El recorte de la ayuda de USAID acelera el debate sobre la cooperación con África
El encuentro, organizado por la Fundación Alternativas, aborda el futuro de la financiación al desarrollo en África, la dependencia de la ayuda exterior y la necesidad de avanzar hacia una cooperación más horizontal y soberana
La crisis de financiación para el desarrollo en África ha dejado de ser únicamente un debate sobre cuánto dinero se destina a la cooperación internacional. La retirada de la ayuda al desarrollo por parte de Estados Unidos, a través de USAID, ha marcado un punto de inflexión en las dinámicas globales y ha reabierto una discusión más profunda: qué modelo de cooperación necesita África, quién decide las prioridades y cómo evitar que la financiación exterior reproduzca relaciones de dependencia.
Estas cuestiones centraron el debate ‘África ante la crisis de financiación para el desarrollo. Retos y oportunidades’, organizado por Fundación Alternativas y moderado por Andrea Chamorro, analista de la entidad. En el encuentro participaron Romeo Gbaguidi, director del think tank LemAfriq y profesor universitario, y Jaume Portell, periodista especializado en economía y relaciones internacionales.
El punto de partida fue el impacto de la reducción de la ayuda estadounidense. Según se ha expuesto durante el debate, el desmantelamiento de programas de cooperación sin un proceso de transición ha dejado a parte de la población sin coberturas básicas en ámbitos como la sanidad o la educación. Pero, al mismo tiempo, esa retirada ha acelerado una reflexión que ya venía gestándose desde hace años: la necesidad de revisar los modelos tradicionales de financiación al desarrollo.
Gbaguidi ha recordado que la cooperación internacional se ha definido históricamente como una herramienta de asistencia entre Estados para impulsar el desarrollo económico y sostenible. Esta cooperación, ha explicado, se ha estructurado tradicionalmente en tres grandes modalidades: financiera, técnica —vinculada al desarrollo de capacidades— y humanitaria. Sin embargo, ha defendido que el contexto actual obliga a plantear nuevas formas de cooperación que sean beneficiosas para ambas partes y que reconozcan las prioridades de los países receptores.
Una relación marcada por agendas divergentes
Uno de los ejes del debate fue la divergencia entre las prioridades occidentales y las africanas. Para Gbaguidi, una parte del malestar actual se explica porque Occidente ha condicionado históricamente la cooperación a agendas que no siempre coinciden con las necesidades del continente africano.
El experto ha señalado que, desde las independencias políticas, los países africanos han recibido financiación y asistencia condicionada por prioridades externas, a menudo centradas en la seguridad geopolítica o en modelos institucionales diseñados desde Occidente. Frente a ello, ha sostenido que África reclama «nuevas formas de financiación» y un multilateralismo más equitativo, en el que la soberanía sobre los recursos y el contexto local ocupen un lugar central.
En ese marco, el continente africano está diversificando sus alianzas. Gbaguidi ha subrayado que actores como China, Rusia o Turquía no son necesariamente nuevos en África, ya que han mantenido relaciones de cooperación con distintos países del continente durante décadas. Lo que ha cambiado, ha apuntado, es la percepción de debilidad de los modelos tradicionales de cooperación impulsados por la Unión Europea y Estados Unidos, una situación que ha facilitado la entrada o consolidación de otros socios.
El mensaje, ha defendido, no es sustituir unas dependencias por otras, sino permitir que los países africanos diversifiquen sus alianzas sin que los socios tradicionales impongan condiciones sobre la deuda o sobre el destino de los fondos.
Del debate sobre las cantidades al debate sobre el modelo
Jaume Portell ha planteado que el sistema de poder blando asociado a la ayuda internacional atraviesa una fase de deterioro. A su juicio, el debate ya no puede limitarse a las cantidades que se destinan a cooperación, sino que debe centrarse en qué se financia, con qué objetivos y en beneficio de quién.
El periodista ha señalado que una parte de la cooperación internacional ha funcionado bajo esquemas que obligan al país receptor a adquirir bienes o servicios del país donante. En este sentido, ha defendido la necesidad de pasar de un enfoque cuantitativo a uno más cualitativo, que analice los efectos reales de la ayuda en la transformación económica y social de los países africanos.
Portell también ha criticado que el enfoque humanitario, aunque necesario en contextos de emergencia, haya impedido en ocasiones mantener una conversación política y económica de fondo sobre el desarrollo del continente. Según ha explicado, hablar únicamente de caridad o solidaridad puede ocultar las relaciones de poder que existen detrás de determinados mecanismos de cooperación.
En su intervención, ha puesto el ejemplo de países africanos que exportan materias primas sin procesar y acaban contribuyendo a la creación de empleo en otras economías, donde sí se realiza la transformación industrial. Para Portell, una conversación seria sobre desarrollo debe incorporar cuestiones como la fiscalidad, el control de los recursos, la deuda, la transformación productiva y la capacidad industrial.
Recursos, deuda y fuga de capitales
La relación entre recursos naturales, deuda y soberanía económica fue otro de los grandes bloques del encuentro. Portell ha sostenido que, en los próximos años, África hablará cada vez más de una crisis vinculada a la deuda y a la pérdida de recursos, aunque ha recordado que el volumen de deuda del continente es inferior al de algunas economías europeas tomadas individualmente.
Su argumento ha sido que la deuda opera, en muchos casos, como un mecanismo de control sobre los países africanos, limitando su margen para decidir qué mercancías entran y salen de sus economías y cómo se gestionan sus recursos estratégicos.
Gbaguidi ha coincidido en que los países africanos reclaman más soberanía sobre sus recursos naturales y más capacidad para decidir el destino de la financiación que reciben. En su opinión, buena parte de la sociedad civil africana percibe que las ayudas internacionales no han logrado transformar las condiciones de vida ni impulsar el desarrollo estructural de sus países.
«El problema», vino a resumir, no es solo la existencia de ayuda exterior, sino el hecho de que esa ayuda esté sujeta a exigencias de los cooperantes y no siempre responda a las prioridades definidas por los propios países africanos.
Industrialización, energía y soberanía alimentaria
El debate también ha abordado qué sectores debería priorizar África para romper su dependencia exterior. Portell ha situado la energía como la primera gran condición para avanzar hacia la industrialización. Según ha explicado, transformar materias primas, producir manufacturas y generar empleo requiere disponer de acceso energético suficiente, estable y extendido por todo el territorio.
A su juicio, la prioridad debe ser crear las condiciones para que África pueda procesar sus propios recursos y dejar de exportarlos sin valor añadido. Esto permitiría reducir importaciones, incrementar el empleo local y generar recursos para financiar nuevas fases de crecimiento productivo.
Junto a la energía, Portell ha destacado la soberanía alimentaria como otro eje clave. La reducción de la dependencia de importaciones alimentarias, unida a una mayor capacidad industrial, permitiría fortalecer las economías nacionales y mejorar la resiliencia de los países africanos frente a crisis externas.
Gbaguidi ha añadido otro elemento como es el papel de la diáspora africana. Según ha explicado, cada vez se habla más de pasar de un modelo centrado en el envío de remesas a otro que canalice parte de esos recursos hacia inversiones capaces de favorecer el desarrollo y reforzar las arcas públicas.
Juventud africana y cambio político
La juventud africana ha aparecido en el debate como uno de los principales motores de transformación del continente. Gbaguidi ha recordado que una parte muy significativa de la población africana es joven y que esa generación está desempeñando un papel creciente en la denuncia de la corrupción, la organización de protestas y la articulación de nuevas formas de resistencia cultural.
Las redes sociales, ha apuntado, se han convertido en una herramienta para canalizar el descontento, promover identidades locales y cuestionar tanto a las élites nacionales como a los poderes externos. También ha señalado que empiezan a emerger liderazgos políticos más jóvenes en algunos países, en un contexto de creciente demanda de renovación institucional.
Sin embargo, Portell ha advertido de que la cooperación internacional también ha contribuido, en determinados casos, a debilitar la relación entre gobernantes y gobernados. Según ha explicado, cuando un Estado obtiene rentas suficientes de la explotación de recursos o de la ayuda exterior, puede reducirse la presión interna para rendir cuentas ante la ciudadanía.
Desde esa perspectiva, el déficit democrático no puede analizarse al margen de los flujos de financiación exterior ni de las estructuras económicas que permiten a determinados regímenes sostenerse sin responder de forma efectiva a las necesidades de su población.
Hacia una cooperación basada en el respeto mutuo
La pregunta final del debate ha girado en torno a qué reforma sería imprescindible para redefinir la relación entre África y los Estados cooperantes. Portell ha defendido que los países africanos deben poder establecer sus propias prioridades de desarrollo y que los socios externos deberían actuar en función de esas prioridades, no imponerlas desde fuera.
Para ilustrarlo, ha recurrido al ejemplo de Corea del Sur en los años sesenta, cuando el país impulsó sectores estratégicos como el acero con apoyo exterior y bajo una estrategia nacional definida internamente. Su conclusión ha sido que un modelo más interesante de cooperación sería aquel en el que los donantes acompañan las prioridades del país receptor, incluso cuando esas prioridades no coinciden plenamente con las preferencias políticas del cooperante.
Gbaguidi, por su parte, ha apelado a redefinir la forma en que África se relaciona con Occidente. No se trata, ha afirmado, de rechazar toda cooperación, sino de construir vínculos más fluidos, horizontales y basados en el respeto mutuo.
Gemma JimenoLicenciada en CC de la Información por la Universidad del País Vasco, Gemma Jimeno se incorporó a ECO3 Multimedia, S.A., en 1998 como Redactora y ha participado activamente en el desarrollo de diferentes líneas de negocio. Desde hace años desempeña las funciones de Editora de los contenidos informativos, de los diferentes productos editoriales de E3 Media.





