El sector privado reivindica su papel: sin empresas no hay bienestar
El Barómetro del Empresario 2026 de AVE muestra el peso decisivo del sector privado en la economía española, mientras la percepción social del compromiso empresarial se debilita y persisten barreras al emprendimiento.
El sector privado continúa siendo el principal sostén de la economía española. Esa es una de las conclusiones más claras del Barómetro del Empresario 2026 elaborado por la Asociación Valenciana de Empresarios (AVE). El informe recuerda que la actividad empresarial no solo genera empleo y riqueza, sino que también sostiene una parte esencial de la financiación del Estado y del sistema de bienestar.
En España, más del 85 % del empleo pertenece al sector privado, que también aporta cerca del 87 % del PIB y concentra casi el 89 % de la inversión total. Estas cifras refuerzan una idea que el empresariado lleva tiempo defendiendo: la economía española depende de forma estructural de la actividad empresarial.
El tejido productivo español, además, está compuesto mayoritariamente por pequeñas empresas. La práctica totalidad de las compañías son pymes y microempresas, lo que subraya el papel de la iniciativa privada como base del sistema económico. En este contexto, el crecimiento del empleo en los últimos años ha estado impulsado principalmente por el sector privado, que ha generado la mayor parte de los nuevos puestos de trabajo desde la pandemia.
Este peso económico contrasta, sin embargo, con la percepción social del empresariado, que muestra matices cada vez más complejos.
Buena imagen, menor percepción de compromiso
El Barómetro revela una paradoja relevante. La imagen del empresario sigue siendo mayoritariamente positiva, pero la percepción del compromiso empresarial se debilita.
Siete de cada diez españoles mantienen una valoración favorable del empresariado, un indicador que se ha mantenido relativamente estable en los últimos años. Sin embargo, en 2026 se observa un descenso generalizado en la valoración del compromiso empresarial en ámbitos como la innovación, el empleo, la sostenibilidad o las condiciones laborales.
Este contraste refleja una tensión entre reconocimiento económico y expectativas sociales. Por un lado, la ciudadanía identifica al empresario como un actor necesario para el crecimiento y el empleo. Por otro, aumenta la exigencia sobre su papel social.
Cuando la percepción mejora, suele vincularse al crecimiento económico y a la creación de empleo. Cuando empeora, se asocia principalmente a la idea de búsqueda de beneficio propio o a la influencia del contexto político y económico.
Esta paradoja reputacional sugiere que el empresariado mantiene legitimidad económica, pero enfrenta un desafío creciente en términos de legitimidad social.
Cultura emprendedora frente a barreras reales
Otro de los hallazgos del barómetro es el contraste entre la cultura emprendedora y las dificultades percibidas para emprender.
Una parte significativa de la población considera que España es un país emprendedor, pero la gran mayoría cree que iniciar un negocio sigue siendo complicado. La falta de capital inicial y el riesgo financiero aparecen como los principales obstáculos, junto con la preferencia por la estabilidad laboral.
Este diagnóstico refleja un ecosistema en el que la iniciativa empresarial es valorada culturalmente, pero percibida como difícil desde el punto de vista práctico. El emprendimiento continúa asociado a incertidumbre económica, financiación limitada y barreras administrativas.
Esta percepción es especialmente relevante en un contexto en el que la economía española necesita aumentar su productividad y fortalecer su tejido empresarial para competir en un entorno global cada vez más exigente.
La brecha generacional en la empresa
El informe también identifica una brecha generacional en la percepción de la empresa y del trabajo. Una mayoría de la población considera que los jóvenes empresarios tienen más dificultades para consolidarse, principalmente por la falta de experiencia y el acceso a recursos.
Al mismo tiempo, el estudio detecta diferencias generacionales en la interpretación de fenómenos laborales como el absentismo. Los jóvenes tienden a relacionarlo con cuestiones de salud mental o estrés laboral, mientras que los mayores lo vinculan con la falta de compromiso o el abuso del sistema.
Estas diferencias reflejan un cambio cultural en la relación con el trabajo y la empresa. La nueva generación de empresarios y trabajadores opera en un entorno distinto, marcado por la digitalización, la incertidumbre económica y nuevas expectativas laborales.
El resultado es un escenario en el que la empresa sigue siendo el motor económico del país, pero también un espacio donde se proyectan tensiones sociales y generacionales.
Borja RamírezGraduado en Periodismo por la Universidad de Valencia, está especializado en actualidad internacional y análisis geopolítico por la Universidad Complutense de Madrid. Ha desarrollado su carrera profesional en las ediciones web de cabeceras como Eldiario.es o El País. Desde junio de 2022 es redactor en la edición digital de Economía 3, donde compagina el análisis económico e internacional.













