Entrevista a Vicent Botti, director del Instituto Valenciano de Investigación en Inteligencia Artificial (VRAIN)

Privacidad vs. Salud, el debate sobre el rastreo de personas

Las nuevas tecnologías para geolocalizar los contagios han suscitado el recelo de amplios colectivos que temen por la vulneración de la privacidad de los ciudadanos

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Vicent Botti, director del Instituto Valenciano de Investigación en Inteligencia Artificial (VRAIN). Foto: Archivo E3.

Uno de los puntos claves para combatir la pandemia del coronavirus está en definir la trazabilidad de los contagios para prevenir nuevos brotes. En esta línea, han surgido diversas aplicaciones que permiten, a través de la información de nuestros móviles, conocer la movilidad de las personas y con quién han estado en contacto, de modo que se pueden predecir futuros casos de enfermos y anticiparse a la COVID-19. Sin embargo, estas nuevas tecnologías han suscitado el recelo de amplios colectivos que temen por la vulneración de la privacidad de los ciudadanos. “Es una balanza en la que renunciamos a parte de nuestra privacidad y a cambio tenemos una serie de garantías sobre nuestra salud”, expone Vicent Botti, director del Instituto VRAIN de la UPV.

Investigadores de este instituto han desarrollado DeteCCovid, una herramienta informática basada en un algoritmo que, rastreando los móviles de forma anónima es capaz de detectar a las personas que han estado próximas a un usuario contagiado con COVID-19 y clasificar el riesgo de contagio (muy alto, alto, etc.) en función de lo cerca que haya estado y del tiempo de contacto. Por el momento, este sistema sigue a la espera de obtener la aprobación por parte del Gobierno y empezar a utilizar datos reales. El debate sobre la privacidad sigue limitando el uso de este tipo de aplicaciones ya que “falta decisión política”, lamenta Botti y asevera que “tienen miedo a la opinión pública de permitir la geolocalización”.

A nivel tecnológico, expone el director de VRAIN el debate gira en torno a la utilización de sistemas centralizados o descentralizados. En los primeros, sería una entidad, en este caso la autoridad sanitaria, la que recopilaría y tendría acceso a los datos de movilidad que registran las operadoras de telefonía móvil a través de nuestros dispositivos o mediante sistemas basados en la tecnología Bluetooth. “Con las cuatro principales operadoras de telefonía obtendríamos casi el 100 % de la movilidad de los ciudadanos con un margen de error de menos de 9 metros”, indica Botti. De este modo, cuando una persona fuera diagnosticada con coronavirus, en caso de dar su permiso, se revisarían los movimientos del enfermo para determinar con que otras personas ha podido entrar en contacto.

Para el investigador de VRAIN, este modelo sería el adecuado ya que sería la autoridad sanitaria la encargada de gestionar la información, que serviría de complemento a los métodos de trazabilidad que actualmente utilizan los centros de salud. A su vez, señala el experto en Inteligencia Artificial (IA) que la ley de protección de datos tanto española como europea es garante de los derechos de privacidad de los usuarios. “No logro entender que mientras la mayoría de nosotros ha vendido su alma al diablo al descargarse aplicaciones y permitir que accedan a nuestra localización, ahora no podamos confiar en la autoridad sanitaria para gestionar nuestros datos, cuando eso nos va a ayudar a evitar más contagios”, asevera Botti.

Añade que estos sistemas centralizados deberán ser transparentes, con códigos abiertos y se tendrán que crear comisiones para auditar el uso que hacen de los datos. “Es la única solución actual para la lucha contra la COVID-19”, apunta. Sin embargo, la centralización de los datos en una única entidad levanta temores entre la ciudadanía que “la gente teme que se utilicen de mala manera”. Ante esta disyuntiva, ha surgido un nuevo modelo basado en un sistema descentralizado para garantizar, en teoría, la privacidad de los usuarios.

En el sistema descentralizado que ha propuesto el protocolo DP-3T (‘Decentralized Privacy-Preserving Proximity Tracing’), un protocolo elaborado por más de 300 investigadores de más de 25 países distintos, las autoridades sanitarias no son capaces de identificar a los usuarios a nivel individual. Es decir, cuando un usuario da positivo en este sistema, la información se gestiona desde el móvil del usuario. Por el contrario, en un sistema centralizado existe un servidor central para las autoridades sanitarias y es desde allí donde se realiza el proceso de comparación con el resto. En los sistemas descentralizados o distribuidos “el contagiado hace que llegue a todos los demás móviles que está contagiado y la información necesaria para que los otros lo puedan comprobar”, señala Botti.

Lo que en principio podría parecer mejor de cara a salvaguardar la privacidad de las personas, apunta el experto del Instituto VRAIN que presente dos problemas. El primero es que depende de la voluntariedad de la gente para instalarse estas aplicaciones mientras que en el modelo centralizado se consultarían los datos ya existentes en las operadoras de telefonía. “Por experiencias previas, solo entre un 10-15 % de la población se instala estas aplicaciones, lo que para ayudar a prevenir la pandemia no sirve para nada”, asevera Botti. El segundo problema de los sistemas decentralizados es que “es que se presentan como garantes de la privacidad, pero en realidad no lo son tanto. Se han identificado distintos escenarios donde son vulnerables y se puede identificar a las personas”, advierte el experto de IA.

Concluye en cambio que la clave está en que se cumpla con la ley de protección de datos y que se consiga mantener, en ambos sistemas, la información de manera anónima para lo que hay que establecer modelos transparentes y seguridad para que no se pueda “desanonimizar los datos sin el consentimiento de la gente”.

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