era un mercado muy importante para nosotros, ha perdido atractivo en los últimos años”, señala. Sin embargo, incluso en ese escenario aparecen nuevas oportunidades. Países como Canadá o Japón están ganando peso.
A esta visión se suma la de Carmen Giménez Soriano, directora de exportación de JISO Iluminación, quien subraya la importancia de la constancia y la estrategia en el tiempo: “En el momento en que decides no salir al mercado, desapareces. Hay que salir, pero con una buena estrategia y con todo bien organizado”. “Si no conoces el país, no puedes vender. Hay que ir, verlo y entenderlo”, insiste.
En paralelo, la digitalización ha cambiado profundamente las reglas del juego. Ahora, acceder a mercados internacionales es más fácil que nunca gracias a los marketplaces, el comercio electrónico y las herramientas digitales. “Plataformas como Amazon te permiten entrar en otros países con apoyo a nivel logístico, fiscal o legal”, detalla Juan Broseta, CEO de Padeco. Pero ese acceso más sencillo no implica que el proceso sea menos exigente. Al contrario: la competencia es mayor y la estrategia más determinante.
Además, la tecnología evoluciona a una velocidad difícil de seguir. “Nadie estaba preparado para cómo han cambiado los buscadores con la inteligencia artificial”, reconoce Gómez-Trenor: “Si no estás ahí, desapareces”. La digitalización abre puertas, pero también obliga a una adaptación constante, a revisar modelos de negocio y a incorporar nuevas capacidades casi en tiempo real.
“Nos falta talento. Tenemos posiciones abiertas que no podemos cubrir”, admite Gómez-Trenor. Las empresas buscan perfiles capaces de adaptarse, con pensamiento crítico, dominio de idiomas y, sobre todo, comprensión cultural. “El idioma es importante, pero no suficiente”, apunta Mertens. “La dimensión cultural es clave para operar en entornos internacionales”.
Ante esta realidad, la universidad también está cambiando. El objetivo ya no es únicamente formar, sino preparar para la empleabilidad en un entorno global. “Hemos ido adaptando los grados y posgrados analizando los mercados en los que van a trabajar los alumnos. Si nosotros no podemos garantizar su empleabilidad, tenemos un problema”, explica Javier Muñoz de Prat, coordinador de Emprendimiento y director de los MBA de la Universidad Europea de València. En este contexto, la universidad apuesta por metodologías que conectan directamente con la empresa, como el challenge-based learning, donde los estudiantes trabajan sobre retos reales planteados por compañías. “El alumno no solo aprende teoría, sino que se enfrenta a situaciones reales”, añade.
A ello se suma el propio entorno internacional del aula. La convivencia con estudiantes de múltiples nacionalidades permite desarrollar habilidades interculturales de forma natural. “El alumno vive esa diversidad cada día, no es algo teórico”, añade Mertens. En un contexto donde las empresas operan en múltiples mercados, esta experiencia se convierte en un valor diferencial.
En este nuevo escenario, internacionalizarse ya no consiste en abrir mercados sin más. Requiere foco, estrategia y capacidad de adaptación. Elegir bien dónde entrar, entender cada contexto y avanzar paso a paso. “No puedes ir detrás de todo. Tienes que elegir y centrarte”, resumía Giménez Soriano. Pero, sobre todo, requiere personas preparadas para moverse en un entorno cambiante. Porque en un mundo donde todo se transforma —los mercados, la tecnología, las reglas— hay algo que sigue marcando la diferencia: el talento.
Maria ToldràGraduada en Periodismo por la Universitat de València, está especializada en periodismo de datos tras cursar el Máster en Periodismo de Investigación, Datos y Visualización de Unidad Editorial. Ha crecido profesionalmente en El Mundo y Europa Press. Desde 2026 es redactora en Economía 3 y bucea entre cifras económicas.
Elena de la Llave, CMO en Ysabel Mora