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Celsa reduce su deuda en 2.555 millones: ¿de dónde viene la mejora?

La siderúrgica baja su deuda de 3.689 a 1.134 millones y eleva el margen EBITDA del 8,2% al 16%, entre mejora operativa y reestructuración financiera

Celsa reduce su deuda en 2.555 millones: ¿de dónde viene la mejora?
Publicado a 12/10/2026 18:22

Celsa Steel, S.A. llega a su revisión estratégica con una fotografía financiera difícilmente comparable con la que presentaba cuando sus actuales accionistas tomaron el control en septiembre de 2023. La compañía cerró el primer semestre de 2026 con 1.786 millones de euros de ingresos, 288 millones de EBITDA ajustado y 50,7 millones de beneficio neto, mientras su margen EBITDA se elevaba hasta el 16%. La deuda neta senior post-refinanciación se situó en 1.134 millones, con un apalancamiento de 2,3 veces.

Dos años y diez meses antes, el punto de partida era otro: 3.689 millones de deuda neta y una ratio de 8,4 veces EBITDA. La diferencia, 2.555 millones menos de endeudamiento según las cifras publicadas por la propia compañía, explica por qué los accionistas que asumieron el control tras la reestructuración pueden plantearse ahora una eventual puesta en valor de sus participaciones. Pero sería demasiado sencillo concluir que Celsa ha amortizado esa deuda exclusivamente con el dinero generado por sus fábricas.

No ha sido así. La recuperación tiene dos motores que conviene separar. El primero es industrial: más EBITDA, más margen y un negocio que ha vuelto al beneficio. El segundo es financiero: capitalización de deuda, aportaciones de accionistas, venta de activos y una refinanciación que ha reducido el coste financiero anual en aproximadamente 80 millones de euros. La nueva Celsa es más rentable, pero también es el resultado de una profunda cirugía de balance.

Ahí está la clave de la operación que ahora estudian sus accionistas: el activo que eventualmente quieran vender, mantener o monetizar ya no soporta el mismo riesgo financiero que en 2023, pero una parte relevante de esa transformación no procede de generación orgánica de efectivo, sino de haber cambiado cómo se financia la compañía.

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De un margen del 8,2% al 16%

El cambio operativo empieza a verse con claridad al seguir el EBITDA.

Celsa cerró 2024 con 3.360 millones de euros de ventas y 274 millones de EBITDA, equivalente a un margen del 8,2%. El resultado de explotación fue positivo en 65 millones, aunque el resultado financiero todavía fue negativo en 322 millones, reflejo del enorme peso que seguía teniendo la estructura de financiación.

En 2025, la facturación fue de 3.347 millones, ligeramente inferior, pero el EBITDA escaló hasta 396 millones, un 44% más que el año anterior. El margen, por tanto, se acercó al 12%, pese a que las ventas prácticamente no crecieron. El resultado de explotación alcanzó 156 millones, un 142% más, mientras el patrimonio neto ascendió a 322 millones, un 83% por encima del ejercicio anterior.

Esa combinación es más relevante que el volumen de facturación por sí solo. Celsa prácticamente mantuvo ingresos, pero convirtió una proporción mucho mayor de cada euro vendido en resultado operativo.

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El primer semestre de 2026 ha llevado esa tendencia un paso más allá. Los 288 millones de EBITDA ajustado sobre 1.786 millones de cifra de negocio sitúan el margen alrededor del 16%, nivel que la propia empresa publica como cuatro puntos superior al conjunto de 2025 y por encima del mismo periodo del ejercicio anterior. El EBITDA ajustado de los últimos doce meses alcanzaba ya 461 millones en junio.

Es probablemente el dato que mejor demuestra que aquí no ha habido únicamente una reestructuración financiera. La mejora del balance explica parte del nuevo riesgo de Celsa; la mejora del margen explica por qué la empresa industrial que queda dentro de ese balance vale potencialmente más.

La deuda cae un 69%, pero no todo es generación de efectivo

El salto financiero es todavía más elevado. En noviembre de 2023, antes de la reestructuración, Celsa situaba su deuda neta en 3.689 millones de euros. En diciembre de 2025, después de completar la refinanciación senior, el dato había caído a 1.145 millones. La ratio de apalancamiento pasó de 8,4 a 2,4 veces EBITDA.

En junio de 2026, la compañía informa de 1.134 millones de deuda neta senior post-refinanciación y una ratio de 2,3 veces. Es decir, la gran caída del endeudamiento ya se había producido antes de comenzar 2026. Entre diciembre y junio, utilizando las métricas comunicadas por la empresa, la reducción adicional es mucho menor que la transformación experimentada desde 2023.

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Ese punto importa. La propia Celsa explicó en sus cuentas de 2024 que la caída inicial de deuda se apoyaba en tres factores: capitalización de deuda, una ampliación de capital de 109 millones aportada por los accionistas y los ingresos procedentes de las desinversiones de Reino Unido y Noruega. A cierre de 2024, la deuda neta se había reducido en 1.793 millones frente al nivel previo a la reestructuración, hasta 1.896 millones.

La transformación continuó en diciembre de 2025 con una refinanciación que incluyó 1.200 millones de euros de bonos verdes, una nueva línea de crédito de 200 millones y una aportación de 800 millones de los accionistas, dividida entre una ampliación de capital de 200 millones y 600 millones en préstamos subordinados. El nuevo esquema permitió además reducir el coste financiero anual aproximadamente en 80 millones.

Lo que hizo fue algo diferente y más complejo: mejorar su negocio mientras recapitalizaba pasivos, vendía activos, recibía nuevo dinero de sus accionistas y sustituía financiación anterior por una estructura menos onerosa.

El plan industrial empieza a justificar parte de la mejora

La siguiente pregunta es cuánto del nuevo EBITDA puede considerarse fruto del negocio.

Celsa identifica aquí su denominado Plan de Creación de Valor, iniciado en junio de 2024. A cierre de 2025, la empresa aseguraba haber capturado 115 millones de euros de EBITDA anual adicional, un 44% más que los 80 millones previstos para esa fecha. El objetivo inicial del programa acabó elevándose hasta 174 millones de EBITDA adicional recurrente anual.

En junio de 2026, la cifra capturada había avanzado a 156 millones de EBITDA anualizado, alrededor del 90% del nuevo objetivo de 174 millones para 2028. Para ejecutarlo se habían destinado 109 millones de euros de inversión, financiados mediante ampliaciones de capital de los accionistas.

Aquí sí aparece una señal operativa más limpia: la compañía no solo ha reducido intereses o deuda contablemente. Está obteniendo más resultado industrial de su estructura.

El volumen vendido aumentó un 3,2% en 2025, desde 4,211 a 4,346 millones de toneladas, mientras la producción europea de acero descendía de 130 a 125,8 millones de toneladas. Eso ayuda a explicar parte de la mejora, aunque no basta por sí solo: el EBITDA avanzó un 44%, muy por encima del incremento físico de ventas. La diferencia apunta precisamente a eficiencia, mix y medidas operativas del plan.

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Beneficio no es flujo de caja

La vuelta al beneficio aporta otra pieza de la recuperación, pero exige prudencia.

Celsa registró un beneficio neto de 18 millones de euros en el primer trimestre de 2026 y elevó el resultado acumulado a 50,7 millones en el primer semestre.

Eso confirma que el grupo ha dejado atrás las pérdidas contables de la etapa anterior. No permite, sin embargo, afirmar por sí solo que haya generado un flujo de caja libre equivalente.

Las comunicaciones de resultados utilizadas para este análisis no publican una cifra comparable de flujo de caja operativo ni de flujo de caja libre para el primer semestre. Por tanto, no es posible atribuir la reducción de deuda a generación de caja orgánica sin información adicional.

Sí conocemos la inversión.

Celsa destinó 183 millones de euros a inversiones en 2025, un 60% más que el ejercicio anterior y el mayor volumen de su historia reciente. La compañía afirma que se financió íntegramente con fondos propios, apoyada parcialmente en 109 millones de ampliaciones de capital. En el primer semestre de 2026 añadió otros 67 millones de inversión y aprobó 32 millones para una nueva línea de laminación de aceros especiales en A Laracha.

Eso introduce otra lectura importante. Celsa no está utilizando la mejora financiera únicamente para recortar deuda: también está volviendo a invertir. Pero mientras no haya un flujo de caja libre oficial comparable para el periodo, conviene separar claramente EBITDA, beneficio e inversión de la auténtica conversión en efectivo.

Los accionistas ya pueden mirar hacia una eventual salida

El movimiento de esta semana encaja con esa transformación.

El consejo de administración de Celsa Steel ha acordado iniciar una revisión estratégica para ofrecer a los accionistas alternativas que permitan una eventual puesta en valor de su inversión. Los actuales propietarios tomaron el control en septiembre de 2023, después de la aprobación del plan de reestructuración.

Por ahora, eso es exactamente lo que existe: una revisión.

La información oficial no anuncia comprador, precio, porcentaje en venta ni una transacción concreta. Tampoco permite asegurar que habrá una venta, una salida a bolsa o una fusión. Presentar cualquiera de esas alternativas como operación cerrada iría más allá de lo comunicado formalmente por la empresa.

Lo que sí puede analizarse es por qué el momento financiero resulta muy distinto.

Un inversor que mirase Celsa en 2023 veía 8,4 veces de apalancamiento. Hoy ve 2,3 veces. Ve una compañía cuyo margen EBITDA era del 8,2% en 2024 y que declara un 16% en el primer semestre de 2026. Ve un EBITDA de últimos doce meses de 461 millones y un grupo que ha vuelto a beneficios. Y observa una estructura de financiación que cuesta unos 80 millones menos al año que antes de la refinanciación.

Eso no significa que Celsa esté libre de riesgo.

El acero sigue siendo el examen

El principal riesgo está precisamente en demostrar que el 16% de margen puede sostenerse en un sector profundamente cíclico.

La compañía opera en una industria intensiva en energía y capital, expuesta a precios del acero, chatarra, electricidad, construcción, automoción y competencia internacional. El propio ejercicio 2025 se desarrolló en un mercado donde la producción siderúrgica europea cayó a 125,8 millones de toneladas, mínimo señalado por la empresa, aunque la demanda comunitaria avanzó un 2,4%.

El segundo riesgo está en el apalancamiento. Haber bajado desde 8,4 a 2,3 veces cambia radicalmente la fotografía, pero 1.134 millones de deuda neta senior siguen siendo una cantidad material. La empresa necesita preservar EBITDA y controlar inversión para evitar que una caída cíclica vuelva a elevar rápidamente la ratio.

El tercero es distinguir mejora estructural de efectos de la recapitalización. El patrimonio neto y la deuda han cambiado también porque los accionistas han aportado capital y financiación subordinada. Eso fortalece la estructura financiera, pero no sustituye la obligación de convertir el nuevo margen en flujo de caja sostenible.

Según fuentes públicas e Infonif, como fuente de información mercantil y registral con origen oficial, la sociedad cabecera analizada es Celsa Steel, S.A., antigua Inversiones Pico Espadas, denominación cuyo cambio consta también en el BORME de octubre de 2024.

Celsa vale más porque gana mejor, pero también porque debe mucho menos

La gran transformación de Celsa no puede reducirse a una sola cifra.

Los 2.555 millones de reducción de deuda desde noviembre de 2023 explican por qué el riesgo financiero ha cambiado. El salto del margen desde el 8,2% de 2024 al 16% del primer semestre de 2026 explica por qué también ha cambiado el negocio. Y los 50,7 millones de beneficio semestral confirman que esa mejora ya ha llegado al resultado neto.

Pero conviene no mezclar las causas.

Celsa no ha llegado hasta aquí únicamente produciendo más acero y generando efectivo. Ha necesitado capitalización de deuda, venta de activos, ampliaciones de capital, préstamos subordinados y una refinanciación profunda. A la vez, ha conseguido elevar EBITDA y recuperar rentabilidad industrial.

Ese doble movimiento es precisamente lo que ahora pueden intentar monetizar sus accionistas.

En 2023 recibieron una empresa en reestructuración. En 2026 controlan una siderúrgica con menos deuda, menor coste financiero, mejor margen y beneficios positivos. La pregunta para cualquier futura operación ya no será cuánto vale rescatar Celsa, sino cuánto vale una Celsa que debe mucho menos y vuelve a ganar dinero, y cuánto de esa mejora puede sobrevivir al próximo giro del ciclo del acero.

Esa será la verdadera prueba de la transformación.

Firma
Fotografía de Rafa DasíRafa DasíGraduado en Periodismo por la Universidad CEU Cardenal Herrera, con especialización en información económica y financiera del tejido empresarial valenciano. Encargado del contenido diario y de la gestión de las distintas plataformas de Economía 3, así como presentador del pódcast Las 5 claves.
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