35 años contando empresa: revisamos el caso Dolores Cortés
Recuperamos la entrevista que concedió Dolores Font, hija de la fundadora, y revisamos la trayectoria de la empresa familiar, desde la innovación en la posguerra hasta su consolidación actual
- Nace de una mejora funcional en los años 50: introducir hilo elástico en el bañador y adaptar la maquinaria para hacerlo posible
- La segunda generación profesionaliza la gestión, refuerza la marca y apuesta por la fabricación propia y la pasarela
En la España de los años cincuenta, los bañadores de punto dominaban las playas: pesados, poco funcionales y con tendencia a deformarse al contacto con el agua. En ese contexto, Dolores Cortés detectó una oportunidad. Desde su mercería en Villarreal introdujo hilo de goma, el mismo que se empleaba en calcetería, en el tejido del bañador para que se ajustara al cuerpo sin perder estructura.
En el 35º aniversario de Economía 3, queremos volver sobre algunas de las historias empresariales que hemos contado a lo largo de estas décadas y que, vistas con perspectiva, ayudan a entender la evolución del tejido productivo valenciano. Hace once años, en junio de 2015, esta empresa fue portada de la revista y la hija de la creadora y entonces gerente, Dolores Font Cortés, nos abrió las puertas de la fábrica y de su trayectoria personal. Hoy recuperamos aquel diálogo como parte de este especial conmemorativo.

Érase una vez: La historia de Dolores Cortés
La historia de Dolores Cortés no empieza con un plan de negocio, sino con una necesidad. En plena posguerra, Dolores Cortés no pensaba en crear una marca, sino en salir adelante. Con apenas 15 años decidió que su primera inversión sería formarse. Obtuvo el título de corte y confección y también el de mecanografía, una habilidad muy valiosa en los años 40 porque abría la puerta a trabajos administrativos y a cierta independencia económica.
No tenía máquina propia: vivía frente a un convento y, a cambio de lavar ropa, le dejaban practicar. Si no había recursos, los encontraba.
Ese mismo año murió su padre. La formación dejó de ser una aspiración personal y pasó a ser una herramienta de supervivencia. Tenía que ayudar a sostener a su madre y a su hermano menor. Empezó a dar clases de costura y mecanografía a niños del entorno. Con esos ingresos cubría gastos básicos. No era todavía una empresa; era autoempleo. Pero ya había dos elementos clave: conocimiento técnico y capacidad para generar ingresos por sí misma.
El salto llega a los 19 años. Con los ahorros de esas clases compra una máquina de coser. Es un cambio importante: deja de vender horas y empieza a tener un medio de producción propio. Puede fabricar. En paralelo, Pascual Font (quien después sería su marido) trabajaba en una mercería en Villarreal y conocía bien tejidos, hilos y qué demandaban los clientes.
A comienzos de los años cincuenta detectó un problema muy concreto: los bañadores de punto se deformaban al mojarse y tardaban en secar. Decidió incorporar hilo de goma elástica, el que se usaba en los calcetines, para que la prenda se ajustara mejor y recuperara su forma. No era una mejora estética, era funcional. El inconveniente era técnico: las máquinas no estaban preparadas para coser ese material. Ahí se produjo el verdadero salto industrial. Pascual modificó las máquinas para poder trabajar con hilo elástico. Producto y proceso cambiaron al mismo tiempo. Ya no se trataba solo de coser, sino de fabricar de otra manera.
Con el aumento de pedidos, la producción salió del ámbito doméstico y empezó a organizarse como taller. La empresa pasó después a manos de su hija, Dolores Font Cortés, que profesionalizó la gestión y consolidó la marca en el mercado nacional. Hoy el relevo lo ha tomado la tercera generación: el nieto de la fundadora ejerce como CEO. Tres generaciones que mantienen el mismo punto de partida: detectar una necesidad real y responder con trabajo, técnica y adaptación constante
La segunda generación: entre la bata y el taller

Imgen de la revista de 2015
Cuando Dolores Font Cortés crecía entre patrones y tejidos, nadie daba por hecho que acabaría dirigiendo la empresa familiar. Su vocación era otra. Estudió Medicina y ejerció durante años. Sin embargo, la empresa nunca desapareció del todo de su vida. En la entrevista que concedió a Economía 3 en 2015 recordaba: “Trabajaba con mis padres en la empresa y estudiaba al mismo tiempo”. Esa doble dedicación marcó su juventud: clases por la mañana, fábrica por la tarde.
Se especializó en Medicina Interna y abrió su propia clínica de rehabilitación en Valencia. Durante un tiempo consiguió compaginar ambas responsabilidades. Pero hubo un punto de inflexión. “Las obras en el edificio destrozaron la consulta y exigían una inversión muy grande para volver a ponerla en marcha”, explicaba. En paralelo, la empresa necesitaba más estructura y mayor implicación. La decisión no fue inmediata, pero terminó inclinándose hacia el negocio familiar. “Mi marido me convenció para dedicarme a la fábrica en exclusiva”, reconocía.
Cuando asumió responsabilidades directivas, no llegó como diseñadora, sino como organizadora. Su aportación fue poner orden. En aquella conversación insistía en dos ideas que resumen bien su enfoque: “Los procesos hay que ordenarlos” y “los procesos hay que programarlos”. La empresa que había nacido de la intuición y el empuje artesanal de su madre necesitaba método. Y eso fue lo que aportó la segunda generación: convertir una historia de talento manual en una estructura industrial preparada para competir.
Fabricación propia como ADN

Imagen de la revista de 2015
Uno de los ejes de la conversación en 2015 fue la decisión de mantener la fabricación en Villarreal. “Eso es el ADN de la empresa”, afirmaba con rotundidad. Defendía que se trataba de una compañía manufacturera intensiva en mano de obra y que el peso laboral superaba el 50 % del coste del producto.
En un contexto donde gran parte del sector había optado por la subcontratación exterior, la empresa decidió conservar talleres propios para garantizar coherencia entre diseño y ejecución. “Diseñar no es hacer un dibujo. El diseño de bañadores tiene un gran componente creativo y técnico”, señalaba. Cada modelo incorpora especificaciones detalladas: medidas por talla, materiales, fornituras y controles de proceso.
La estrategia de posicionamiento tampoco se basaba en precio bajo. “No somos una marca barata. Somos una marca con muy buena relación calidad/diseño/precio”, defendía. El objetivo era ofrecer una prenda por la que el cliente estuviera dispuesto a pagar un diferencial.
La presencia en grandes superficies como El Corte Inglés y el desarrollo de distintas líneas reforzaron esa orientación al segmento medio-alto.
El salto a la pasarela
Otro momento clave fue la incorporación del bañador al circuito de moda. En entrevistas posteriores, Dolores Font explicó que su misión era “conseguir que los bañadores se consideraran moda”. La firma fue pionera en desfilar en pasarela, incluyendo su participación en la Pasarela Gaudí.
“Fue muy difícil convencer al sector de que un bañador era tan moda como un vestido”, reconocía. La apuesta implicaba inversión y riesgo reputacional. Pero consolidó la imagen de marca como propuesta creativa estructurada.
En aquella conversación con Economía 3 insistía en una idea que hoy sigue vigente: “La moda es una idea creativa que hay que saber gestionar”. Esa combinación de inspiración y método ha guiado la evolución de la compañía.
Empresa familiar y continuidad
La gobernanza familiar ha sido un elemento central. Durante años, madre e hija trabajaron codo con codo. “Mi madre y yo íbamos al alimón”, recordaba. Con el tiempo, las responsabilidades se redefinieron, pero la fundadora mantuvo presencia activa hasta edad avanzada.
La entrada de la tercera generación supuso una nueva fase. La digitalización y el canal online se incorporaron como vectores de crecimiento. Inicialmente existían dudas: la compra de un bañador sin prueba física parecía arriesgada. Sin embargo, la fidelidad de clientela y el conocimiento del tallaje facilitaron la transición.
La prudencia financiera ha sido constante. “Somos austeros y reinvertimos”, afirmaba. La estacionalidad del negocio exige planificación anticipada y control de inventarios. El termómetro comercial sigue siendo la climatología de Semana Santa.
Recuperar historias para entender el presente
Al revisar esta trayectoria en el marco del 35º aniversario de Economía 3, no solo recordamos una portada publicada hace once años. Analizamos un caso que ilustra varias constantes del tejido empresarial valenciano: iniciativa femenina en la posguerra, consolidación industrial en los sesenta, profesionalización en los noventa y adaptación digital en el siglo XXI.
La frase que resumía su filosofía en 2015 mantiene vigencia: “Creatividad e innovación van unidas”. Y añadía otra que sintetiza la cultura interna: “En mi casa el trabajo siempre se ha considerado un privilegio”.
Celebrar 35 años contando la empresa implica detenerse en historias como esta, donde una mejora técnica aparentemente simple (introducir hilo elástico en un bañador) se transforma en ventaja competitiva sostenida durante décadas. La trayectoria de Dolores Cortés no es solo la evolución de una marca; es un espejo de la capacidad de adaptación del tejido productivo valenciano a lo largo de medio siglo.
Maria ToldràGraduada en Periodismo por la Universitat de València, está especializada en periodismo de datos tras cursar el Máster en Periodismo de Investigación, Datos y Visualización de Unidad Editorial. Ha crecido profesionalmente en El Mundo y Europa Press. Desde 2026 es redactora en Economía 3 y bucea entre cifras económicas.











