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Regina Monsalve, Intereco: “La ingeniería consiste en soñar en voz alta y crear soluciones reales”

La empresaria reivindica el valor estratégico del campo, la innovación tecnológica y el papel de la agricultura ecológica como motor económico, ambiental y social

R. Monsalve, Intereco: “La ingeniería es soñar y crear soluciones reales”
Publicado a 24/05/2026 8:00

Regina Monsalve, CEO de Natuvera y presidenta de Intereco, habla del campo con la naturalidad de quien lo ha vivido desde dentro, pero también con la precisión de una ingeniera que ha sabido medir, modelizar y transformar la agricultura desde la ciencia. Su trayectoria no es lineal, sino profundamente vital: de la inspección técnica a la gestión de una gran finca experimental, de la agricultura ecológica a la inteligencia artificial aplicada al cálculo de la huella de carbono. En su relato conviven memoria familiar, vocación, superación y una defensa firme del valor estratégico del campo como activo económico, ambiental y social.

– ¿Cómo empezó tu trayectoria profesional y qué te llevó al sector agroalimentario y al mundo rural?

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Mi trayectoria nace de una dualidad muy clara: la ingeniería y la biología. Cuando estaba terminando BUP y COU tenía el corazón dividido entre estudiar ingeniería o medicina. Esa duda venía muy marcada por mi entorno familiar. Mi abuela y mi abuelo eran ingenieros industriales, algo muy poco habitual en aquella época, y mi tía abuela era médico. Yo crecí con esos referentes tan potentes.

Recuerdo que de pequeña cuestionaba mucho qué hacía un ingeniero. Le decía a mi abuela que parecía que solo pintaban planos. Y ella me respondió algo que me marcó profundamente: que la ingeniería era lo más bonito del mundo porque consistía en soñar en voz alta. Que alguien te planteaba un problema y tú, con conocimiento e imaginación, tenías que darle solución. Aquella definición me pareció tan inspiradora que le prometí que sería ingeniera.

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Cuando llegó el momento de elegir carrera, descubrí que existía la ingeniería agronómica. A mí siempre me había gustado la biología, así que entendí que ahí podía unir ambas vocaciones. No fue una decisión sencilla, porque incluso en mi familia había dudas. Recuerdo que mi abuelo me preguntaba qué ingeniería hacía falta para plantar un naranjo. Pero yo tenía claro que el campo era mucho más que eso.

– ¿Había ya una conexión personal con el mundo rural?

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Sí, pero no desde una perspectiva profesional. Era una conexión emocional. Pasaba mucho tiempo en Dénia, donde vivían mis abuelos y mi bisabuela. Y ahí tenía dos mundos completamente distintos. Por un lado, mis abuelos, con esa mentalidad técnica, europea, incluso hablaban alemán. Y, por otro, mi bisabuela, una mujer del campo que había salido adelante tras quedarse viuda en la guerra.

Recuerdo perfectamente cruzar de una casa a otra y encontrarme con una pequeña azada para trabajar la tierra. Aquello me gustaba, pero no lo entendía todavía como una vocación. Con el tiempo me di cuenta de que esa dualidad —ciencia y tierra— ha marcado toda mi trayectoria.

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Del despacho al campo: el giro vital

– ¿Cómo fueron tus primeros años profesionales tras terminar la carrera?

Mi inicio fue muy técnico. Terminé la carrera en 1989, hice un máster en economía agraria y me especialicé también en economía social y política comunitaria. Empecé trabajando en inspección, pasando por distintos ámbitos: control de cooperativas, Seguridad Social, Hacienda o catastro.

Finalmente llegué al ámbito agrícola, como inspectora de la Organización de Productores de Frutas y Hortalizas. Era un trabajo muy exigente, con miles de expedientes repartidos por toda España. Yo era muy perfeccionista y me empeñaba en visitar personalmente todos los casos.

– Y en ese contexto se produce el accidente. ¿Qué supuso para ti?

Fue un antes y un después. Tenía 28 años, estaba casada y acababa de ser madre. Durante una inspección me atropelló un tractor, lo que me dejó una minusvalía del 46%.
Ese momento me obligó a parar y a reflexionar. Me di cuenta de que había construido una carrera brillante desde el punto de vista técnico, pero muy alejada de la realidad del campo. Estaba evaluando a agricultores sin haber vivido nunca lo que significaba gestionar una explotación.

El Rebolloso: aprender desde la tierra

– ¿Es entonces cuando decides cambiar de rumbo?

Sí. Durante la convalecencia tomé una decisión radical: dejar mi puesto y empezar desde cero en el campo. Necesitaba experimentar, entender de verdad lo que estaba evaluando.

Gracias a mi trabajo había conocido a muchos agricultores, y dos de ellos tenían fincas en Valencia que no podían gestionar. A uno le propuse una idea que parecía una locura: él ponía la tierra y yo el conocimiento. Así nació El Rebolloso.

– ¿Qué características tenía ese proyecto?

Era una finca de más de 600 hectáreas completamente abandonada. Decidimos convertirla en una granja experimental en condiciones reales. No queríamos trabajar con parcelas pequeñas, sino en campo abierto, con todas las variables que afectan de verdad: clima, suelos, tiempo, recursos humanos…

En aquel momento se estaba desarrollando la normativa de agricultura ecológica, y gran parte de ese conocimiento se probó en la finca. Nuestro objetivo era ofrecer datos reales al agricultor, saber qué funciona y qué no.

Además, recuperamos una raza autóctona en peligro de extinción y combinamos agricultura y ganadería. Fue un proyecto muy arriesgado, pero también profundamente transformador en lo personal.

Innovación, empresa y tecnología

– A partir de ahí empiezas a desarrollar distintos proyectos empresariales.

Sí, El Rebolloso fue el inicio de todo. Después vinieron otros proyectos como Idescum o Natuvera, que es el que marca el salto hacia la tecnología.

También participo en iniciativas como Alianzas Emprendedoras, vinculada a la mentorización de niñas, y en el Instituto de Sostenibilidad Ambiental, donde trabajamos con grandes empresas aplicando algoritmos para medir impacto ambiental.

– ¿Cómo surge ese interés por la medición y la huella de carbono?

Por coherencia con mi formación. Siempre he creído que lo que no se mide no se puede gestionar. Yo tenía esa base de ingeniería y biología, y eso me llevaba a cuantificar todo.

Empezamos hace más de 15 años con herramientas digitales aplicadas al campo, como la predicción de heladas mediante satélite. En agricultura ecológica esto es fundamental, porque no trabajas con tratamientos correctivos, sino preventivos.

A partir de ahí fuimos desarrollando algoritmos cada vez más complejos, capaces de calcular la huella de carbono en tiempo real o de optimizar el abonado. Natuvera nace en ese contexto, impulsada por el desarrollo de la inteligencia artificial.

Tecnología para competir en valor

– ¿Qué papel juega hoy la tecnología en el sector primario?

Es absolutamente clave. Sin tecnología no hay competitividad. Nosotros no podemos competir en precio con países como Marruecos, Sudamérica o Sudáfrica. Pero sí podemos competir en valor.

Y uno de los grandes elementos de valor es la huella de carbono. Transportar productos desde otros continentes tiene un impacto ambiental muy alto. Eso hay que medirlo y trasladarlo al consumidor.

En otros países, como Estados Unidos, ya se paga a los agricultores por ser sumideros de carbono. En Europa todavía no estamos ahí, pero es una línea que debemos desarrollar.

– ¿Qué reivindicas para el agricultor en este contexto?

Que se reconozca todo lo que aporta. El agricultor no solo produce alimentos. Mantiene el paisaje, cuida el suelo, protege el agua, preserva la biodiversidad. Todo eso tiene un valor económico que todavía no se remunera adecuadamente.

Agricultura ecológica: sostenibilidad con números

– Como presidenta de Intereco, ¿cuáles son los principales retos del sector?

El gran reto es demostrar que la sostenibilidad tiene que ir de la mano de la rentabilidad. No podemos hacer agricultura verde con números rojos. Somos empresarios del campo.

La agricultura ecológica es un sistema muy exigente, con una normativa europea que regula todo el proceso: desde las semillas hasta la distribución final. Eso nos da credibilidad, pero también implica una gran responsabilidad.

– ¿Cómo está posicionada la Comunidad Valenciana?

Es una de las referencias en agricultura ecológica, junto con Murcia y Cataluña. Hemos superado los objetivos europeos en superficie y somos líderes en exportación.

Hemos sabido diferenciarnos, apostar por variedades locales y generar valor añadido. Sin embargo, hay una paradoja: nuestros productos están más valorados fuera de España que dentro.

Jóvenes, mujeres y futuro del campo

– El relevo generacional sigue siendo un desafío. ¿Cómo afrontarlo?

La agricultura ecológica puede ser una vía para atraer a nuevos perfiles al campo. En nuestro caso, la edad media es más baja que en el conjunto del sector, lo cual ya es significativo.

Además, hay un elemento clave: la incorporación de la mujer. En nuestro comité, el 33% son mujeres. Muchas llegan tras la maternidad, gestionando tierras familiares y aportando una visión distinta.

– ¿Qué papel juega la mujer en este proceso?

Fundamental. Hay que visibilizar que una mujer puede hacer perfectamente este trabajo. Yo empecé con 22 años como inspectora y sé lo importante que es ese reconocimiento.

También es clave el papel de los técnicos, que deben acompañar al agricultor, asesorarle y ayudarle a mejorar. Esa cercanía es esencial para que el sector siga creciendo.

Liderazgo y compromiso

– Formas parte de la Fundación Mujeres al Timón. ¿Qué significa para ti?

Es una responsabilidad. Las mujeres que hemos tenido la oportunidad de liderar proyectos tenemos que contribuir a abrir camino.

Se trata de generar referentes, de demostrar que se puede, y de avanzar hacia una representación equilibrada en todos los espacios de decisión. No es solo una cuestión de igualdad, sino de talento.

Firma
Fotografía de Gemma JimenoGemma JimenoLicenciada en CC de la Información por la Universidad del País Vasco, Gemma Jimeno se incorporó a ECO3 Multimedia, S.A., en 1998 como Redactora y ha participado activamente en el desarrollo de diferentes líneas de negocio. Desde hace años desempeña las funciones de Editora de los contenidos informativos, de los diferentes productos editoriales de E3 Media.
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