Crecer cuando todo vuelve a ser más caro
En mis dos últimos editoriales he tratado de poner en el contexto macro la productividad de las empresas y cómo nuestros jóvenes de hoy construirán la economía del mañana.
Y esta semana, que tanto se ha hablado de inflación, tipos de interés, energía o incertidumbre geopolítica, quiero poner en valor algo que a veces queda sepultado bajo las grandes cifras macroeconómicas: la economía real se sostiene todos los días sobre millones de decisiones empresariales.
Decisiones de inversión, de contratación, de internacionalización, de innovación, de apertura de nuevos mercados o, simplemente, de continuar adelante cuando las condiciones se complican.
España cuenta con más de 3,3 millones de empresas económicamente activas. De ellas, más del 99% son pequeñas y medianas. Pero su importancia va mucho más allá de su número. Según las estimaciones de la Comisión Europea, las pymes generan en España el 67,1% del empleo y el 60,9% del valor añadido del sector empresarial no financiero.
Por eso, cuando hablamos de crecimiento económico tendemos a mirar el PIB, la inflación o los tipos de interés, pero deberíamos mirar también a quienes están detrás de esas cifras.
A las empresas.
Porque son ellas las que convierten una buena coyuntura económica en inversión y empleo y, sobre todo, las que sostienen buena parte de la actividad cuando esa coyuntura deja de ser favorable.
Y hay motivos para poner en valor lo que están haciendo.
España cerró 2025 con 46.230 exportadores regulares, un 10,4% más que cinco años antes. Las exportaciones de bienes superaron los 387.000 millones de euros, el segundo mejor registro de la serie histórica. Es decir, cada vez hay más empresas españolas capaces de competir durante varios años consecutivos fuera de nuestras fronteras.
También hay avances en innovación. El gasto empresarial en actividades innovadoras alcanzó los 23.554 millones de euros en 2024, un 13% más que en la anterior medición, y el 27,3% de las empresas españolas desarrolló algún tipo de innovación entre 2022 y 2024.
No partimos, por tanto, de una posición de debilidad empresarial. Tenemos en España compañías líderes, empresas internacionalizadas, sectores altamente competitivos y miles de pymes capaces de vender sus productos y servicios en mercados enormemente exigentes.
Pero tenemos también un reto evidente: conseguir que muchas más puedan hacerlo.
El verdadero reto es crecer
Si hay una asignatura pendiente en nuestro tejido productivo, probablemente sea la dimensión empresarial.
El dato es especialmente revelador. La OCDE calcula que las grandes empresas representan apenas el 0,16% de las españolas, pero su productividad es aproximadamente el doble que la de las microempresas.
Que una empresa crezca significa que puede alcanzar herramientas que cada vez resultan más importantes para competir.
Más capacidad para invertir, más músculo financiero, más posibilidades de incorporar tecnología, más recursos para internacionalizarse, mayor capacidad para atraer talento y más margen para dedicar equipos a innovación y para soportar una crisis inesperada.
La comparación con Alemania ayuda a entenderlo.
En España, las grandes empresas suponen aproximadamente el 0,1% del tejido empresarial no financiero, concentran el 32,9% del empleo y generan el 39,1% del valor añadido. En Alemania representan alrededor del 0,4%, pero concentran el 41,6% del empleo y el 50,6% del valor añadido empresarial.
No se trata de intentar convertir todas nuestras pymes en grandes corporaciones, sino de conseguir que una empresa que tenga mercado, talento y producto, encuentre un entorno favorable para pasar de diez trabajadores a cincuenta, de cincuenta a doscientos y, por qué no, de doscientos a mil.
Porque una política económica favorable a la empresa debe preocuparse tanto por que nazcan nuevas compañías, como por permitir que las buenas crezcan.
Qué podemos aprender de los que van por delante
La dimensión, además, no es el único factor. Cuando observamos las economías europeas más competitivas aparece una combinación bastante recurrente: inversión, innovación, digitalización y productividad.
Si hablamos de digitalización.
En 2025, apenas el 71% de las pymes europeas había alcanzado un nivel básico de intensidad digital. Pero en Finlandia el porcentaje ascendía al 94% y en Dinamarca al 92%.
En el conjunto de Europa la brecha entre pequeñas y grandes compañías sigue siendo enorme: mientras el 96% de las grandes empresas tiene al menos una intensidad digital básica, entre las pymes el porcentaje es 25 puntos inferior.
Digitalizar una empresa no consiste en incorporar herramientas porque estén de moda, significa conseguir que la tecnología reduzca costes, elimine tareas de poco valor, permita conocer mejor al cliente, facilite la toma de decisiones y aumente la productividad.
Y lo mismo ocurre con la innovación.
España ha avanzado, pero en 2024 dedicó a I+D el 1,50% de su PIB. Suecia alcanzó el 3,6%; Bélgica, el 3,4%; Austria, el 3,3%; Finlandia, el 3,2%; Alemania, el 3,1%; y Dinamarca, el 3%.
No es casualidad que muchas de estas economías aparezcan recurrentemente entre las más productivas y competitivas de Europa.
Tampoco podemos esperar que toda esa inversión proceda del sector público. En el conjunto de la Unión Europea, las empresas ejecutan aproximadamente dos tercios del gasto total en I+D. En España, el sector empresarial ya representa el 55,8% del gasto nacional en investigación y desarrollo.
La cuestión no es solamente cuánto invertimos, sino cómo conseguimos que haya más empresas capaces de invertir.
Más empresas innovadoras, más exportadores regulares, más compañías medianas, más empresas que adopten inteligencia artificial y herramientas digitales no como un gasto, sino como una palanca de productividad.
Cuando el viento deja de soplar a favor
Todo esto cobra todavía más importancia cuando miramos, ahora sí, al entorno macroeconómico.
- La inflación española alcanzó en agosto el 4,3%, su mayor tasa desde febrero de 2023.
- Los costes laborales aumentaron un 4% interanual en el segundo trimestre.
- El Banco Central Europeo acaba de elevar nuevamente los tipos en 25 puntos básicos, con lo que la financiación vuelve a encarecerse.
- La energía vuelve a preocupar.
- Los salarios y otros costes empresariales aumentan.
- Y la geopolítica introduce una variable cada vez más difícil de anticipar.
Pero quizá precisamente por eso convenga cambiar el foco. No podemos construir nuestra estrategia económica esperando permanentemente a que el petróleo sea barato, los tipos vuelvan a cero o desaparezcan las tensiones internacionales.
Las empresas no pueden controlar esos factores. Pero sí pueden controlar cuánto producen por cada hora trabajada, qué procesos automatizan, qué mercados exploran, cuánto innovan, cómo utilizan sus datos, cómo financian su crecimiento y qué tamaño quieren alcanzar.
Porque cuando todo vuelve a ser más caro, la respuesta no puede consistir únicamente en esperar a que los costes vuelvan a bajar. Tiene que consistir en crear más valor.
En España tenemos más de tres millones de empresas que cada día abren sus puertas, invierten, contratan, exportan, pagan salarios, innovan y asumen riesgos. En ellas reside buena parte de nuestra capacidad para afrontar el próximo ciclo económico.
Pongámoslas en valor. Pero, sobre todo, ayudémoslas a crecer, porque una economía fuerte empieza siempre por empresas fuertes.
Pablo Meijide, Socio-director de Infraestructuras, Construcción y Real Estate en Stratesys
Elisa Valero, Socia-directora de Economía 3
Elena Fernández, Responsable de contenido en SotySolar











