Entrevista a Bonaventura Casanova, neurólogo de La Fe

El IIS La Fe busca un patrón para decidir cuándo administrar fármacos en COVID-19

Si descienden las citoquinas, se anticiparía una evolución positiva; si aumentan, la inflamación iría adelante, aunque la segunda parte aún no la han demostrado

Un estudio prospectivo del Instituto de Investigación Sanitaria (IIS) del Hospital La Fe busca obtener un patrón de afectación en pacientes de COVID-19 que permita decidir en qué momento administrar fármacos y cuáles utilizar. Además, este descubrimiento podría emplearse también para otros procesos infecciosos que se pueden manifestar de forma similar, según detalla el doctor Bonaventura Casanova, del Grupo de Neuroinmunología del IIS La Fe.

La investigación estudia la evolución de las sustancias (citoquinas) que pueden determinar que el pronóstico de los pacientes que sufren la COVID-19 sea bueno o malo. Se trata de una investigación multidisciplinar básica que emplea una novedosa tecnología. El objetivo último del trabajo es establecer de forma muy precoz qué pacientes van a tener un peor pronóstico, y en qué momento se deben administrar fármacos para evitarlo.

El neurólogo apunta que, “probablemente”, los pacientes que padecen COVID-19 “compartan los mecanismos patogénicos con otras enfermedades graves que desarrollan alteraciones similares”. Por ello, resalta que si obtienen un patrón de afectación en pacientes de COVID-19 permitirá decidir en qué momento administrar fármacos y cuáles utilizar, también para otros procesos infecciosos similares.


Casanova: “El objetivo era ver si alguna elevada o disminuida de forma precoz servía para predecir qué pacientes podían evolucionar de forma negativa”

“Cuando el estudio esté muy avanzado, si conseguimos acabarlo, podremos hacer recomendaciones y reproducir los resultados en centros diferentes, porque si no la ciencia no avanza”, subraya. El doctor Casanova explica que comenzaron el estudio porque, con el inicio de la pandemia, se apuntó la tormenta de citoquinas como un posible mecanismo implicado, ya que había sucedido en la SARS-CoV-1.

Por ello, con una nueva tecnología, que aumenta en 10.000 veces la capacidad de detección y análisis de sustancias que se encuentran en la sangre en concentraciones extremadamente bajas, plantearon un estudio prospectivo para estudiar nueve citoquinas en pacientes que ingresaban en la unidad de Medicina Interna y en Neumología, con los que hacían determinaciones en el momento del ingreso, a los tres días, a la semana y a los 14 días, para ver la evolución.

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Bonaventura Casanova, del Grupo de Neuroinmunología del IIS La Fe

“El objetivo era ver si alguna elevada o disminuida de forma precoz servía para predecir qué pacientes podían evolucionar de forma negativa”, detalla. Sin embargo, aunque el estudio se planteó para 78 pacientes, por realizarlo en un momento en el que no ingresaban tantos, solo reclutaron 13. Estos evolucionaron todos de forma positiva, pero “llamó la atención que los pacientes no solo no aumentaban sus citoquinas, sino que disminuían todas ellas todas ellas”, señala.

Un tiempo después, una revista científica mostró que en pacientes COVID-19 no existía tormenta de citoquinas, sino que había un síndrome inflamatorio grave, pero no distinto al de cualquier otra infección, algo que ellos demostraron con una pequeña muestra. “Esto tiene importancia, nos obliga a replantearnos los mecanismos patogénicos subyacentes a la infección por COVID-19”, precisa el neurólogo.


Casanova: “Si descienden las citoquinas, la evolución sería positiva; si aumentan, la inflamación iría adelante, pero lo último no está demostrado porque no ha ocurrido”

“Hemos visto que una de las citoquinas correlaciona muy bien con el resto, lo que hace que no haga falta estudiar tantas y sea la más informativa . La IL17 y IL2 son las más informativas para hacer análisis a más largo plazo y, con estas dos, sería suficiente para estudiar el estado inflamatorio. Si descienden, se anticipa que la evolución del paciente sería positiva y, en caso de que aumenten, la inflamación iría adelante, pero esta segunda parte no la hemos podido demostrar porque no ha ocurrido aún”, puntualiza el doctor Casanova.

En este contexto, resalta que la disminución de citoquinas estudiadas permite disminuir el coste del estudio y, si volviera a aumentar el número de contagios, seguir adelante con el estudio. “Si a finales de agosto o septiembre hubiera un número de ingresos que permitiese hacer un reclutamiento rápido, podríamos abordar el estudio”, explica, ya que ahora la mayoría de pacientes son jóvenes con poca sintomatología, por lo que la mayoría no ingresa en el hospital.

“Los criterios de selección de pacientes son amplios. Deben ingresar en la planta de medicina interna  neumología. El criterio de ingreso es porque tienen algún factor patológico asociado que hace que la enfermedad adopte visos de gravedad. Una vez ingresado, es nuestro criterio para iniciar el estudio”, detalla

Respecto a la financiación del estudio, apunta que pidieron una subvención al Instituto de Salud Carlos III para este proyecto, que fue admitida pero para una segunda fase, ya que en un primer momento centraban la financiación en ensayos clínicos. Además, han obtenido financiación de industrias farmacéuticas y están atentos a otras convocatorias, explica.

coronito

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