Calor, tormentas y plagas reducen un 34% la cosecha valenciana de caqui
La cosecha de caqui de la Comunitat Valenciana se situará alrededor de las 240.000 toneladas durante la campaña 2026-2027, según las primeras estimaciones de La Unió Llauradora. Esta previsión representa una reducción aproximada del 34% respecto a la temporada anterior y el volumen más bajo registrado durante la última década.
La organización agraria advierte de que la situación varía significativamente entre territorios y explotaciones. En algunas de las principales zonas productoras, las pérdidas podrían superar ampliamente la media prevista para el conjunto autonómico.
El nuevo descenso productivo se suma al complicado escenario que atraviesa el sector frutícola valenciano. La Unió ya había anticipado una cosecha citrícola de 2,59 millones de toneladas, la segunda más baja de las últimas dos décadas, mientras que las tormentas de agosto han causado nuevos daños en diferentes cultivos.
El clima reduce la carga de los árboles
La caída de la producción de caqui responde a la combinación de varios factores meteorológicos y agronómicos. La caída fisiológica natural de los frutos ha sido especialmente intensa este año en numerosas explotaciones, provocando un aclarado excesivo y una importante reducción de la carga de los árboles.
Este fenómeno se ha visto agravado por las elevadas temperaturas y las sucesivas olas de calor. La exposición prolongada al sol ha provocado daños por insolación o «planchado», que dejan marcas en la piel de los frutos y pueden rebajar su valor comercial.
A estos problemas se han añadido las recientes tormentas, con episodios de viento y pedrisco en algunas de las principales comarcas productoras. Sus efectos no se limitan a la caída directa del fruto: los golpes y rozaduras también pueden incrementar el porcentaje de caquis descartados durante la selección en almacén.
La Unió alerta, por tanto, de que la merma final podría ser superior a la recogida en el aforo inicial. Parte de la fruta que permanece en los árboles podría no reunir las condiciones externas exigidas por los canales comerciales, aunque conserve sus propiedades internas y organolépticas.
Más costes para producir menos kilos
El descenso de la cosecha coincide con un nuevo incremento de los costes soportados por los productores. Las altas temperaturas han obligado a aumentar la frecuencia del riego en numerosas parcelas, elevando el consumo de agua y energía.
A ello se suman los gastos de gasóleo, fertilizantes, mano de obra y tratamientos fitosanitarios. Esta combinación de menor producción por hectárea y mayores costes compromete los márgenes de las explotaciones, incluso si la reducción de la oferta termina provocando una mejora de las cotizaciones.
La organización agraria recuerda que la rentabilidad no depende únicamente del precio alcanzado por cada kilo, sino del volumen que el agricultor puede comercializar una vez descontados los destríos y de los costes necesarios para obtenerlo.
El caqui se ha convertido en las últimas décadas en un cultivo estratégico para la diversificación de numerosas comarcas valencianas. Según el Ministerio de Agricultura, más del 85% de la superficie española dedicada a esta fruta se concentra en la Comunitat Valenciana, muy por delante de Andalucía, Extremadura, Cataluña, Murcia y Aragón.
Su implantación ha sido especialmente relevante en las comarcas de la Ribera Alta y la Ribera Baixa, donde ha complementado a los cítricos y se ha convertido en una fuente de actividad para agricultores, cooperativas, almacenes y empresas auxiliares.
El cotonet y la mosca blanca agravan la situación
A los problemas meteorológicos se suma la evolución de distintas plagas. La Unió destaca las dificultades para controlar el cotonet, principalmente Pseudococcus longispinus, y varias especies de mosca blanca, entre ellas Dialeurodes citri, Paraleyrodes minei y Aleurothrixus floccosus.
Aunque estas plagas no tienen por qué reducir directamente el aforo inicial, pueden ocasionar daños sobre la piel e incrementar los descartes. El volumen que finalmente llegue al mercado podría ser, por tanto, inferior a las 240.000 toneladas recogidas en la previsión.
La organización reclama autorizaciones excepcionales de productos fitosanitarios cuando no existan alternativas suficientemente eficaces. También propone reforzar la investigación aplicada, acelerar la transferencia de sus resultados al campo y continuar avanzando en métodos de control biológico.
Entre las soluciones fitosanitarias planteadas por el sector figuran el acetamiprid para combatir el cotonet y el cyantraniliprole frente a la mosca blanca. Cualquier utilización, no obstante, debe contar con la correspondiente autorización de las administraciones competentes.
Cambios en el seguro y menos destríos
La Unió ha solicitado adelantar al 1 de agosto el inicio de las garantías del seguro correspondientes al resto de adversidades climáticas, una cobertura en la que se incluye el riesgo por viento.
Mientras se modifica esta fecha, la organización pide a la Conselleria de Agricultura que establezca una línea de compensación para aquellos productores que tuvieran una póliza en vigor y hayan sufrido pérdidas por los últimos temporales de viento.
La entidad también plantea flexibilizar los criterios comerciales relacionados con la apariencia externa del caqui. La aceptación de frutos con pequeñas marcas en la piel, siempre que no afecten a su calidad ni a sus propiedades internas, permitiría aprovechar una mayor parte de la producción y reducir tanto los destríos como el desperdicio alimentario.







