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Rutas, chips y metales raros: los cuellos de botella que amenazan al mundo

Vicente Pallardó advierte de que el uso geopolítico de rutas, chips, metales raros o sistemas financieros amenaza con generar más inflación, menor crecimiento y nuevas disrupciones globales

Rutas, chips y metales raros: los cuellos de botella que amenazan al mundo
Publicado a 07/05/2026 18:23

«El problema no es que hayan aparecido nuevos cuellos de botella, sino que cada vez hay más disposición a utilizarlos como arma de presión». Con esta advertencia, Vicente Pallardó, director del Instituto de Economía Internacional de la Universitat de València (IEI-UV) y director de la Cátedra de Economía Portuaria APV-UV, dibuja un escenario internacional marcado por la creciente instrumentalización de rutas marítimas, materias primas estratégicas, sistemas de pagos y cadenas logísticas. El experto alerta de que el deterioro del multilateralismo y el auge de las tensiones geopolíticas están elevando el riesgo de disrupciones con capacidad para provocar inflación, frenar el crecimiento global e incluso generar crisis alimentarias y migratorias.

«Una parte significativa de estos cuellos de botella ha estado siempre ahí, pero no prestábamos demasiada atención porque se suponía que no se iban a explotar». Así resume Vicente Pallardó la nueva realidad geoeconómica que atraviesa el comercio mundial.

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El economista sostiene que el problema no reside tanto en la aparición de nuevos puntos críticos, sino en la creciente predisposición de las grandes potencias a utilizarlos para imponer sus intereses. «Estados Unidos utiliza el dólar, China los metales raros e Irán puede utilizar Ormuz. Hay una predisposición creciente a usar diferentes cuellos de botella para obtener objetivos propios», señala.

Entre los principales puntos de estrangulamiento, Pallardó identifica los geográficos, especialmente aquellos vinculados al comercio marítimo internacional. El estrecho de Ormuz, el canal de Suez, Panamá, el Bósforo o Malaca concentran buena parte del tráfico global y son relativamente vulnerables a bloqueos o tensiones militares.

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«Nadie esperaba que se cerrase Ormuz o Suez. El problema muchas veces ni siquiera es que sea imposible pasar, sino que no compensa asumir el riesgo», explica. A su juicio, el simple temor a ataques o sabotajes ya altera las rutas logísticas y encarece el comercio.

Pero los riesgos no se limitan a las rutas marítimas. Pallardó sitúa también como grandes cuellos de botella el dólar -empleado por Estados Unidos para imponer sanciones financieras- y el acceso a productos estratégicos como chips avanzados o tierras raras.

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«Si China quisiera estrangular el suministro de metales raros, la industria occidental se paralizaría automáticamente», advierte. Actualmente, recuerda, cerca del 90% del procesamiento mundial de estos materiales se concentra en China.

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Vicente Pallardó, director del Instituto de Economía Internacional de la Universitat de València (IEI-UV) y director de la Cátedra de Economía Portuaria APV-UV

Los cables submarinos, la amenaza más invisible

Uno de los elementos que más preocupa al economista son los cables submarinos de comunicaciones, esenciales para el sistema financiero y las telecomunicaciones globales.

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«Un sabotaje a los cables submarinos desconectaría de inmediato el sistema financiero mundial», afirma. Aunque reconoce que se trata de operaciones técnicamente complejas, recuerda que ya se han producido incidentes en el Báltico relacionados con embarcaciones vinculadas a Rusia.

«Antes asumíamos que nadie haría algo así. Hoy ese supuesto ya no tiene sentido», lamenta.

A diferencia de otros bloqueos, cuyo impacto puede limitarse a sectores concretos, Pallardó considera que una interrupción masiva de las comunicaciones tendría consecuencias verdaderamente globales.

«El cierre de Suez generó problemas, pero había alternativas. En cambio, cortar las comunicaciones submarinas tendría un efecto inmediato sobre toda la economía mundial», explica.

Empresas más flexibles, pero cada vez con menos margen

Pese al escenario de creciente incertidumbre, Pallardó reconoce que las empresas han demostrado una notable capacidad de adaptación desde la pandemia.

«Las cadenas de suministro se están reorganizando continuamente. Las compañías buscan proveedores alternativos y rutas más seguras», apunta.

Sin embargo, advierte de que esa flexibilidad tiene límites. «Cuantos más obstáculos se pongan, menos posibilidades tendrán las empresas de seguir adaptándose sin trasladarlo a costes», asegura.

El economista plantea incluso escenarios que hace pocos años parecían improbables, como el cobro de peajes en pasos estratégicos internacionales. «Si se empieza a cobrar por pasar por Ormuz, -avisa- otros podrían querer hacer lo mismo en distintos estrechos marítimos».

Eso supondría, añade, un fuerte encarecimiento del comercio mundial y nuevos shocks inflacionarios.

Riesgo de estanflación global

Para Pallardó, la consecuencia más probable de una intensificación de estas tensiones es un escenario de estanflación que supondría menos crecimiento económico y más inflación.

«El agravamiento de estos cuellos de botella es claramente negativo para la economía global y no se va a escapar nadie», afirma.

Según explica, el encarecimiento de la energía ya está afectando indirectamente a la producción de fertilizantes, lo que puede derivar en peores cosechas y alimentos más caros, especialmente en Asia y África.

«Los países más pobres son los que menos capacidad tienen para comprar aquello que escasea», recuerda. Eso podría traducirse, advierte, en hambrunas y nuevos movimientos migratorios.

La Unión Europea y el reto del multilateralismo

Ante este escenario, Pallardó considera que la única respuesta viable pasa por reforzar el multilateralismo y las instituciones internacionales, aunque admite que actualmente atraviesan una etapa de debilidad.

«Cada vez los organismos multilaterales son menos efectivos porque son menos respetados por los gobiernos nacionales», señala.

Por ello, defiende que la Unión Europea debe asumir un papel de liderazgo. «Solo una Europa unida podría atraer a una masa crítica de países dispuestos a recuperar la negociación ordenada y el respeto a las reglas internacionales», sostiene.

A su juicio, tanto China como Estados Unidos están utilizando el multilateralismo únicamente cuando beneficia a sus propios intereses. «China habla mucho de multilateralismo, pero no deja de aplicar sanciones y medidas discriminatorias», critica.

Un futuro condicionado por Ormuz

La evolución del conflicto en torno al estrecho de Ormuz será, según Pallardó, una de las claves para medir hacia dónde se dirige el orden económico internacional.

«Si finalmente se alcanza un acuerdo razonable y se normaliza el tráfico, podría marcar un punto de inflexión positivo», apunta.

Sin embargo, reconoce que las señales actuales son mayoritariamente negativas. «Vivimos en un mundo donde cada vez más países quieren imponer sus intereses por la fuerza», concluye.

Firma
Fotografía de Gemma JimenoGemma JimenoLicenciada en CC de la Información por la Universidad del País Vasco, Gemma Jimeno se incorporó a ECO3 Multimedia, S.A., en 1998 como Redactora y ha participado activamente en el desarrollo de diferentes líneas de negocio. Desde hace años desempeña las funciones de Editora de los contenidos informativos, de los diferentes productos editoriales de E3 Media.
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