Nicolás Magán: “La pirotecnia perdió en 2025 más de 900.000 euros por cancelaciones”
El sector cifra en más de 900.000 euros las pérdidas por cancelaciones y reclama restricciones según el riesgo real en 2025, previendo un aumento de esta cifra en 2026
En los últimos meses, los incendios que han afectado a distintos puntos de España han reavivado el debate sobre el uso de la pirotecnia y la celebración de espectáculos con fuegos artificiales. Algunos municipios han optado por cancelar estos eventos ante el riesgo de incendios, una decisión que ha situado de nuevo al sector pirotécnico en el centro de la polémica.
La asociación entre fuegos artificiales e incendios forestales se ha intensificado especialmente durante este verano, aunque desde el sector defienden que el peso real de la pirotecnia como causa de incendios es irrisorio en comparación con otros factores.
Para conocer la situación de la industria, el impacto económico de las cancelaciones y los retos que afronta la actividad,Economía3 ha hablado con Nicolás Magán Oliva, gerente y director técnico de la Asociación Española de la Pirotecnia (Aepiro).

Nicolás Magán Oliva, gerente y director técnico de la Asociación Española de la Pirotecnia (Aepiro).
Incendios y pirotecnia: ¿qué dicen los datos?
-En los últimos meses, y debido a los incendios que han afectado a buena parte del país, muchos municipios han cancelado actividades con fuegos artificiales. ¿Por qué se está asociando cada vez más la pirotecnia con el riesgo de provocar nuevos incendios?
Por tres razones, y ninguna de ellas es estadística. La primera, que es una medida visible: suspender un castillo se anuncia y se entiende en un titular, mientras que revisar una línea eléctrica o desbrozar una parcela no sale en ningún sitio, aunque pesen muchísimo más en la causalidad real.
La segunda, que nuestra actividad es fuego y la asociación mental es inmediata, aunque sea fuego calculado, con distancias de seguridad reglamentarias, plan de seguridad aprobado y medios de extinción a pie de disparo.
Y la tercera, que en algunos disparos se generan pequeños conatos, previstos y extinguidos en el acto, pero que grabados con un móvil generan una alarma enorme. No pedimos que no se nos mire: pedimos que se nos mida.
-Si las estadísticas sitúan por delante otras causas, como las quemas agrícolas, las negligencias, los accidentes, los vehículos o las líneas eléctricas, ¿por qué la pirotecnia está adquiriendo tanto protagonismo en el debate sobre los incendios?
Sin atribuir intenciones a nadie, la pirotecnia funciona como una medida-símbolo: mucho impacto social y una eficacia preventiva prácticamente nula, porque el perjudicado es un sector pequeño y disperso.
Los números son concluyentes. Según la Estadística General de Incendios Forestales del Ministerio, con casi 81.000 partes entre 2015 y 2023, los fuegos artificiales suman 452 hectáreas sobre 930.459: el 0,049 % de la superficie quemada en nueve años, y la causa número 50 de 90.
Los incendios intencionados queman 1.108 veces más; el rayo, 363; los fumadores, 35; las líneas eléctricas, 12. Y en toda la serie la pirotecnia no ha provocado ni un solo gran incendio forestal.
Este verano, además, las comunidades más restrictivas han vivido la tercera peor campaña en tres décadas, con más de 262.000 hectáreas, y en ninguno de ellos hay siquiera sospechas de que la pirotecnia haya tenido algo que ver.
Prohibir la pirotecnia no evita incendios forestales, porque no es ahí donde estaba el problema.
-¿Qué porcentaje de los incendios registrados se atribuye a la pirotecnia? ¿Tenéis datos concretos sobre cuántos incendios han sido provocados por fuegos artificiales en los últimos años?
Sí, y son datos oficiales, no estimaciones del sector: Estadística General de Incendios Forestales del Ministerio para la Transición Ecológica, serie 2015-2023, analizados 80.869 partes de incendio.
452 hectáreas atribuidas a fuegos artificiales sobre 930.459 quemadas, el 0,049 %, puesto 50 de 90 causas, con 363 partes en nueve años.
El incidente medio es de 1,25 hectáreas frente a las 11,5 de la media nacional, la mediana es de 0,08, el 86 % no llegó a una hectárea y el mayor de toda la serie fue de 87,6, lejos de las 500 que definen un gran incendio.
Añado una precisión metodológica: esa categoría agrupa todo uso de petardos y cohetes sin distinguir su origen -espectáculo profesional, uso doméstico de producto legal y material ilegal o manipulado-, así que el 0,049 % es el techo del conjunto entero.
En la Comunitat Valenciana el porcentaje sube algo, al 0,134 %, pero sigue siendo extremadamente bajo y tampoco aquí hay ningún gran incendio forestal atribuido a esta causa.
¿Prohibición general o restricciones según el riesgo?
-¿Tiene sentido prohibir de forma generalizada la pirotecnia durante los periodos de alto riesgo de incendios, aunque su peso estadístico como causa de grandes superficies quemadas sea reducido? ¿O sería más eficaz establecer restricciones en función de las condiciones concretas de cada zona?
No tiene sentido: una prohibición general concentra el esfuerzo donde no está el problema.
Lo eficaz es restringir según cuatro variables objetivables: dónde se dispara, el riesgo real de ese día, qué se dispara y con qué medidas de prevención.
Y hay una confusión en el origen de casi todo: la zona de influencia forestal no es monte, es suelo urbano, agrícola o industrial situado a menos de 400 o 500 metros del monte.
Nuestra posición tiene tres niveles. En terreno forestal y en días de riesgo muy alto o extremo, acatamos las restricciones.
En zona de influencia forestal pedimos autorización con condiciones -medidas de prevención concretas en el emplazamiento y limitación de los tipos de artificio- en lugar de prohibición.
Y fuera de ambas zonas pedimos algo que no debería ni tener que pedirse: que no se restrinja donde no hay riesgo de incendio forestal.
Porque prohibir en bloque costó en 2025: más de 200 eventos y más de 900.000 euros entre 2024 y 2025, solo en 23 empresas asociadas, y las cifras de 2026 se prevén muchísimo más altas.
-En comunidades como la Comunitat Valenciana, donde la pólvora forma parte de numerosas fiestas y tradiciones, ¿cómo debería establecerse el equilibrio entre la seguridad, la prevención de incendios y el mantenimiento de estas tradiciones?
La Comunitat Valenciana es precisamente el ejemplo de que ese equilibrio se alcanza cuando la Administración escucha al sector.
Se venía de un marco muy restrictivo en suelo forestal y en su zona de influencia; el sector planteó la realidad técnica de la pirotecnia y fuimos escuchados, primero con el Decreto 148/2018 y después con el Decreto 91/2023, que aprobó el nuevo reglamento forestal valenciano.
El resultado es un modelo de registro de emplazamientos y declaración responsable que permite el uso regulado en lugar de la prohibición genérica, con las restricciones concentradas en los niveles máximos de preemergencia, que es donde deben estar.
Es un marco exigente, pero reconoce la realidad de lo que hacemos. ¿Mejorable? Sí, principalmente modulando las restricciones por tipo de artículo en época de peligro, en lugar de tratar igual un espectáculo terrestre o de corto alcance que uno de gran alcance.
El impacto económico de las cancelaciones
-¿En qué época del año concentra el sector de la pirotecnia una mayor facturación?
Depende de la línea de negocio, y la distinción importa.
En venta al público, la facturación se concentra en fechas muy locales: Fallas en marzo, Sant Joan en junio en Cataluña y el litoral mediterráneo, y el fin de año en determinadas zonas, aunque también tienen un importante peso específico en el periodo estival.
Sin embargo, en espectáculos, el grueso va de junio a octubre, y ahí está el problema: esa ventana coincide casi exactamente con la época de peligro alto de incendios forestales, del 1 de junio al 15 de octubre.
Una restricción estival no nos quita unos días sueltos, cae sobre el grueso del ejercicio.
Además, el 88 % de las empresas opera en al menos tres de las cuatro áreas de negocio, de modo que una restricción de espectáculos arrastra también a la fabricación y a la comercialización del mismo año.
Y es muy estacional en empleo: de unos 1.000 puestos fijos se pasa a 2.200 en temporada alta, contrataciones que se pierden.
-¿Cómo está afectando al sector la cancelación de espectáculos pirotécnicos por el riesgo de incendios?
De forma muy desigual según el territorio. Donde la legislación es proporcionada, el impacto de este año es algo superior al de ejercicios anteriores y se explica por el aumento real de días con riesgo muy alto o extremo; eso lo entendemos y lo asumimos, aunque creemos que habría que adaptar la normativa a la realidad de los disparos.
Donde se veta de forma genérica la zona de influencia forestal, e incluso fuera de estas zonas, sin atender al índice de riesgo del día, el impacto no guarda relación con el riesgo: es puramente normativo.
Nuestra primera cuantificación propia, sobre 23 empresas asociadas, arroja más de 200 eventos afectados y más de 900.000 euros perdidos en 2024 y 2025, que se prevé bastante mayor en 2026.
Y hay un efecto que las cifras no capturan: cuando la cancelación llega con pocos días, o incluso el día antes, el producto ya está fabricado y el equipo contratado, así que el coste está incurrido y lo que desaparece es el ingreso.
Hablamos de un sector de 115 millones de facturación donde el 64 % de las empresas tiene menos de diez trabajadores, que aporta en impuestos en torno al 13 % de lo que factura y cuyo principal contratante es la propia Administración pública: la misma mano que restringe es la que contrata.
-Más allá de las cancelaciones, ¿están cambiando también las condiciones para poder realizar espectáculos pirotécnicos, por ejemplo, con mayores requisitos de seguridad, restricciones horarias o limitaciones en determinados espacios?
Han cambiado muchísimo, y conviene distinguir dos capas normativas.
La primera es la normativa específica de pirotecnia, hoy el Real Decreto 989/2015 con su Instrucción Técnica Complementaria número 8: producto con marcado CE y sistemas de calidad auditados, autorización previa de la Delegación del Gobierno, acreditación obligatoria de disparadores y aprendices, distancias mínimas de seguridad a personas y edificaciones según el tipo de artículo, y exigencias detalladas de montaje y disparo.
La segunda es la normativa autonómica de prevención de incendios forestales, y ahí está el problema real: se ha ido superponiendo a la anterior sin coordinarse con ella y con criterios distintos en cada comunidad.
El mismo espectáculo, con el mismo producto y el mismo equipo, puede ser autorizable a un lado de una frontera autonómica e imposible cinco kilómetros más allá. Esa inseguridad jurídica es hoy tan dañina como la restricción en sí, porque impide planificar una temporada.
Drones, tecnología y futuro de la pirotecnia
-En los últimos años han ganado popularidad los espectáculos nocturnos con drones. ¿Pueden llegar a convertirse en una alternativa real a la pirotecnia y poner en riesgo el futuro del sector?
Empiezo por el matiz más importante, porque suele contarse al revés: aquí no hay apenas nadie eligiendo drones en lugar de fuegos.
Hay pueblos a los que no se les permite tirar y que buscan un sustituto. Es una sustitución forzada por vía administrativa, no una tendencia de mercado.
Dicho eso, y con todo el respeto por los drones, son cosas distintas: el dron dibuja en el cielo, la pirotecnia es fuego real, calor, sonido y olor, algo que ocurre en directo y se siente físicamente.
Comparar los dos es como comparar el cine con el teatro; pueden convivir, y de hecho ya conviven.
Tampoco es un fenómeno consolidado: Lloseta, en Mallorca, recuperó los fuegos en 2026 tras cinco años con drones.
Y hay un detalle revelador: para ganar espectacularidad, la propia industria del dron intenta incorporar pirotecnia real a sus espectáculos. Si la pirotecnia fuera prescindible, nadie estaría intentando añadirla al dron.
Además, detrás de cada disparo hay un oficio local y artesanal -empresas familiares de 51 años de media, la mitad en municipios de menos de 10.000 habitantes-, mientras que los espectáculos de drones los operan muy pocas empresas especializadas: cuando un ayuntamiento cambia una cosa por otra, cambia también a dónde va el dinero.
-¿Creéis que la pirotecnia tendrá que reinventarse para competir con este tipo de espectáculos?
Ya se reinventa constantemente, pero por evolución propia, no por presión sustitutiva.
El cambio técnico más relevante se produjo hace años con la implantación de los sistemas digitales de disparo, que han permitido efectos y estilos nuevos, sincronización musical al milisegundo y margen para reducir el impacto sonoro manteniendo la espectacularidad, aunque eso exige más medios y presupuesto.
Hay evolución en producto y sostenibilidad -productos con menor impacto sonoro- del plástico al cartón, avance de materiales biodegradables- y datos ambientales propios: el sector de consumo aporta el 0,129 % de las PM2,5 y el 0,156 % de las PM10 nacionales.
Y hay evolución en convivencia: 500 kits sensoriales en 2025 y 600 en 2026 con la Fundación Mira’m, visitas inclusivas y medición de nivel sonoro con el Laboratorio Oficial Madariaga.
Adaptar antes que prohibir.
Ahora bien, reinventarse tiene un límite: una mascletà o una descarga de voladores de trueno no admiten versión silenciosa; se puede innovar en el cómo, pero no vaciar el qué y seguir llamándolo igual.
El futuro del sector no se juega en la competencia con los drones, sino en si la regulación de los próximos años se hace con criterio técnico o por alarma.
Rafa DasíGraduado en Periodismo por la Universidad CEU Cardenal Herrera, con especialización en información económica y financiera del tejido empresarial valenciano. Encargado del contenido diario y de la gestión de las distintas plataformas de Economía 3, así como presentador del pódcast Las 5 claves.








