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Vuelta al cole

El personal de los centros educativos, sensaciones antes el arranque de curso

Dos responsables de un colegio de Catarrojan cuenta como han preparado el inicio del curso y sus impresiones ante una jornada que será diferente

Un aula de un colegio de Catarroja. | Foto: Efe

El personal educativo y trabajadores de los comedores escolares y de mantenimiento volverán mañana a las aulas tras casi seis meses de inactividad de los centros, con “ganas” pero con la incertidumbre que les genera este curso atípico, para el que aseguran se han preparado con medidas de seguridad estrictas y esperan poder alargar la presencialidad “el máximo tiempo posible“.

Verónica Ricart, de 31 años de edad y especializada en audición y lenguaje, es una de las profesoras interinas que se incorporó el pasado 1 de septiembre al claustro del colegio público Jaume I el Conqueridor de Catarroja, como tutora de una de las clases de tercero de Primaria, y ya ha mantenido reuniones por internet con las familias de sus alumnos para darles, sobre todo, un mensaje de “tranquilidad”.

“Las familias están preocupadas, tienen muchas dudas y es normal, pero tienen que saber que se han establecido medidas para el desarrollo de la forma más segura de las clases“, explica Ricart en una conversación.

La joven maestra ha ocupado una de las 4.734 plazas vacantes de los profesores extra que la Generalitat adjudicó el pasado 7 de agosto, como refuerzo en los centros educativos ante la crisis sanitaria por la covid-19, y está “encantada” de poder hacerse cargo de una clase todo el curso, ya que en los anteriores llegó a cubrir hasta dos plazas en centros diferentes el mismo año.


“El confinamiento puso en evidencia la brecha digital entre los alumnos y esperamos que el centro pueda mantener las clases presenciales el mayor tiempo posible”, señala, y es el mensaje que han trasladado a las familias.

El CEIP Jaume I de Catarroja sigue además el modelo de la “comunidad de aprendizaje”, un sistema que involucra a las familias en las actividades lectivas, que no se podrá mantener este año y ha obligado al centro a implantar un nuevo modelo educativo y preparar ya una plataforma digital ante la posibilidad de que la situación empeore y tengan que optarse por las clases virtuales.

“El confinamiento puso en evidencia la brecha digital entre los alumnos y esperamos que el centro pueda mantener las clases presenciales el mayor tiempo posible”, señala, y es el mensaje que han trasladado a las familias.

En cuanto a las medidas de seguridad, el patio del centro se ha dividido en ocho secciones, porque su superficie lo permite, para separar a los grupos, se han adaptado las clases, establecido las medidas de seguridad, higiene y distanciamiento y se ha adecuado un aula covid en caso de que se sospeche de algún caso por su sintomatología.

“Se nos ha formado e informado de los síntomas de la covid para diferenciarlos de un constipado y una madre del centro, sanitaria de profesión, nos dio también una charla“, explica Ricart, quien asegura que no afronta la situación con miedo porque “se ha hecho mucho trabajo antes” y vuelven a las aulas “con mucha energía”.


El comedor, con una capacidad para 180 comensales, se ha adecuado y solo dará servicio a 60 alumnos y se han habilitado la sala de profesores y el aula de música y gimnasia de la planta baja donde comerán el resto de estudiantes por turnos

Sabrina Martínez trabaja también en colegio Jaume I de Catarroja como encargada del comedor, cuyo equipo se ha ampliado con siete de los 3.003 nuevos monitores contratados como refuerzo pata este servicio, y ya ha establecido un reparto riguroso de tareas y medidas de seguridad a adoptar.

Martínez explica que el centro cuenta con la ventaja de que hace unos años estableció el sistema del servicio del comedor en las aulas para los niños de infantil, tras percibir que a los alumnos más pequeños el cambio de espacio y el hecho de compartirlo con los alumnos más mayores y de tener que comer en un tiempo limitado por el relevo del turno les generaba cierta ansiedad.

Se empezó con los alumnos de 3 años y ante el éxito de la medida se amplió hasta los cinco años. “Así que contamos ya con experiencia”, agradece.

El comedor, con una capacidad para 180 comensales, se ha adecuado y solo dará servicio a 60 alumnos y se han habilitado la sala de profesores y el aula de música y gimnasia de la planta baja donde comerán el resto de estudiantes por turnos. Además, cada monitor estará siempre con su grupo “burbuja”, incluso en las actividades que se realicen después o antes de comer ya que el colegio tiene jornada partida.

Martínez se muestra convencida de que es una cuestión de tiempo pero “nos acostumbraremos” a esta nueva situación. “Los primeros los niños, porque son las más concienciados y los que mejor se adaptan a los cambios”, afirma. “Volvemos con muchas ganas, optimistas y con ilusión”, asegura agradecida de volver al trabajo y de recuperar cierta “normalidad”.

coronito

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