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El camino hacia la igualdad real: un camino bidireccional

Publicado el:
Presidenta
EVAP
  • El 8M es un día de reivindicación a pesar de la pandemia y sus medidas sanitarias
  • Las mujeres son las principales afectadas por la crisis del covid-19 al ocupar las posiciones laborales más precarias
  • Nuestro objetivo: la corresponsabilidad entre mujeres y hombres

El próximo 14 de marzo se cumplirá un año desde la declaración del 1er Estado de Alarma, hecho que cambio nuestras vidas y que nos ha abocado a la mayor crisis social y económica de la última década. Y es en este contexto de crisis sanitaria, social y económica que celebramos un nuevo 8 de marzo.

Un día de reivindicación a pesar de la pandemia y sus medidas sanitarias, en el que debemos alzar nuestra voz y hacernos oír más que nunca. El camino que conduce hacia la igualdad real es un camino bidireccional hacia delante con la consecución de derechos pero también hacia atrás, por lo que el riesgo de regresión es más real de lo que queremos pensar.

La sociedad española no puede confiarse, no puede presuponer que la brecha salarial continuará su tendencia descendente de los últimos años, que la brecha digital de género irá reduciéndose o que la incorporación de mujeres en puestos directivos irá incrementándose de forma natural.

Sin disponer en estos momentos de estudios científicos sobre el impacto del COVID-19, los escasos indicadores de los que disponemos –no siempre actualizados ni con la pertinente mirada de género- nos dicen que como ocurrió con la crisis económica de 2008, las mujeres son las principales afectadas al ocupar las posiciones laborales más precarias, con la consiguiente minusvaloración salarial y laboral y el mayor riesgo de despido.

Cuestiones que además afectarán a su trayectoria laboral y posteriormente a sus jubilaciones. Por eso, muchos de los avances hacia la igualdad, conquistados en las últimas décadas, podemos darlos por consolidados en el plano formal pero no en el informal.

Además resulta incuestionable que las crisis económicas afectan especialmente a las mujeres. En este contexto y con estas amenazas, debemos estar especialmente vigilantes y redoblar nuestros esfuerzos para evitar caer en falacias o falsas percepciones. Entre las cuales, me referiré de forma especial al debate que vincula el teletrabajo a la conciliación.

El teletrabajo, convendremos que es algo más que trabajar desde casa, que por cierto es lo que la mayoría hemos hecho durante la pandemia, es una forma de organización del trabajo que ha llegado para quedarse, con ventajas y desventajas, pero no válido para todos los sectores y en modo alguno la panacea a la conciliación.

Si son las mujeres las que mayoritariamente optan por el teletrabajo, como son las que mayoritariamente optan por contratos a tiempo parcial y reducciones de jornada, ello conllevará que las brechas, y en especial la salarial, no se vean reducidas sino incrementadas.

El énfasis tendremos que situarlo en porqué son ellas las que mayoritariamente optan por ello; Incluso en si más que una libre decisión es cuasi una obligación. Y si además el teletrabajo no es una opción en muchos sectores feminizados (cuidados, limpieza, comercio, etc.), las consecuencias serán doblemente excluyentes y perjudiciales.

Concluyo haciendo un llamamiento para que las pretendidas virtudes del teletrabajo no nos lleven a abandonar el que debe ser nuestro objetivo: la corresponsabilidad entre mujeres y hombres, así como una regulación del teletrabajo desde una perspectiva de género. Nosotras continuaremos trabajando, con prisa y sin pausa, en pro de la corresponsabilidad.