Elisa Valero, Socia-directora de Economía 3
En la construcción, una obra puede cumplir sus plazos y aun así destruir valor. Basta una desviación de costes que se detecta tarde, una certificación que no llega a tiempo o una previsión financiera desconectada de lo que ocurre en el terreno.
En un sector sometido al encarecimiento de materiales, la tensión de las cadenas de suministro y la escasez de profesionales, la rentabilidad se juega cada día en decisiones operativas aparentemente pequeñas.
Por eso, el debate sobre la transformación digital debería dejar de centrarse en cuántas herramientas implanta una empresa. La pregunta relevante sería: ¿se puede saber, con suficiente antelación, qué está ocurriendo en cada proyecto y cómo afectará al resultado? La tecnología solo tiene sentido si ayuda a responderla.
El problema es que muchas compañías siguen gestionando la obra y las finanzas como realidades separadas. Los equipos de campo trabajan con unas aplicaciones, la oficina técnica con otras y el área financiera recibe información fragmentada, a menudo mediante hojas de cálculo y procesos manuales. El resultado es una fotografía incompleta del proyecto y una capacidad de reacción limitada.
La prioridad debería ser construir una base común de información dentro de cada proyecto. No se trata de sustituir todas las herramientas existentes, sino de conectarlas para que la planificación, la producción, las compras, las certificaciones, la calidad y los costes trabajen sobre datos coherentes. Cuando la información es única, trazable y accesible, se reducen los errores y los equipos pueden reaccionar con mayor rapidez ante cualquier incidencia.
El siguiente reto es trasladar esa información desde la obra hasta los sistemas corporativos y financieros de la compañía. Los avances, certificaciones y desviaciones que se producen en el proyecto no siempre llegan a tiempo a las áreas responsables de su seguimiento económico, o lo hacen mediante procesos manuales que aumentan el riesgo de error. Integrar ambos niveles permite seguir la evolución del proyecto desde el presupuesto inicial hasta su cierre y conocer, con mayor precisión, cómo cada decisión operativa afecta a los costes, las previsiones y el margen.
La estandarización es el paso que permite convertir esa mejora en una capacidad corporativa. Cada obra tendrá sus particularidades, pero una empresa que gestiona proyectos similares necesita definir indicadores comunes, medirlos de la misma manera y aprender de los resultados. Sin ese lenguaje compartido no hay escala, ni automatización efectiva, ni una inteligencia artificial capaz de ofrecer respuestas fiables.
La inteligencia artificial puede ayudar a anticipar desviaciones de plazo y coste, identificar riesgos o automatizar tareas administrativas. Pero no va a resolver por sí sola los problemas de gestión. Alimentada con datos incompletos o desactualizados, producirá recomendaciones poco útiles y añadirá complejidad. Antes de elegir un algoritmo, las compañías deberían ordenar la información que ya generan.
El cambio más importante es pasar de un control reactivo a una gestión predictiva. Detectar una desviación cuando ya aparece en la cuenta de resultados es demasiado tarde. Identificar señales tempranas en productividad, consumo de recursos o evolución de costes permite intervenir cuando las decisiones todavía pueden proteger el proyecto.
Hay, además, una condición que suele quedar fuera de los planes tecnológicos: la adopción. Una solución no mejora la rentabilidad si los equipos de obra no la utilizan porque no la entienden, no confían en ella o la perciben como una carga. La formación, la usabilidad y el acompañamiento no son elementos accesorios, sino parte de la inversión.
La construcción no necesita acumular más plataformas. Necesita gestionar sus proyectos con una visión integrada de operación y negocio. En un mercado de márgenes ajustados, convertir los datos de la obra en decisiones económicas será la diferencia entre crecer y crear valor.
Elisa Valero, Socia-directora de Economía 3
Elena Fernández, Responsable de contenido en SotySolar
Toni Moral, CEO en Futboleras
Juan José Fernández-Figares, Director de Gestión de Instituciones de Inversión Colectiva en Link Securities