Los grandes bancos centrales endurecen su política monetaria
El repunte de la inflación energética lleva a la Fed y al BCE a subir los tipos, mientras Japón acelera la normalización monetaria y Reino Unido mantiene una postura restrictiva
La política monetaria de las principales economías mundiales ha dado un giro significativo en las últimas semanas. La Reserva Federal estadounidense y el Banco Central Europeo han subido los tipos de interés, el Banco de Japón ha acelerado su proceso de normalización monetaria y el Banco de Inglaterra ha optado por mantener el precio del dinero, aunque con un mensaje mucho más restrictivo.
El elemento común detrás de estas decisiones es el repunte de las presiones inflacionistas, especialmente derivadas del fuerte incremento de los precios energéticos asociado al conflicto en Oriente Medio.
El resultado es un escenario particularmente relevante para los mercados: frente a las expectativas de una progresiva relajación monetaria que dominaban hace unos meses, los inversores vuelven a enfrentarse a la posibilidad de que los tipos permanezcan elevados durante más tiempo e, incluso, a nuevas subidas.
El BCE fue el primero de los grandes bancos centrales en actuar. En su reunión del 10 de septiembre elevó en 25 puntos básicos sus tres tipos oficiales. El tipo de depósito pasó al 2,50%, el de refinanciación al 2,65% y la facilidad marginal de crédito al 2,90%. La decisión respondió fundamentalmente al shock energético. El BCE prevé ahora una inflación media del 3,0% en 2026, del 2,5% en 2027 y del 2,1% en 2028, cifras superiores al objetivo del 2,0% durante el horizonte de previsión.
La particularidad del BCE es que el deterioro de las perspectivas de inflación convive con una economía europea algo más resistente de lo previsto. La institución ha elevado sus previsiones de crecimiento para 2026 y 2027, lo que le proporciona mayor margen para endurecer la política monetaria sin asumir inmediatamente un elevado riesgo de recesión. El BCE mantiene, no obstante, una estrategia dependiente de los datos y de evaluar reunión a reunión, sin comprometerse con una trayectoria concreta de tipos.
La Reserva Federal dio un paso todavía más significativo. El 16 de septiembre elevó 25 puntos básicos el rango objetivo de los fondos federales, hasta el 3,75%-4,00%, lo que supuso la primera subida de tipos estadounidense en más de tres años. La decisión fue aprobada por unanimidad. La Fed justificó la decisión por una combinación de actividad económica sólida, consumo doméstico resistente, fuerte crecimiento de la productividad y una inflación todavía demasiado elevada respecto a su objetivo del 2,0%. El encarecimiento de la energía ha complicado además el proceso de desinflación.
Pero el aspecto más importante para los mercados no fue tanto la subida de 25 puntos básicos como las nuevas previsiones de los miembros del Comité Federal de Mercado Abierto. Dieciséis de los dieciocho miembros contemplan al menos otra subida antes de finalizar 2026. Además, las previsiones han incorporado una perspectiva de inflación más elevada que en junio. La Fed, por tanto, está transmitiendo un mensaje claro: la prioridad vuelve a ser evitar que el shock energético se transforme en una inflación persistente.
Esta circunstancia resulta especialmente relevante porque el mercado había descontado anteriormente un escenario de relajación monetaria.
El Banco de Inglaterra adoptó una posición intermedia. Mantuvo su tasa de referencia en el 3,75%, pero la votación mostró una división significativa: seis miembros apoyaron mantenerlo y tres defendieron una subida de 25 puntos básicos hasta el 4%.
La institución reconoce que la inflación británica alcanzó el 3,1% en agosto y anticipa que podría superar el 4,0% a comienzos de 2027 como consecuencia del encarecimiento energético. Sin embargo, hasta ahora considera que existen pocas evidencias de efectos de segunda ronda suficientemente intensos sobre salarios y precios como para justificar una subida inmediata. No obstante, el gobernador del banco, Andrew Bailey, ha advertido de que, si el conflicto y los elevados precios energéticos se prolongan, el Banco de Inglaterra podría tener que endurecer la política monetaria.
El Banco de Japón ha dado probablemente el paso más simbólico. El 18 de septiembre elevó su tipo de referencia desde el 1,0% hasta el 1,25%, máximo en 31 años, mediante una votación de 7 a 2. Aunque el nivel absoluto sigue siendo muy inferior al de EEUU, Reino Unido o la Eurozona, la importancia de la decisión trasciende los 25 puntos básicos. Japón está abandonando definitivamente el régimen monetario ultralaxo que caracterizó las últimas décadas. La subida pretende evitar que la inflación supere de forma persistente el objetivo del 2,0%, en un contexto en el que los precios energéticos, los salarios y la debilidad del yen están aumentando las presiones inflacionistas.
¿Qué significa todo ello para los mercados?
Para el mercado de bonos, el cambio de escenario es potencialmente relevante. Si los inversores asumen que los bancos centrales deberán mantener los tipos elevados durante más tiempo, las rentabilidades exigidas en la deuda pública tenderán a permanecer altas, especialmente en los vencimientos largos. El riesgo es mayor en aquellos mercados donde las primas de plazo ya son elevadas. Al mismo tiempo, una política monetaria más restrictiva puede terminar frenando el crecimiento y provocar posteriormente una caída de las rentabilidades si aumenta el temor a una desaceleración económica.
En renta variable, unos tipos más elevados aumentan la tasa de descuento utilizada para valorar los beneficios empresariales y elevan el coste de financiación. El impacto puede ser especialmente significativo sobre compañías de crecimiento y sectores cuyos flujos de caja se concentran en el futuro. Por el contrario, bancos y otras entidades financieras pueden beneficiarse inicialmente de unos tipos más altos. La evolución de los beneficios empresariales será, por tanto, decisiva para determinar si las bolsas pueden absorber el endurecimiento monetario.
En divisas, la divergencia entre bancos centrales vuelve a adquirir importancia. La Fed mantiene el tipo oficial claramente por encima del BCE y del BoE, mientras Japón continúa en un nivel muy inferior. En principio, estas diferencias favorecen al dólar frente a monedas cuyos bancos centrales adopten una política relativamente más expansiva.
En definitiva, el elemento diferencial del mes de septiembre es que los cuatro grandes bancos centrales han dejado atrás, aunque con distinta intensidad, la narrativa de una relajación monetaria prácticamente asegurada. El BCE y la Fed han subido tipos; Japón ha acelerado la normalización y Reino Unido ha mantenido los tipos, pero con una creciente predisposición a endurecerlos.
Para los mercados globales, el principal riesgo ya no es únicamente cuánto subirán los tipos, sino durante cuánto tiempo deberán permanecer elevados para impedir que el shock energético se transforme en una nueva fase de inflación persistente. La respuesta determinará la trayectoria de las curvas de deuda, las valoraciones bursátiles y los diferenciales entre las principales divisas durante los próximos meses.
Rut Ballesteros, Experta en sostenibilidad y estrategia ESG y autora de Sostenibilidad sin maquillaje
Elisa Valero, Socia-directora de Economía 3





