Los descapotables más excitantes de 2006, veinte años después
Maria Toldrà - lectura 4 mins
¿Quién no ha soñado alguna vez con ponerse al volante de un descapotable? Melena al viento, el sol en la cara y el pie hundido en el acelerador. A comienzos de los 2000, conducir a cielo abierto no era solo un capricho, sino toda una aspiración. Se vendía como una experiencia distinta, casi sensorial, en la que la conducción dejaba de ser un simple desplazamiento para convertirse en puro disfrute. Circular con el techo bajado cambia por completo la percepción al volante. El cielo se convierte en parte del paisaje, el aire roza
