Revista Economía 3

Ngorongoro, cuando el paisaje es majestuoso

En la sección de Destinos, viajamos hasta el cráter más grande del mundo y considerado por algunos como la octava maravilla del mundo

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Fauna del cráter Ngorongoro. | Foto: JM Baixauli

Aquella mañana habíamos conseguido salir de Mwanza, una ciudad a orillas del lago Victoria, en Tanzania, veníamos de Rwanda, después de haber cruzado posiblemente el campo de refugiados más grande del mundo en aquellos momentos, año 96, en territorio tanzano, y un camión nos había dejado allí, no teníamos vehículo, y todo se estaba complicando por momentos.

Teníamos que seguir, debíamos llegar a Mombasa, a la costa de Kenia, así que buscamos hasta conseguir un coche y un conductor que se comprometió a llevarnos a Arusha, desde aquí podríamos pasar la frontera y entrar en Kenia, ya relativamente cerca de Mombasa.

Iniciamos el recorrido y a las tres horas estábamos en la puerta Oeste de entrada al Serengueti, el mayor parque de Tanzania, y lo cruzamos lentamente, dos días, la inmensa e interminable sabana. Una auténtica maravilla para los sentidos. Pronto empezamos a subir las laderas, poco a poco las dimensiones del paisaje se iban tornando más y más sobrecogedoras.

Nuestro coche se iba perdiendo en su inmensidad haciéndonos sentir cada vez más diminutos. La grandeza de la naturaleza más salvaje te aporta unas sensaciones únicas; simplemente en silencio, mientras el vehículo iba ascendiendo más y más, observábamos todo nuestro entorno y nos sentíamos acogidos por aquella majestuosidad, absolutamente abrumados en nuestra soledad. Sin saber lo que teníamos al final. Tal vez no saberlo fue lo más bonito.

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Vista nocturna desde el hotel. | Foto: JMB

Tras muchas horas de viaje, lento, el chofer se acercó al borde de un acantilado y salimos del coche. Aquello era un cráter impresionante, con un radio de un diámetro de unos 30 km y una altura de sus paredes del entorno de 500 m. Era la primera vez que me encontraba frente al cráter del Ngorongoro.

En las tierras altas volcánicas de Tanzania, sobre un terreno extremadamente fértil y una panorámica digna del mejor documental, se encuentra la caldera de cráter sin fisuras más grande del mundo. En mi viaje hasta aquel lugar, tras ascender las laderas del Serengueti sencillamente encontré un paisaje de película, sin esperarlo. Y allí, en la orilla del cráter, al que muchos documentales denominan la octava maravilla del mundo, se encontraba el Ngorongoro Cráter Lodge, un hotel al borde del cráter inspirado en las casas de los Masáis.
Se puede descender, hay caminos en sus laderas.

Este cráter, que algún día estuvo en erupción, hoy con el paso del tiempo se ha conseguido transformar en un universo único, un microsistema repleto de lagos, vegetación y fauna en plena libertad. Se estima que en el interior del cráter viven más de 30.000 animales salvajes: elefantes, leones, búfalos, hienas… Toda la fauna de la sabana en un espacio salvaje cerrado que muchos no dudan en calificar como la octava maravilla del mundo.


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